Miguel Henrique Otero

Tribuna Invitada

Por Miguel Henrique Otero
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¿Qué está ocurriendo en los cuarteles venezolanos?

Hay sobradas razones para preguntarse qué está ocurriendo en los cuarteles venezolanos. No es necesario ser un experto en los temas militares para sumar una serie de hechos y preguntarse qué significa todo ello. Los lectores pueden buscar en la web las numerosas y constantes declaraciones del ministro de la defensa Vladimir Padrino en las que aseguraba que la unidad de la FANB era monolítica. Lo mismo repetía la exministra Carmen Meléndez. Se jactaban de ello. Alguna vez lo escribí: resultaba llamativo lo mucho que insistían en proclamar la unidad. 

Lo que muchos sospechábamos, que ese palabrerío tenía como objetivo ocultar la realidad, ha resultado cierto: desde que Maduro se hizo con el poder, las autoridades han denunciado cuatro supuestas conspiraciones. Pero, ¿han existido realmente esas conspiraciones? ¿Son invenciones o no existe la aireada unidad monolítica? ¿Está ocurriendo en la FANB que, tal como ocurre con los civiles, que a las personas que expresan su disidencia con el régimen, les inventan acciones y cargos que no han cometido?

En diciembre de 2013, en las palabras de Maduro y de Padrino López pronunciadas en el acto de salutación a las FANB de fin de año, quedó claro la fórmula del intercambio: el gobierno dotaría a las FANB de la mayor cantidad de recursos posibles y, a cambio de ello, la institución militar dejaría de serlo, para convertirse en el brazo armado del PSUV, dispuesto, al costo que fuera, a mantener al régimen en el poder.

Desde entonces, la cantidad de recursos que se han dedicado a la FANB sobrepasa cualquier intento por cuantificarlo. Se han hecho compras milmillonarias de armas y equipos. Se han creado unidades de fuerzas especiales en todo el país, las llamadas FAES, que hasta ahora han dado categóricas demostraciones de su virulencia y capacidad de asesinar, como ocurrió con Oscar Pérez y las personas que le acompañaban. La Guardia Nacional Bolivariana, a menudo en alianza con grupos paramilitares, han sido el ente protagonista de la represión a las protestas pacíficas en los años 2014, 2015, 2016, 2017 y lo que va del 2018. En las denuncias documentadas de tortura que están en manos de organismos internacionales, son centenares los casos cometidos por miembros de la FANB. Hasta ahora, unidades de ese componente en particular, han dado inequívocas demostraciones de odio por la vida y la integridad física del pueblo venezolano.

Cuando Padrino López anuncia, del modo más descarado, que los ascensos se determinan por la lealtad al régimen, y se jacta de ello, está exhibiendo una política de compra de conciencias, en el fondo, profundamente despectiva hacia los propios militares. Hay un desprecio hacia sus compañeros de armas, cuando, de forma pública, deja en claro, que el valor por el que son ascendidos no es académico, ni militar, sino por su pertenencia al partido de gobierno. Esto equivale, ni más ni menos, a la destrucción del principio de meritocracia, absolutamente vital en toda organización militar. De mantenerse este principio, los oficiales más fanáticos y embrutecidos, serán los que lleguen más alto en la estructura militar. Los represores y, sobre todo, los torturadores, serán los próximos ministros de la defensa, si esa lógica logra imponerse en la FANB.

Desde que se anunciaran los insólitos aumentos de salarios para los miembros de la FANB, se han producido numerosas reacciones en el país. Una, de parte de médicos, enfermeras, docentes, profesores universitarios, funcionarios de los distintos organismos, que, como es evidente, se preguntan por el privilegio concedido a los militares, y reclaman salarios semejantes para profesiones que, es indiscutible, son vitales para la nación. A ello hay que agregar que, de acuerdo al análisis de Transparencia Venezuela, los créditos adicionales aprobados para pagar esos aumentos sobrepasan el presupuesto del 2018. En un escenario de continuada caída de la producción petrolera, de diario empobrecimiento del país, hay que preguntarse de dónde sacarán el dinero para pagar esos salarios.

Una manera de entender que, en un año, los miembros de la FANB hayan recibido aumentos aproximados a 2 mil 400 por ciento (2400%) es que estos recursos extraordinarios han servido para pagar la lealtad al régimen causante de la mortandad y la destrucción del país. Pero hay otra lectura posible, cuya pieza fundamental es la carta de lealtad al régimen, que le han hecho firmar a los uniformados: ascensos, aumentos y carta de lealtad tienen como propósito apaciguar o superar el malestar que existe en la FANB. Quizás el quid de la cuestión es que todo este paquete de medidas tiene como propósito evitar que el malestar siga creciendo. A lo mejor, lo que está pasando, es que en las FANB el sentimiento mayoritario es que en Venezuela debe producirse un cambio político de inmediato. Lo más probable es que a la pregunta de qué está pasando en los cuarteles, la respuesta sea: lo mismo que en el resto del país. 

Porque, y esta es una materia sobre la que los lectores también podrían reflexionar: ¿aumentos, ascensos y cartas de lealtad, son instrumentos capaces de dejar atrás el malestar? Hay que preguntarse: el asesinato de Oscar Pérez y de sus acompañantes; las prácticas represivas; las prácticas de tortura; la detención de miembros de la FANB, acusados de delitos como rebelión y otros; el uso de la justicia militar para encauzar a civiles; el gasto militar exorbitante en un país en situación de hambre; los vínculos de miembros de la FANB con el narcotráfico; los delitos de corrupción que involucran a miembros de la FANB que tienen altos cargos en organismos del Estado; pero, por encima de todo esto, el hambre y la enfermedad en sus propias familias; el hambre y la enfermedad en la sociedad entera, impactando las vidas de 30 millones de personas, que ahora pueden ser 26 millones, la destrucción del país -de su infraestructura, de sus instituciones, de sus centros productivos, de su sistema educativo, de sus servicios de salud, de sus instituciones culturales, de sus redes de servicios de agua, electricidad, telefonía y más; todo este estado de cosas, ¿deja indiferentes a la mayoría de los miembros de la FANB? ¿O, por el contrario, les mantiene en estado de alerta y de permanente inquietud ciudadana? 



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