Carmen Yulín Cruz

Tribuna Invitada

Por Carmen Yulín Cruz
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¿Qué más tiene que pasar para que despierte el boricua?

No hay espacio para interpretar lo que nos pasa: en este país mandan otros. Otros que le quitan a los que menos tienen para darle a los que más tienen. Y para cambiar esto tenemos que resistir juntos.

Tenemos que confrontar al agresor; tenemos que salir a la calle; tenemos que buscar a la diáspora; tenemos que ir a la comunidad internacional. Los Tiempos nos convocan a que juntos enfrentemos la realidad de que nos están condenando a la pobreza, a la falta de educación, a la enfermedad. Nos están convirtiendo en menos para llevarse más.

¡PUES NO! ¡Basta ya! O seguimos en el culto a la queja y con las lamentaciones en el alma o trabajamos duro para cambiar nuestra realidad. La junta es como el guapetón de barrio: la prepotencia se le sale por los poros porque se le deja hacer lo que le da la gana. Pero un día, cuando menos lo espera, alguien se le para de frente y el guapetón ante su sorpresa no puede creer la osadía de que alguien se le ocurra que le puede ganar. Y así cambia la historia en el barrio, puede que no se gane de una vez, pero el guapetón ya sabe que no puede hacer lo que le da la gana. Pero para ganarle, hay que pararse de frente, erguido y sin miedo.

¿Qué más nos van a quitar para que sintamos el llamado a levantar nuestra voz? ¿Cuánto más nos tienen que mangonear para que este país despierte? Hoy nos quitaron la comida de nuestros hijos; y sí, digo nos quitaron porque ya los estudiantes, los maestros, los enfermos, los pensionados, los policías, los comerciantes, los municipios han sentido el abuso del que puede abusar: la junta que conspira con un gobierno que un día pelea con ella y otro día se arrodilla ante ella.

Aprendamos de una vez que si le quitan a uno nos quitan a todos.

Nos quitan la educación y el retiro y el gobierno celebra el que el guapetón de barrio no le haya dado muchas veces porque después de todo "pudo haber sido peor". Y hoy ante este asalto --anunciado hasta la saciedad y acordado de antemano-- la tímida reacción de una carta no es suficiente. No es digna. 

Entonces ¿qué estamos preparados a hacer? La queja, el sentido de impotencia y el no reclamar la dignidad que nos corresponde no son opción. La única opción digna es resistir, luchar, hablarnos, ayudarnos y no cancelarnos.

Nuestra pelea no es de puertorriqueño contra puertorriqueño. Nuestra pelea es contra la junta y contra todo aquel que se preste para el despiadado juego de tratar de quitarnos la dignidad y la esperanza. Hay cientos de métodos pacíficos que podemos utilizar para desenmascarar el engaño y la burla. Actos sencillos, pequeños pero consistentes.

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