Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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Que nadie se quede atrás

Por estos días en que comienzan a llenarse los centros comerciales, después del pavo y la intervención del Negociado Federal de Investigaciones (FBI) en el Municipio de Toa Baja, mientras el gobierno entrante y saliente reparten culpas en las reuniones de transición, Puerto Rico atraviesa un nuevo umbral escondido para muchos en la niebla de la cotidianidad.

No importa los hallazgos y acusaciones en las vistas de transición, lo cierto es que el cambio de gobierno se da esta vez en un escenario sin precedentes: PROMESA y la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) sobre Puerto Rico, sumado a la incertidumbre internacional provocada por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Dentro de seis o siete semanas, la nueva administración asumirá el poder y en menos de un mes de inagurada no tendrá flujo de efectivo en caja para operar el Gobierno. Y mientras la nueva administración de Ricardo Rosselló sortea la situación, todo Puerto Rico espera señales de la Casa Blanca con respecto a la política de salud y desarrollo económico para Puerto Rico.

Error, error. Aquí ni Clinton, ni Trump nos hubiesen salvado. Quedarnos pasivamente esperando es repetir el comportamiento que nos ha llevado hasta aquí. Cierto, la JSF será un cuerpo regente de control fiscal, pero ojo con ceder y rendir terreno, y no procurar ocupar los espacios que nos tocan como individuos y organizaciones para colocar los cimientos del Puerto Rico de las próximas décadas. Un Puerto Rico que debe construirse por medio de alianzas y acuerdos.

Esas bases de país deben sostenerse en tres pilares: económico, social y ambiental. Y estos pilares están entrelazados entre sí. Así, el ajuste fiscal y el desarrollo económico que se procure para el país tiene que apoyar el desarrollo humano (disminuir en vez de ensanchar las brechas de desigualdad) y la preservación de nuestros recursos y la biodiversidad. Y corresponde a todos los sectores de nuestra sociedad velar por eso.

La JSF y la nueva administración entran en acción con una sociedad debilitada por una depresión económica, con una reducción de la población productiva del país, con unas poblaciones vulnerables como niños, madres solteras y ancianos, aun más expuestas, con un sistema de pensiones y de salud pública al borde de la quiebra, con una participación laboral en su punto más bajo y con una clase media trabajadora diezmada y agobiada.

Cualquier plan de ajuste fiscal y desarrollo económico debe atender, además, -como prioridad que garantizará esa sostenibilidad- los retos y oportunidades que supone el cambio climático. Mucho se ha comentado de las lluvias de estos días, ya tenemos el mes de noviembre más húmedo con casi el doble de lluvia. Hay que visitar las playas de Loíza y Rincón para darse cuenta que el cambio climático ya está aquí.

Dentro de par de semanas se cumple el aniversario de la firma del Plan de Uso de Terrenos. El PUT puede ser un punto de partida para delinear el desarrollo sostenible de Puerto Rico. Ese documento es resultado de más de dos décadas de trabajo y del saber acumulado de expertos de diversos sectores. Cualquier revisión que se proponga debe regirse por un proceso riguroso de consulta a científicos y otros expertos, como los que reúne el Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico. Esa organización agrupa a alrededor de 200 expertos de diversas áreas de las ciencias, la academia, los gobiernos locales, federal y estatal, al sector privado, comunidades, comunicadores y profesionales de otras ramas que han delineado unas guías de acción para la mitigación y adaptación al cambio climático, que deben ser tomadas en cuenta.

Nuestra propia sostenibilidad está en juego, y si bien es cierto que el Plan Fiscal obligará a tomar decisiones difíciles, las mismas no pueden atentar contra la seguridad de los sectores más expuestos, incluyendo nuestro entorno natural.

Diversos sectores acostumbrados a trabajar por separado, desde el privado, al académico, al sindical, al religioso, las sin fines de lucro y los medios de comunicación, deberemos aprender a articularnos y abogar todos por todos, no dejar a nadie atrás. Es urgente y es lo que nos exigen los tiempos.

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