Yarimar Bonilla

En Vaivén

Por Yarimar Bonilla
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¿Qué nos ofrece la estadidad en tiempos de pandemia?

Una vez más se nos exhorta a participar en el ya conocido ritual de la política boricua: el plebiscito. Pero esta vez este se realizará en circunstancias excepcionales: en medio de una pandemia. Algunos dirán que no es aconsejable invertir millones de dólares en una consulta electoral en estos momentos, que los esfuerzos deberían enfocarse en atender la crisis del COVID, en reparar los daños causados por los sismos, en terminar las investigaciones sobre los almacenes de suministros y los escándalos sobre la compra de pruebas—sin hablar de desarrollar planes para la temporada de huracanes que se aproxima, donde tendremos que preparar refugios mientras mantenemos el distanciamiento social. Todo esto parecería ser una agenda ya sobrecargada para un gobierno en crisis, pero a esto se le añadió la tarea de organizar un plebiscito, el cual conlleva a su vez desarrollar una campaña educativa sobre las opciones de estatus.

Por lo menos, en esta ocasión las opciones se reducen a una sola: la estadidad. Y en cierto modo la pandemia del Covid ofrece un contexto interesante para evaluar la misma, ya que a partir de esta crisis se ha abierto una gran serie de preguntas sobre la naturaleza y los límites del federalismo. En los meses pasados, hemos visto cómo un sinnúmero de gobernadores ha denunciado la forma en que el estado federal ha manejado la distribución de materiales de pruebas, ventiladores y equipo de protección. En lugar de crear un proceso centralizado para la compra y repartición de estos, se le requirió a los estados negociar directamente con suplidores. Muchos gobernadores se indignaron con este proceso, el cual compararon con una subasta de Ebay en la que cada estado tenía que competir con sus vecinos por equipos de primera necesidad.

Mientras los gobernadores se peleaban por ventiladores en subasta, el gobierno federal tenía almacenes llenos. Pero estas reservas no eran para los estados, declaró Jared Kushner, el yerno de Trump, “son nuestras”. Esto desató un escándalo en Estados Unidos, donde pocos habían pensado que la federación era un ente aparte de los estados, con sus propias lógicas, suministros y prioridades.

Para muchos estadounidenses, la pandemia ha sido entonces un periodo de shock y revelación. De hecho, se podría decir que el COVID ha sido su “María moment”: el instante en que se dieron cuenta de lo que realmente son, con lo que realmente pueden contar, y el lugar que ocupan en la federación. Esto ha llevado a esperanzadores momentos de solidaridad comunitaria y movimientos de apoyo mutuo, pero también ha dejado la inequidad al desnudo. Así como María nos desnudó en toda nuestra vulnerabilidad frente al mundo, Estados Unidos igualmente ha quedado desnudado: hemos visto cómo en “la nación más poderosa del mundo” las enfermeras se protegen de un virus letal con bolsas de basura.

Haciendo eco del mismo abandono que sentimos los boricuas después del paso de María, el gobernador de Connecticut respondió resignado: “We are on our own”. O sea, cada estado a su suerte. De más está decir que estados que tienen bases tributarias elevadas, como Nueva York y California, han logrado manejar este proceso con mucho más éxito que otros. Tan es así que el gobernador de California llegó a declarar que California era un “estado-nación” y que además de adquirir el equipo médico necesario también estarían en posición de exportar materiales a estados vecinos. A esto el senador Scott Weiner, también de California, añadió que “el gobierno federal ya no es un socio confiable en la prestación de atención médica, en el apoyo a los inmigrantes, en el apoyo a las personas LGBT, ni en la protección del medio ambiente, por lo que debemos forjar nuestro propio camino”.

La unión federal siempre ha tenido sus tensiones; la “unión” que se logró luego de la Guerra Civil siempre ha sido frágil y difícil de mediar. Pero en años recientes, las tensiones han estado en alza y si algo ha mostrado el COVID es que estas no se organizan necesariamente por ideología política. La llamada “soberanía estatal” se puede utilizar para legalizar la marihuana, crear programas de seguro médico y declarar “santuarios” para inmigrantes, igual que para imponer la pena de muerte, permitir la portación de armas, reducir los beneficios laborales y restringir los derechos cívicos a las parejas del mismo sexo. En este sentido, obtener “la estadidad” no nos revela mucho sobre lo que realmente significa vivir dentro de un estado, y los derechos y beneficios que esto le concede a la ciudadanía.

Además, la crisis del COVID ha demostrado la relación que existe entre la soberanía política y la soberanía económica: mientras el estado de California utiliza sus recursos para declararse nación-estado, y otros estados crean sus propias infraestructuras de pruebas y rastreos, la nación indígena navajo (a quien sí se le reconoce como nación soberana dentro del esquema federal) se ha visto diezmada por el virus sin poder ofrecerle protección apropiada a sus miembros.

Frente a todo esto, varios estados han formado alianzas, sobre todo para desarrollar estrategias de reapertura, ya que el gobierno federal ha sido inconsistente en sus recomendaciones. Los estados del este, el oeste y el centro han creado sus propias estructuras regionales, lo cual nos sugiere que quizás ni la federación ni el estado representan la unidad política más factible para el manejo de esta crisis. En Puerto Rico, igualmente hemos visto cómo los municipios han logrado crear mejores estructuras de rastreo, pruebas y atención social que el gobierno estatal—el cual ni siquiera ha podido cumplir con las misiones más básicas de sus propias agencias.

Al tomar en consideración este panorama, se podría concluir que tal vez lo que tendría más sentidoen este momento sería un proceso de participación democrática en el desarrollo de un nuevo código civil o incluso una nueva Constitución. Esto tendría un impacto mucho más concreto sobre nuestra vida cotidiana y los términos de nuestro porvenir que otro nuevo ritual de plebiscito.

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