Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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¿Qué podemos comer y qué debemos evitar para prevenir el cáncer?

Si sondeáramos a los oncólogos en Puerto Rico inquiriéndoles acerca de las preguntas que más comúnmente los pacientes les plantean, sin duda entre las primeras estarían: ¿Doctor, qué puedo comer para mejorar las probabilidades de curarme de mi cáncer? Y también: ¿Doctor, qué puedo comer para que me suban las plaquetas y los glóbulos blancos? Son preguntas razonables y comprensibles, no sorprendentes, si consideramos la frecuencia con que los medios de prensa nos bombardean exponiendo las virtudes de las dietas vegetarianas y de los productos naturales. ¿Cuánto de lo que leemos es correcto, cuánto está basado en ciencia, y cuánto en inspiración folclórica?

¿Qué es cáncer?

El cáncer no es una sola enfermedad. Es un conjunto de cientos de diferentes tumores que tienen como denominador común el daño al material genético (ADN) de las células. Este daño a los genes causa que la maquinaria normal de la célula se estropee, y esto trae como consecuencia que su comportamiento normal se pierda. En vez de esa célula averiada crecer y proliferar normalmente, tiende a proliferar de una forma diferente a las células normales del órgano donde se origina. Además de crecer más rápido, esa célula y su progenie también pueden desarrollar la capacidad de producir metástasis. Esta capacidad metastásica es lo más importante y es lo que caracteriza al cáncer. Y ¿qué es metástasis? La metástasis es la propagación de un cáncer a un órgano distinto de aquel donde se originó. Un cáncer de pulmón que se riega al hígado es un buen ejemplo de metástasis. Esto es lo que realmente amenaza la vida. Si el tumor no tuviera la capacidad de metástasis, no sería un problema porque con simplemente operar o extirpar el tumor se curarían todos los pacientes.  

Naturalmente la próxima pregunta que nos surge es: ¿cómo podemos evitar este daño al ADN y por ende evitar el cáncer? Y de ahí surgen investigaciones científicas serias para descifrar este misterio que cada día es más comprensible. De ahí también surgen las diferentes teorías acerca de la dieta achacándole efectos cancerígenos a muchos alimentos y un efecto protector a otros, pero muchas de estas conclusiones no tienen base científica. Debemos destacar, de entrada, que la mayor parte de los alimentos que consumimos tienen una relación muy tenue con el cáncer. Sin duda hay cancerígenos en el ambiente, tales como el humo del cigarrillo, que se vinculan al cáncer de pulmón, riñón y vejiga, pero en relación a los alimentos, se han escrito volúmenes indicando que ciertos nutrimentos protegen del cáncer y el mismo número de volúmenes alegando que esos mismos alimentos nos dan cáncer. Estas contradicciones se deben a que muchos de los estudios no están basados en datos científicos, mientras que otros están basados en estudios de pobre calidad. El resto están basados en pura inspiración espiritual. Y todavía nos sorprendemos del desconcierto y enredo que existe entre los no científicos y aun entre los científicos. Tan es así que un estudio reciente concluyó que 80% de los alimentos que consumimos han sido imputados de causar cáncer por lo menos en un estudio. Por varias décadas, en vez de ciencia, lo que se nos ha vendido es humo.

El peso corporal sin duda se ha asociado con la incidencia de cáncer. En cuanto a esto no hay controversia. A mayor peso, mayor riesgo de adquirir algunos tipos de cáncer como por ejemplo seno, colon, páncreas, útero (matriz) y próstata. Por tanto, aún más importante que el tipo de alimento ingerido es el mantener el peso dentro de los límites del Índice Normal de Masa Corporal que es entre 18.5-25. Existen varias calculadoras disponibles en el internet que nos permiten calcular este índice. En el enlace siguiente pueden entrar su estatura y su peso y le calcula inmediatamente su índice:

Ciertamente, es muy beneficioso evitar alimentos y bebidas que promueven el aumento de peso, tales como papas fritas, bebidas azucaradas y la comida chatarra.

