Andrés Rúa González

Tribuna Invitada

Por Andrés Rúa González
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¿Qué hacemos con toda esa madera?

Acasi un año de los huracanes Irma y María, y ya comenzada la temporada anual de estos fenómenos atmosféricos, existen aún cientos de miles de troncos de árboles amontonados en los centros de acopio temporeros alrededor de la isla. Una cantidad considerable de estos troncos pueden ser rescatados y utilizados en beneficio de la industria de la madera en Puerto Rico, precisamente, mediante la creación de un sector manufacturero de productos madereros a nivel insular.

La forma en que se llevó a cabo el acopio de material vegetativo por parte de las agencias responsables de su almacenamiento y manejo no fue la más provechosa. Es evidente que dichas agencias se concentraron solo en la trituración e incineración del material, no en su aprovechamiento práctico. Sin embargo, un país que atraviesa una crisis económica de proporciones colosales no puede permitir que la madera, uno de los recursos naturales más valiosos de esta isla, sea descartada y desperdiciada sin aprovechamiento alguno para nadie. Este hecho es obscenamente vergonzoso.

El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (Usace) tiene pautado cerrar todos los centros de acopio temporeros para el 21 de agosto de este año. Esto implica que todo el material vegetativo almacenado en dichos centros deber ser eliminado, haciendo que la opción de la incineración vuelva a aparecer como una justificación fácil e inmediata para resolver el problema.

A pesar de las disposiciones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (FEMA), persiste la posibilidad de aprovechar gran parte del material vegetativo reunido en los centros de acopio, aunque esto solo es viable si las agencias gubernamentales estatales y federales se organizan y le dan la mano a las compañías puertorriqueñas que desean hacer de esos troncos su fuente de materia prima.

Es muy lamentable que las agencias llamadas al manejo de nuestros recursos naturales (Departamento de Recursos Naturales y Ambientales; Administración de Desperdicios Sólidos; Departamento de Agricultura) prefieran pagar millones de dólares para destruir la madera de nuestros árboles caídos, en vez de pagarle a compañías puertorriqueñas dispuestas a rescatar la misma, levantando de paso nuestra industria maderera. No podemos perpetuar este error en años venideros.

Acciones sencillas como separar los troncos maderables de los que no lo son, antes de comenzar con su acopio, redundarán en el beneficio de muchos artesanos, carpinteros y empresarios interesados en comerciar con madera de calidad como la nuestra.

Lo hecho, hecho está. Pero, ¿qué haremos con las decenas de montañas de madera que se han recopilado hasta hoy? ¿Las vamos a triturar y quemar? ¿O vamos a aprovecharla para levantar una nueva industria en Puerto Rico que alimente a miles de personas?

Tenemos una oportunidad única para lograr que una gran cantidad de empresas utilicen nuestra madera borincana. Empresas nativas que nos enorgullezcan y nos brinden la oportunidad de emplearnos. El primero paso en esa dirección es auspiciar y apoyar las empresas que se están esforzando por rescatar nuestra madera insular. Madera que podemos transformar en productos para ser ofrecidos al mercado local e internacional, y que —por ejemplo— podría ayudar a que se utilicen como talleres todos esos edificios vacíos que administra la Compañía de Fomento Industrial (Pridco).

Como empresario de la naciente industria maderera puertorriqueña pido que se comience un programa de rescate de madera de manera expedita, asignándosele los recursos necesarios para ello. Nuestra responsabilidad con el país nos lleva a asumir una nueva actitud hacia la naturaleza y aprovechar lo que ella misma nos ofrece con tanta prodigalidad.

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