Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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¿Qué hubiera sido de Yuli Gurriel?

En el 2006, tuve la dicha de trabajar como voluntario en la edición inaugural del Clásico Mundial de Béisbol.

Son muchísimas las anécdotas de esos días en el estadio Hiram Bithorn al vivir tras bastidores lo que fue un torneo histórico. Pero una de las memorias que siempre atesoraré fue la cercanía a ese equipo de Cuba que visitó Puerto Rico.

Ese Clásico tenía la distinción de ser la primera vez que Cuba, múltiple campeón del béisbol internacional, medía fuerzas con selecciones nacionales construidas con jugadores de Grandes Ligas.

En ese equipo de Cuba había un pelotero que despuntaba entre los demás. Se trataba del infielder Yulieski Gourriel —hoy Yuli Gurriel— , quien con 21 años era la gran joya del béisbol cubano. Durante el torneo, todos los días habían rumores de una posible deserción de Gurriel.

“Parece que tal equipo le ofreció tantos millones para que se quede”, decían en los pasillos del Bithorn.

Gurriel se quedó en Cuba, hasta que en febrero de 2016, a sus 31 años, desertó tras una Serie del Caribe en República Dominicana. Poco después firmó con los Astros de Houston por cinco años y $47.5 millones.

Houston pagó esa millonada a un jugador de más de 30 años que en su vida había dado un swing en las Grandes Ligas. Pero el tiempo ha demostrado fue una sabia inversión.

Desde que debutó en el 2016 con los Astros, Gurriel tiene promedio de .293. En la temporada 2019, puso sus mejores números en cuanto a jonrones y empujadas con 31 y 104, respectivamente. En el pasado mes de junio, Gurriel cumplió 35 años.

Esos números son solo una continuación de lo que Gurriel ha hecho toda su vida, sin importar la liga donde juegue. Según la página baseballreference.com, Gurriel suma 19 temporadas en el béisbol —15 en Cuba y cuatro en Grandes Ligas— y tiene promedio vitalicio de .324. Y cabe destacar que mientras jugaba en Cuba, un acuerdo con la liga de Japón le permitió jugar allí, donde en el 2014 promedió .305 con 11 jonrones y 30 empujadas en 62 partidos.

En fin, Gurriel ha brillado donde quiera que ha agarrado un bate, haciendo valer esas altísimas expectativas que se tenían en el 2006.

Cada vez que se para en la caja de bateo en esta Serie Mundial, no puedo evitar transportarme de vuelta al 2006 y pensar qué hubiera pasado si Gurriel brincaba a las Grandes Ligas en ese entonces. ¿Estaría terminando una carrera digna del Salón de la Fama del béisbol en Cooperstown? Nunca sabremos.

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