La actividad física, ya sea con caminatas de 30 minutos diarios o, todavía más conveniente, con solo 10 minutos diarios en una bicicleta estacionaria, pueden ser suficiente ejercicio. Un estudio reciente indica que pedalear diez minutos en una bicicleta estacionaria, empezando a una velocidad tolerable, e intercalando periodos de pedaleo máximo de veinte segundos cada tres minutos, es tan efectivo como 45 minutos de pedaleo máximo. El ejercicio, no solo reduce el riesgo de adquirir cáncer, sino que también se ha asociado científicamente con una prolongación de la vida en pacientes con algunos tipos de cáncer como por ejemplo el cáncer de mama.

Recomendaciones sobre el consumo de carnes rojas:

Es mucho lo que se ha escrito acerca de las carnes rojas y su relación con el cáncer del colon y el recto. Es con el cáncer de colon y recto que se ha establecido una asociación, no con otros tipos de cáncer. Sin embargo, estudios científicos rigurosos han establecido que la relación entre las carnes rojas y este tumor es muy débil o inexistente.  No obstante, la situación es muy diferente con las carnes rojas procesadas cuyo riesgo está bien establecido con relación al cáncer de colon. La carne procesada es definida como cualquier tipo de carne que ha sido tratada con sal, curada, fermentada, ahumada o transformada con otros procesos para mejorar el sabor y preservar el alimento. Esto incluye tocineta, salchichas, y embutidos. A pesar de que esta asociación está establecida científicamente, no quiere decir que si comemos carne roja procesada nos va a dar cáncer de colon. Solo significa que el riesgo aumenta un poco por encima de lo usual. Por ejemplo, en Puerto Rico la incidencia anual de cáncer de colon es aproximadamente 4 casos por cada 10,000 habitantes. El comer una racióndiaria de carnes procesadas cambiaría esto a un riesgo aproximadamente 1.15 veces mayor o, en otras palabras, subiría de 4 por cada 10,000 habitantes a 4.6. Para poner esto en perspectiva, comparemos ahora estos datos con los del riesgo de fumar: La incidencia de cáncer de pulmón en no fumadores equivale a un caso por cada 10,000 habitantes mientras que en fumadores que consumen una cajetilla diaria la incidencia sube de forma impresionante a 53 casos por cada 10,000 habitantes. Lo que significa esto es que el riesgo de contraer cáncer de pulmón en estos fumadores es 53 veces más alto que en no fumadores. Si comparamos esto con el riesgo de solo 1.15 veces mayor de adquirir cáncer de colon en consumidores de carne roja procesada, vemos una diferencia muy notable. En resumen, el riesgo de la carne procesada es tenue comparado con el peligro tremendo del cigarrillo, aun sin considerar todas las demás condiciones aparte del cáncer de pulmón que este puede causar. Es por eso que no puedo aguantar mi sonrisa cuando un fumador me pregunta acerca del peligro de comer carne procesada.

No estoy diciendo que la carne procesada es segura, pero no es necesario entrar en pánico ni dejar totalmente de comerlas porque ni esto garantiza que no te de cáncer de colon, ni el comerlas de vez en cuando tampoco aumenta el riesgo de forma alarmante.

¿Cómo es posible que me diera cáncer cuando soy vegetariano y me cuido tanto?

Muchos pacientes no comprenden cómo es posible que enfermen de cáncer cuando han sido tan cuidadosos con su dieta. La contestación es que el proceso de contraer cáncer en muchos casos es equivalente a una lotería. Aunque comas una dieta vegetariana estricta, todavía te puede dar cáncer porque las células normales del cuerpo pueden adquirir mutaciones en su ADN que nada tienen que ver con la dieta ni con el medio ambiente. El comer una dieta vegetariana solo te disminuye el riesgo de cáncer mínimamente, y el comer carnes procesadas te lo aumenta muy poco. Algunos de mis pacientes ya diagnosticados con cáncer piensan que cambiar su dieta les va a ayudar a combatir el cáncer. Si en personas saludables la contribución de la dieta a evitar el cáncer es mínima, en pacientes que ya tienen cáncer es todavía menos importante. Indiscutiblemente, un cambio en la dieta en una persona que ya tiene cáncer ni va a sanar el ADN averiado ni va a revertir el cáncer. Eso no va a ocurrir y el cáncer no va a desaparecer con solo cambiar la dieta.

