Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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Que no cierre el semestre

Hay una dicotomía casi perversa en la decisión de un gobierno de planificar cuidadosamente la apertura de su economía y de cerrar súbitamente el semestre en medio de la crisis social más profunda que enfrentamos en nuestra historia moderna.

¿Dónde están nuestras prioridades? ¿Qué tipo de mensaje estamos enviando a nuestros estudiantes de escuela pública? ¿Qué mensaje le estamos enviando a sus maestros, a sus cuidadores, padres y tutores? ¿O es que de nada valió todo el esfuerzo del rescate del proyecto educativo después de María y los terremotos?

El secretario de Educación, Eligio Hernández, y la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez, le acaban de tirar la toalla en la cara a todas las comunidades escolares luego de un esfuerzo heroico de mantener el proyecto educativo del país vivo debajo de las carpas, en los hogares y hasta en centros de convenciones.

Aquí hay un proyecto urgente que atender, ahora. Esta es una generación de estudiantes que ya desde la pobreza y la inequidad han tenido que luchar contra el estrés tóxico de la violencia social. Han luchado contra los estragos de dos huracanes y varios terremotos. Han aprendido a ser resilientes en un mundo tenebroso lleno de amenazas que no controlan.

Pasarlos de grado y cerrar el semestre y dejarlos sin un quehacer educativo, a merced de todas las circunstancias que conocemos, les transmite un mensaje contrario a lo que se esgrime: no valen, pasen de grado y nos vemos en agosto. Resuelvan como puedan.

El gobierno tiene un presupuesto anual de más de $300 millones bajo el programa de Servicios de Alimentos a los Estudiantes. El 68% de esa partida proviene del gobierno federal, según el Presupuesto de la Niñez del Instituto de Desarrollo de la Juventud, que indica que dicho segmento tuvo una reducción de casi 6% entre 2014 y 2019. El 68% de esta población vive bajo los niveles de pobreza y la educación es la puerta que les permitiría salir de la precariedad. Para la mayoría, los comedores escolares les ofrecen la única oportunidad diaria de ingerir alimentos nutritivos.

Qué distinto hubiese sido si algunos comedores escolares se hubiesen mantenido abiertos, que las clases hubiesen continuado en carpas, en línea, en donde fuese; tal como lo hicimos tras los huracanes y los terremotos. Qué hermoso hubiera sido que las mismas comunidades escolares, maestros retirados, maestros activos, el Departamento de Salud, la Guardia Nacional, la empresa privada, las organizaciones sin fines de lucro, nos hubiésemos unido en un gran proyecto del rescate de nuestros niños, además del rescate de nuestra economía.

Si podemos abrir por sectores nuestra economía, por qué no continuar con el semestre escolar, innovando, protegiendo la salud, abriéndonos a nuestra imaginación y nuestra comunidad escolar, en vez de cerrándonos a ella. Apalancándonos más de todos los capitales comunitarios a nuestro haber. Abiertos a la posibilidad, cerrados al miedo.

En mi podcast del pasado miércoles entrevisto a Denisse Santos, presidenta del Banco de Alimentos, sobre el tema del hambre, pobreza y educación en Puerto Rico. Y en el podcast de hoy domingo entrevisto a los economistas y catedráticos de la Universidad de Puerto Rico, doctores Juan Lara y José Caraballo Cueto sobre los escenarios sociales y económicos post COVID-19.

Hay alianzas educativas como el Instituto de la Nueva Escuela y la Alianza de Educación Alternativa, además de cientos de comunidades escolares, que han demostrado que con creatividad, la innovación, imaginación, pasión y participación familiar/comunitaria el proyecto educativo de país puede y debe continuar tornándose aún más resiliente en medio de las adversidades.

El hambre de aprender, la necesidad de salir del ciclo de la dependencia, la libertad necesaria para poder optar son necesidades y derechos humanos básicos. Un país que le cierra la puerta a sus estudiantes de escuela pública se las cierra a sí mismo.

Entonces, que continúe el semestre, que no se cierre. Que continúen las actividades docentes y creativas durante todo el verano, preparando a padres, maestros y estudiantes a superar los traumas recientes. A mantener el proyecto educativo vivo, relevante y resiliente.

Todos y todas a ello.

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