Carlos Dalmau Ramírez

Tribuna Invitada

Por Carlos Dalmau Ramírez
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Qué implica el trumpismo para Puerto Rico

Quizás es muy temprano para comprender a cabalidad las repercusiones del trumpismo en Puerto Rico.   Sin embargo, ya hay cambios importantes en la política americana y esto incluye su postura hacia la isla.   A pesar del ingente esfuerzo de nuestro gobierno por ignorarlo, el trumpismo representa una nueva realidad para nosotros.  ¿Qué implica esto para los puertorriqueños?                                    

Por “trumpismo” me refiero al movimiento político centrado en la persona del presidente Donald Trump.  No se trata de una ideología coherente.  Se trata, más bien, de una amalgama de corte populista, que cobra fuerzas gracias a una cualidad contagiosa que explota frustraciones, miedos, sueños, y prejuicios de diversos sectores en los Estados Unidos.    El trumpismo se fortalece con el apoyo de la derecha religiosa, sectores militaristas, Wall-Street, trabajadores desplazados, y sectores blancos de clase media y baja, entre otros.   La coalición trumpista, trasciende las bases tradicionales de los partidos republicano y demócrata.  

El más autorizado portavoz del trumpismo es, por supuesto, el propio presidente.  Y ha sido precisamente él quien ha develado el cambio de política hacia Puerto Rico.  Hace un mes, Trump se convirtió en el primer presidente en la historia moderna que expresamente le cierra las puertas a la opción de estadidad para Puerto Rico.  Lo hizo, claro está, culpando a los políticos del patio, lo cuál va con su estilo de siempre culpar a otros.   Pero su declaración anti-estadista representa una nueva era en las relaciones políticas de Puerto Rico y Estados Unidos.

En otro mensaje reciente, el presidente dispara directamente contra los líderes políticos de Puerto Rico.  Trump los tacha de ineptos y deshonestos en el uso de los fondos federales para la recuperación post-María.   Cataloga la asistencia federal como “ridículamente alta” y advierte contra el uso indebido del dinero federal para el pago de la deuda pública. 

Dos cosas quedan claras.  Una, que en el futuro previsible, la estadidad, como solución a nuestros problemas, está fuera de la mesa.  Dos, que igualmente fuera de la mesa queda cualquier rescate federal para Puerto Rico.  No es momento de aferrarse a viejas ilusiones, ni de andar en negación.  Es hora de actuar racionalmente ante esta realidad. 

Algunos ponen su esperanza en el resultado de las elecciones congresionales del 6 de noviembre.  Piensan que el voto puertorriqueño servirá para ajustar cuentas con Trump y subyugar al trumpismo.  Ojo, no nos hagamos de vanas ilusiones.  Pase lo que pase, Trump le dará su “spin” al resultado y el trumpismo continuará con fuerza.  

Una respuesta al trumpismo podría ser prometedora.  Esperar menos del norte y más de nosotros.  Aprender a vivir con menos fanatismo y más excelencia.  Menos cuentos chinos y más honestidad competente en el manejo de la cosa pública.   El gran reto que tenemos los puertorriqueños es volver a aprender lo básico: a gobernarnos, a exigirnos más, a poner al país primero y a fortalecernos como pueblo.  En tiempos del trumpismo, no será nada fácil.   Aun así, voy a Puerto Rico.

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