María Elizabeth Chavez

Tribuna Invitada

Por María Elizabeth Chavez
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Pulso al agobio médico

Después de los huracanes Irma y María, en nuestra isla quedaron patentes problemáticas diversas, incluyendo algunas de las que se habla poco como ocurre con el Síndrome de Agotamiento entre la clase médica.

Aunque la problemática no surgió con la llegada de los huracanes en 2017, debido a las situaciones de precariedad que se vivieron y a las serias dificultades económicas, la situación debió haberse exacerbado considerablemente.

Es probable también que el Síndrome de Agotamiento, denominado en inglés “burnout”, pudo contribuir a la muy reseñada fuga de profesionales de la salud.

Este síndrome se estudia en los Estados Unidos y otros países de Latinoamérica y Europa hace aproximadamente 35 años. Se entiende que una multitud de factores se entrelazan para su desencadenamiento: sociales, económicos, institucionales y del sistema de salud en general, así como de índole personal y familiar.

Las estadísticas en Estados Unidos reportan índices de hasta un 50% de prevalencia de síntomas asociados y con frecuencia se relacionan altos índices de divorcio, automedicación, abuso de alcohol y otras sustancias, síntomas de depresión y ansiedad, bajos niveles de satisfacción profesional y un índice de suicidio mayor entre los médicos que el de otros grupos de profesionales.

Las consecuencias del manejo inadecuado de este trastorno pueden impactar no solo al profesional de la salud y su entorno, sino también al cuidado que recibe el paciente y a las instituciones de salud en general.

Entre otras cosas, se ha observado una disminución en la calidad del servicio, periodos más largos en el proceso de recuperación del paciente y un incremento en los errores clínicos por parte del médico. En un estudio realizado en el 2000, Kohn, Carrigan y Donaldson encontraron que en los Estados Unidos ocurrían al año cerca de 100,000 errores médicos que pudieran prevenirse.

En el 2018, la Federación de Juntas Médicas Estatales (FSMB, por sus siglas en inglés) publicó un informe ejecutivo sobre el tema y publicaron 35 recomendaciones para ser adoptadas como política pública en los Estados Unidos.

Las 35 recomendaciones incluidas en el reporte “Physician Wellness and Burnout” van dirigidas a las citadas juntas y a entidades como escuelas de medicina, asociaciones de profesionales de la salud, hospitales, clínicas, aseguradoras, proveedores de tecnología médica, agencias acreditadoras, legislaturas e incluso a los médicos en su carácter individual.

En las recomendaciones se pondera la necesidad de aumentar la concienciación sobre el problema, sus causas, consecuencias y alternativas de atención, así como reducir el estigma existente y los enfoques punitivos hacia las necesidades de atención médica y de salud mental del profesional de la salud.

Proponen definir estrategias para la educación y prevención, así como la necesidad de implementar mejores prácticas en todos los aspectos cotidianos de la vida profesional del médico, que promuevan su bienestar y le ofrezcan alternativas para la atención adecuada, oportuna y confidencial, incluyendo tratamiento médico y consejería profesional.

La FSMB parte del supuesto de que el bienestar del médico redunda en beneficio para el cuidado del paciente.

Por desgracia, en Puerto Rico no contamos con estadísticas sobre este síndrome entre nuestros médicos e instituciones médicas, aunque es evidente que hemos experimentado su impacto de alguna forma.

Entendemos que es necesario que se evalúe la aplicación de las recomendaciones de la FSMB para el beneficio de nuestra población y se realicen esfuerzos coordinados y programas de atención especializada en el tema.

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