Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Querido Reintegro

¿Cómo estás mi Reinte? ¿Cuál gaveta del Departamento de Hacienda te aprisiona? ¿O todavía eres un cheque sin imprimir, un cheque nonato? ¿O serás ya un cheque anoréxico? Notificó el Departamento de Hacienda de un error matemático detectado en mi planilla. Razón por la que no recibiría un cheque de trescientos veinte dólares y sí uno de ciento setenta dólares. Rein, la soga siempre parte por lo fino.

Con los ciento cincuenta que te recortan a ti, con los ciento cincuenta que le recortan a los miles de cheques de reintegros de los ciudadanos huérfanos de pala, se completa el cheque de reintegro del “superpeje” de turno.

Ay Rein, el quince de octubre se cumplieron seis meses de esperarte. Desde entonces repito una canción que aprendí en Río de Janeiro: “Qué será de ti. Necesito saber qué es de tu vida, alguien que me cuente de tus días”. Con pasión negada al freno la canta María Bethania, de quien me hice feligrés apenas poner pie en el barrio de Copacabana, donde viví largo y tendido. Luego Danny Rivera y Roberto Carlos la ascendieron a himno nostálgico del amor que se lo traga la tierra.

Pocas oraciones suenan tan catastróficas como “se lo tragó la tierra”. Pocas como ella logran insinuar misterios que jamás se esclarecen. A la hora de explicar la inexplicable desaparición de una persona o una cosa, uno suele decir “se la tragó la tierra”.

En el bolero “Linda” tal desaparición lleva a la perplejidad. Con pasión negada al freno canta Daniel Santos: “No le ha escrito a nadie, no dejó una huella, nadie sabe de ella desde que se fue”.

Rein, qué película soberana florecería de dicho bolero. La variedad de personajes que potencian los versos: “Sabrá Dios cuántos le estarán pintando ahora pajaritos en el aire”. El tronco de personaje a que daría pie el macho sufrido a la espera del cartero todas las tardes, menos las de domingo. Y el enigma a urdirse alrededor de “Linda”, la amada tragada por la tierra.

Una tragazón que nos cuenta Pedro Flores mientras hace fulgurar la letra y la música con parigual genio. A cabalidad evidencia su genio para la melodía el “Homenaje a don Pedro Flores” que le rinden “Los violines de Marquito”. Oyendo el homenaje, rayano en el esplendor, sobrellevo tu retraso, querido Rein.

Sin el mérito vocal de María Bethania, de Danny y de Roberto, no ceso de preguntarme: “¿Qué será de ti?” Me lo pregunto y gestiono la información a que tengo derecho. Quincenalmente descubro que los números telefónicos del Departamento de Hacienda están ocupados, siempre. Quincenalmente sospecho que los empleados no dan abasto para responder a los miles de reclamantes al gobierno embrollón.

Embrollón, pero selectivo en la embrolla. ¿Se atreverán embrollarle el reintegro a un honorable o a su hijo? ¿Se atreverán embrollarle el reintegro a un recaudador del partido o a su cuñado? ¿Se atreverán embrollarle el reintegro a un mequetrefe bien apellidado?

Ay Rein, al pobre y al feo todo se le va en deseo. El mayo último hice planes con tu desembarco inminente en mi apartado de correos. Tentado por el eslogan loteril “a cualquiera le toca” le solicité un número especial a doña Esther, vendedora de ilusiones que se apuesta a la entrada del Correo de la calle Calaf.

Pensaba que el gordo me iba a tocar. Una vez te volviera dinero en efectivo compraría una dupleta al costo de doscientos dólares, más cuarenta de propina. Todavía me sobraban ochenta, según mis cuentas galanas. ¿Por qué no iba a ser yo el cualquiera a quien le toca?

Rein, no fui ese cualquiera.

De cara al sorteo extraordinario de septiembre despilfarré los ciento setenta dólares que aún no llegan. Volví a solicitarle un número especial a doña Esther. De nuevo a mi buena suerte se la tragó la tierra.

Rein, algo me dice que a ti también te tragará la tierra, si bien poco a poco, como traga la tierra movediza. Algo me dice que espere otra notificación del Departamento con el aviso de un nuevo error matemático: cuando llegues serás un chequecito de ochenta y cinco dólares. Si es que llegas. Entonces serás Re a secas.

Oye Re, la colonia borincana ha hecho metástasis. Temo que, en lo adelante, viviremos de Lisa en Lisa. Una Lisa para Hacienda, una Lisa para Salud, una Lisa para Educación. Temo, así mismo, que una Lisa de tantas te reducirá a polvo, a sombra, a humo, a R.

Sin embargo, pese a saberte anoréxico y encogido, insisto en canturrear, a grito pelado: “Ven, que el tiempo pasa y nos separa, la vida nos está dejando atrás. Yo necesito saber qué será de ti”.

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