Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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¿Qué hemos aprendido de los perros de Pávlov?

 La mayor parte de nosotros conocemos de los famosos perros de Iván Pávlov. Este científico ruso, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1904, estaba investigando la fisiología de la salivación en los perros. Como parte de la investigación, él medía el flujo de la saliva cuando les colocaba comida en la boca. Todo iba bien hasta que un día observó que cuando él entraba a su laboratorio a darles comida, de solo verlo a él ya salivaban. Rápidamente se percató que los perros asociaban su presencia con la administración de comida. Entonces, para estudiar esto mejor, colocó una compuerta en la jaula del perro para esconder la comida y de nuevo observó que al verlo a él, los animales salivaban antes de ver la comida. Luego decidió hacer otro experimento simple: tocar una campana e inmediatamente servirles comida. Repitió esta secuencia varias veces, y luego les tocó la campana pero esta vez no les enseñó la comida. Los perros salivaban tal y como si les hubiesen enseñado la comida. Este reflejo se denominó “condicionamiento pavloviano”. El estímulo de la campana, que por sí solo no provoca una respuesta de salivación, eventualmente llegaba a provocarla debido a la asociación de ese estímulo con la comida.

¿Qué importancia tiene esto? Cuando yo vivía en Houston, un médico vietnamita entró a un ascensor en el Hospital de Veteranos y un paciente del piso de psiquiatría inmediatamente le disparó y lo mató. El paciente era veterano de la guerra de Vietnam, donde sufrió un trauma psicológico serio del cual nunca se recuperó. Al ver al médico vietnamita, el paciente tuvo un flashback a la guerra, sacó la pistola y mató al médico. Este comportamiento asociativo es lo que causa el trastorno de estrés postraumático conocido en inglés como “post traumatic stress disorder” (PTSD).

En un estudio recién publicado en la revista Nature el grupo del Dr. David Artis de la Universidad de Cornell, estudió este fenómeno y logró entenderlo mejor, elevándolo a un nivel científico jamás sospechado. En su primer experimento, él le daba un golpe doloroso en la pata a un ratón mientras tocaba un sonido. El roedor aprendió rápidamente a asociar el sonido con el dolor, estremeciéndose cada vez que escuchaba el sonido, aun sin darle el golpe. Pero lo verdaderamente fascinante es que esa respuesta asociada al sonido no necesariamente duraba para siempre, sino que se podía extinguir. Después de varias sesiones en que le tocaba el tono, pero no le administraba el golpe en la pata, los ratones eventualmente olvidaban la asociación, y el sonido ya no surtía efecto alguno. 

Este “olvido” es importante, y además, saludable. Las personas que eventualmente “olvidan” no desarrollan PTSD, pero aquellos que no olvidan desarrollan ese y otros trastornos psicológicos, como ansiedad crónica, que persisten eternamente. Naturalmente, la próxima pregunta que le surge a cualquier buen investigador es: ¿cuáles son las bases científicas o fisiológicas de este olvido? Si lográramos descifrar esto, podríamos entonces confeccionar tratamientos para estos trastornos psicológicos que pueden ser sumamente serios. Veamos los detalles. 

Primero el Dr. Artis seleccionó los ratones que habían aprendido a asociar el sonido con el dolor y que siempre se estremecían al escuchar el sonido. Entonces les administró antibióticos a la mitad de ellos para eliminarles completamente la flora intestinal (el microbiota) y a la otra mitad no le dio antibióticos. Sorprendentemente, solo los ratones con la flora intestinal normal olvidaron la asociación del sonido con el golpe en la pata. A los tres días, el ruido ya no les afectaba, mientras que los ratones tratados con antibióticos aún seguían estremeciéndose al escuchar el tono. 

Los científicos llevaron el experimento un paso más adelante: examinaron los cerebros de los ratones y estudiaron la actividad y la estructura de las neuronas cerebrales. Descubrieron que una región específica del cerebro estaba involucrada en el proceso de olvidar. Las neuronas del cerebro llamadas “excitadoras”, que están asociadas con la memoria, parecían ser clave. En los ratones tratados con antibióticos para eliminarles sus microbios intestinales, estas neuronas no lograban formar unas estructuras celulares llamadas espinas, que son las que ayudan a olvidar.

Además de estos cambios estructurales en las neuronas, el equipo de investigadores también identificó cambios sustanciales en cuatro moléculas producidas por los microbios intestinales, las cuales aumentaron en los ratones no tratados con antibióticos y que eran capaces de provocar el olvido. Estas moléculas ayudaron a mantener la integridad de esa parte del cerebro que se ocupa de olvidar el miedo. Los ratones tratados con antibióticos, deficientes en bacterias intestinales, produjeron mucho menos de estas moléculas y al parecer esto les causó un déficit en su capacidad de olvidar la asociación entre el ruido y el golpe. Dos de estos cuatro químicos están asociados con enfermedades neuropsiquiátricas como la esquizofrenia y el autismo, lo que sugiere que esta conexión cerebro-microbio puede estar involucrada en otras enfermedades mentales. Imagínense el enorme impacto en los pacientes con PTSD y con otros trastornos psiquiátricos, si se pudiera desarrollar un tratamiento usando esas moléculas como medicinas. Además, sería importante determinar si algunos microbios en específico se asocian con el proceso de olvidar. Si lográramos identificaresas bacterias causantes del PTSD, podríamos entonces intentar eliminarlas.

Aunque los psiquiatras piensan que olvidar es saludable, con el fin de prevenir el PTSD, no todo el mundo está de acuerdo. Muchos piensan que olvidar las fechorías del gobierno bajo Ricardo Rosselló y recibirlo de nuevo con los brazos abiertos, sería fatal. ¿Tendremos los puertorriqueños que tomar antibióticos para limpiar nuestros intestinos de esas bacterias causantes del olvido?

Termino esta columna con la canción “Ódiame”, popularizada por Julio Jaramillo hace varios años ya. 

“…Odio quiero más que indiferencia, porque 

el rencor hiere menos que el olvido…

Pero ten presente de acuerdo a la experiencia 

que tan solo se odia lo querido”.

Esa última línea me provoca una reflexión. ¿Será que Ricardo Rosselló iguala el repudio del pueblo con el amor? 


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