Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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Que el pueblo decida lo trascendental

En su forma más pura, una verdadera democracia consiste en que las decisiones trascendentales que afectan a una comunidad son tomadas con la participación de todos sus integrantes.

Históricamente, el crecimiento poblacional hizo virtualmente imposible consultar a toda la comunidad. Como consecuencia, surgió el modelo de la democracia representativa, mediante la cual el pueblo elige un grupo de personas para gobernar a su nombre.

La idea detrás de la democracia representativa es que las personas electas reflejarán las visiones de la sociedad. De esa forma, si 80% de la población se opone a la pena de muerte, se supone que 80% de los representantes electos compartan dicha posición. Así, el pueblo gobierna a través de sus representantes. Pero este modelo ha sufrido de cortocircuitos. Cada vez más, el modelo se ha invertido y ahora el pueblo se ve gobernado por representantes que no reflejan sus posturas.

Cuando eso ocurre, se debilita el ideal democrático. ¿Podemos afirmar que la Asamblea Legislativa en las últimas décadas es representativa de las visiones de nuestra comunidad? Constantemente nos enfrentamos a situaciones en las que el pueblo quiere una cosa y nuestros representantes optan por otra.

En varios estados y países se han adoptado mecanismos para corregir esta anomalía. Estos incluyen los referéndums, ya sea para adoptar medidas ideadas por el pueblo o para revocar medidas aprobadas por los legisladores. Mediante los referéndums, el pueblo se gobierna a sí mismo directamente, independientemente de la voluntad de sus representantes. Las experiencias recientes de referéndums en Puerto Rico demuestran que, en muchas ocasiones, el pueblo quiere algo diferente a sus dirigentes, como ocurrió con la fianza. La tecnología abre nuevos horizontes para desarrollar estos mecanismos. ¿Qué hubiese ocurrido en 1998 cuando se vendió la Telefónica si se hubiese consultado al pueblo su parecer?

Actualmente se debaten en nuestro país un sinnúmero de asuntos de gran envergadura. ¿Queremos que continúe la Junta Fiscal? ¿Estamos de acuerdo con eliminar la Ley de Despido Injustificado? ¿Aprobamos el cierre de escuelas? ¿Nos gusta el plan fiscal acordado entre el gobierno y la Junta? ¿Favorecemos la eliminación de vacaciones y días por enfermedad en el sector privado? Ahora mismo estos asuntos están en manos de personas que no elegimos (Junta) o que, aunque electas, no parecen reflejar la voluntad mayoritaria del país (Legislatura). Tal vez, cuando se trata de asuntos tan trascendentales, lo mejor es que el pueblo decida.

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