Pero además de las mutaciones espontáneas que ocurren en el ADN y que no se relacionan con la dieta, existen otras fuentes de cancerígenos en el medio ambiente que debemos considerar y cuyo riesgo es todavía mayor y mucho más importante que el de carne procesada. Algunos de estos son los pesticidas y herbicidas. Por ejemplo, en los campos de golf, con el fin de mantenerlos lo más verde posible, se asperja una cantidad grande de herbicidas y pesticidas. Es de conocimientoque los empleados de estos campos de golf aplican unas 1,500 libras de pesticidas al año. Personas expuestas a estos pesticidas tienen una incidencia más alta de linfomas malignos, cáncer del cerebro, pulmón y próstata comparado con la población general. Igualmente, los agricultores en EE.UU. cuando no utilizan protección al momento de regar los campos con pesticidas también tienen una incidencia más alta de linfomas. 

Las vitaminas y otros suplementos

La noción de que las vitaminas disminuyen el riesgo de cáncer por su efecto antioxidante y que ayudan a curar al paciente con cáncer es otro concepto erróneo. La industria de las vitaminas es enorme y se calcula que en EE.UU. alcanza un total de $37,000 millones anualmente, equivalente a la mitad de deuda de Puerto Rico. El mercadeo de estas sustancias es gigantesco, pero no hay prueba científica en este momento de que ninguna de las preparaciones vitamínicas en el mercado ayude para nada a evitar el cáncer. Por el contrario, hay estudios que demuestran que cuando la Vitamina A se administra en dosis altas a pacientes fumadores en vez de proteger, puede acelerar el desarrollo del cáncer de pulmón. Lo mismo se demostró con las dosis altas de Vitamina E en la prevención de cáncer de próstata: aumentó el riesgo de desarrollar cáncer de próstata. Esto no significa que debemos evitar totalmente el uso de vitaminas, pero usualmente una sola tableta de multivitaminas diariamente es todo lo que necesitamos. No existe en el mercado una multivitamina que sea superior a otra. Si se usan en las dosis recomendadas las multivitaminas no son peligrosas. Otro concepto erróneo es que la Vitamina C en dosis altas puede ser efectiva para tratar el cáncer. En este momento no hay datos científicos que hayan comprobado su eficacia en humanos. Esto no significa que en un futuro no se pueda demostrar que en un determinado tipo de cáncer este tratamiento funcione, pero en la actualidad no existe prueba científica.

Otros productos llamados suplementos naturales incluyen sustancias botánicas, ninguna de los cuales se ha probado que trabajen para evitar o tratar el cáncer ni para manejar ninguna de las complicaciones de la quimioterapia. Tampoco sirven las vitaminas o los productos naturales para subir ni las plaquetas ni los glóbulos blancos. La noción de que “si es natural no es nocivo” es incorrecta. Muchas de estas sustancias naturales pueden interferir con la quimioterapia o con otras drogas que el paciente toma.

De la misma forma, el cannabis o la marihuana medicinal no se ha probado que sea efectiva como un producto antitumoral, aunque sí ha sido efectiva en contrarrestar algunos de los efectos nocivos de la quimioterapia.

A los pacientes que ya tienen cáncer les interesa saber que comidas pueden comer y cuales deben evitar. La contestación a esta pregunta es sencilla: pueden comer prácticamente todo y pueden inclusive consumir alcohol con moderación. Lo único que es conveniente evitar durante la quimioterapia es la lechuga, porque crece en contacto con la tierra y no se puede hervir o cocinar para desinfectarla. Todos los demás vegetales que no crecen en contacto con la tierra o que tienen cáscara que se puede pelar o que se pueden cocinar, no representan problemas. No existe ninguna comida especial que se deba comer y no existe ninguna, aparte de la lechuga, que se deba evitar. El paciente en tratamiento con quimioterapia debe usar el sentido común. Si encuentra que algún alimento le altera su sistema de alguna forma, debe evitarlo.

El factor hereditario

No hemos tocado el tema importante de la genética. La mayoría de los daños al ADN que desembocan en un cáncer ocurren ya sea debido a cancerígenos o al azar como en una lotería. Pero existen casos en que el daño al ADN ya está presente en el momento que uno nace. Esto ocurre porque se puede heredar de uno de los padres un gen cuyo ADN está ya defectuoso al nacimiento. Todos nosotros heredamos unos 24,000 pares de genes de nuestros padres. En otras palabras, tenemos un par de cada uno de estos 24,000 genes para un total de 48,000 genes, la mitad de ellos provenientes de la madre y la otra mitad del padre. Aunque heredemos un gen cuyo ADN está averiado, no necesariamente nacemos con cáncer, porque existe el otro gen de ese par que funciona como una ¨goma de repuesto¨ y puede sustituir la función de su compañero. Pero con el pasar del tiempo, si el ¨gen de repuesto¨ se avería, ya sea por un cancerígeno o simplemente por azar, entonces ya ese par de genes que suprime el cáncer no puede funcionar. Como la función de ese par de genes es protegernos del cáncer, careceremos de esa protección. Se calcula que alrededor de 5-10% de los casos de cáncer tienen un componente hereditario y no importa la dieta o las precauciones que tomemos, el riesgo de cáncer en esos casos es muy grande. No obstante, dependiendo del caso y del tipo de gen defectuoso, hay medidas que se pueden tomar para disminuir el riesgo en la mayoría de los casos hereditarios. Por eso es importante identificar estos casos.

¿Hay algo que podamos hacer para evitar el cáncer?

A pesar de que el panorama que he pintado hasta ahora no parece ser muy halagador para la prevención, es importante recalcar que sí es posible reducir el riesgo sustancialmente evitando ciertos comportamientos que promueven el cáncer. Por ejemplo, evitar el humo del cigarrillo, mantener el peso normal, ejercitarnos, evitar ciertos cancerígenos como las carnes rojas procesadas, el sol, los pesticidas, herbicidas y el asbesto, así como ser moderado en la ingesta de alcohol y aumentar el consumo de frutas, vegetales y fibra, puede reducir el riesgo de cáncer por un 25%. Si juegas golf, debes tener mucho cuidado en no tocar la bola con las manos descubiertas y debes lavarte las manos al terminar. Si además de esto tomamos ciertas medidas preventivas como el "Pap smear", vacunar a nuestros niños contra el virus HPV y hacernos una colonoscopia periódicamente a partir de los 50 años, podemos reducir el riesgo de cáncer por lo menos en un 15% adicional. Si modificamos nuestro estilo de vida como señalado arriba y adoptamos estas medidas preventivas, el riesgo se puede reducir hasta en 40%.

Es importante señalar que el cáncer de colon es el segundo más común en Puerto Rico, pero muchas personas desconocen que hoy día se puede evitar casi por completo. Este cáncer tiene una fase pre maligna que consiste de pólipos benignos detectables por colonoscopia, los cuales son fácilmente extirpables en el mismo momento del procedimiento. Por eso el cáncer de colon es uno de los tumores más fáciles de prevenir. Toda persona debe hacerse la primera colonoscopia periódicamente a partir de los 50 años.

Aquellos con cáncer hereditario deben estar conscientes de que en muchos casos se puede reducir el riesgo echando mano a medidas preventivas. Por ejemplo, utilizando el historial familiar conjuntamente con otros factores, se puede calcular el riesgo de una mujer desarrollar cáncer de seno aplicando el modelo Gail disponible en internet. Para personas con un riesgo alto, se puede utilizar la prevención administrando un medicamento como el Raloxifen.

En fin, la prevención del cáncer es definitivamente una realidad, pero el panorama no es tan sencillo como decir si “comes saludable no te va a dar cáncer”. La dieta es solo una pieza de un cuadro complejo de la prevención. El tema es bastante más complicado y si piensas que estás en alto riesgo, debes ponerte en manos de un profesional experto, con interés especial en el tema de la prevención.

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