Eduardo Lalo

Isla en su tinta

Por Eduardo Lalo
💬 0

¿Qué se destruye?

Hace unos días un hombre me comentó que la antigua casa del compositor Rafael Hernández había sido destruida y que en su lugar se ubicó el estacionamiento de una pizzería de Hato Rey. En su momento, hubo quienes intentaron que se conservara para honrar la memoria del maestro. Aparentemente la casa era bella y su reja estaba coronada por representaciones de las notas musicales.

Desconozco si la historia es precisa. Tampoco tengo por qué dudar de los recuerdos del hombre que ha sido a lo largo de su vida un aficionado a la música y, que para más señas, es mi suegro. La historia de la casa del compositor, cuya influencia llegó a ser de tal magnitud en América Latina, que los delirios de varios pueblos lo nacionalizaron espontáneamente por placer y orgullo, debe haber tenido ese desenlace harto común en nuestro país, que la llevó rápidamente, luego de la muerte de su inquilino, a su borradura de la faz de la tierra.

Las instituciones gubernamentales poco o nada habrán hecho para conservarla. Los descendientes del músico tenían que vivir y casi nunca sobran recursos. La casa se habrá puesto en venta, se habrá deteriorado y en una fecha desconocida, a golpes, se la convirtió en escombros y en su lote se regó brea para facilitar la llegada de los comensales.

En muchas ocasiones he estado en la Biblioteca José M. Lázaro de la Universidad de Puerto Rico. También, aunque menos, he pasado horas en el Archivo General frente al parque Muñoz Rivera. En estas instituciones y en otras, tanto públicas como privadas, se alberga el legado tanto material como inmaterial de nuestro pueblo. Lo material son los libros, los manuscritos, cualquier cosa que el papel o un método de grabación haya fijado. Lo inmaterial es lo que surge en nuestras mentes a partir de su contacto.

La Biblioteca y el Archivo luchan contra el tiempo. De muchas maneras intentan desacelerarlo. Los años son crueles con el papel, la tinta, los colores, las cintas de audio o vídeo. Además, simplemente por la magnitud de sus colecciones, por su naturaleza inabarcable, en la Biblioteca y el Archivo queda, mientras no se desintegre, lo desconocido. El manuscrito perdido, la foto o la carta insospechada hasta este momento; los documentos que demostrarán que lo que entendíamos de alguien o algo era incompleto o incluso falso.

Hay profesiones cuya práctica exige un compromiso desmesurado y admirable. Se dice que el médico ejerce un sacerdocio, pero el compromiso de los galenos palidece ante el de los mejores bibliotecarios y archivistas. Los primeros luchan por preservar la vida, pero los segundos practican un oficio más arduo, y trabajan para que los muertos no mueran dos veces, para que el fin corporal no se extienda a la memoria.

Entrar a la Colección Puertorriqueña de la Biblioteca Lázaro equivale a hacerlo en una sala de operaciones. Investigadores puertorriqueños y extranjeros en colaboración con profesionales, que en muchos casos laboran allí desdehace décadas con un compromiso que desdeña las jubilaciones, operan sobre el cuerpo siempre abierto de la memoria. Allí, en los innumerables libros y documentos, se encuentra el vislumbre de la reformulación de nuestra historia y de la comprensión del presente abyecto que padecemos. Allí, acaso, estén también las claves para el futuro.

Recuerdo una visita a la Sala de Libros Raros. De esta forma se denominan los volúmenes que a veces son la única o una de las pocas copias que se conocen en el mundo o un libro que algún hecho lo convierte en singular. Vi en un estante lo que supuse sería la primera edición de Paliques de Nemesio Canales. Tomé el libro y lo comprobé. Una imprenta de Ponce lo había publicado en 1915. Sin embargo el hallazgo ofrecía más: sobre la primera página, en una letra firme y atractiva, estaba la dedicatoria firmada por Canales. La fecha indicaba que había sido estampada hacía 101 años. Cerca de este libro, en la misma tablilla, tomé otro. Era el Cancionero puertorriqueño publicado en Barcelona en 1846. Tenía en mis manos uno de los primeros libros de la tradición literaria de Puerto Rico. En las guardas del volumen había varias firmas. Probablemente eran las de sus múltiples autores.

En las salas y depósitos de la Biblioteca Lázaro hay incontables tesoros como estos. Un reducido y sacrificado equipo de trabajo ha dedicado su vida profesional a archivar, catalogar, investigar y sobre todo proteger este patrimonio único. Cualquier consideración sobre los puertorriqueños y su cultura tiene que depender de este centro incomparable.

En la colonia puertorriqueña es común que las prioridades se consideren en orden inverso. Hoy leí en este diario que “La Oficina de Administración de la Fortaleza ordenó comprar en febrero pasado un vehículo blindado de $245,000 para brindarle seguridad al gobernador Ricardo Rosselló Nevares sin haberle notificado previamente de la determinación...” Lo último resulta increíble, similar a la torpeza justificadora que el presidente Trump esgrimió al alegar que se equivocó en los vocablos empleados en la conferencia de prensa con Putin en Helsinki. Lo primero –la compra del blindado–, rebasa el uso corriente del concepto de escándalo y, precipitadamente, se inclina a los de atentado y terror. El cuarto de millón de dólares, a los que aparentemente hay que añadir $6,000 para costear el traslado del vehículo al país y pasajes, hoteles y viáticos de funcionarios públicos que hace unos meses fueron a realizar la compra en Texas, equivale, si se toma en cuenta la situación del país y sus instituciones, a una suerte de terrorismo. No hay explosiones ni muertos, ni siquiera un objetivo o una causa clara. Pero el efecto es similar: una destrucción de recursos y un desdén injustificable por las necesidades de los demás. Todavía infunde más consternación la ligereza con que se gasta lo poco que poseemos y la inconsciencia cínica con que se pretende despachar el asunto.

Luego de María, los empleados de la Biblioteca Lázaro trabajaron sin descanso hasta lograr que reabriera parcialmente. Hoy varias de sus salas especializadas del segundo piso se encuentran cerradas porque hay filtraciones y se ha aguardado indefinidamente por el sellado de su techo. Supongo que el dinero no aparece o se asignó pero luego surgió un vehículo blindado que convenía comprar.

También hay delitos contra la humanidad hechos con guantes de seda. Políticas de destrucción de parte del Estado adquieren a veces el insípido y cegador nombre de “política pública”. La casa de Rafael Hernández no desapareció de un bombazo, sino que se hizo polvo con permisos de construcción y escrituras notariadas. Manejar la chequera es manejar un arma. Lo puede atestiguar cualquier corrupto que en su tiempo libre es hombre de iglesia y magnífico proveedor.

Como la Biblioteca José M. Lázaro, cientos de instituciones del país esperan su “sellado de techos”. Unas necesitan materiales y maquinarias, otras empleados y fondos. Todas luchan contra la destrucción del tiempo y de la historia. Lo mismo una biblioteca que un centro ceremonial o una escuela puede ser víctima de las acciones depredadoras de ciertos hombres. Lo que se pierde nos empobrece para siempre, porque ya no existe para los ojos y las mentes del presente ni del futuro. “Un vehículo blindado para brindarle seguridad al gobernador”. ¿Qué se destruye para sobreproteger a un solo individuo?

Otras columnas de Eduardo Lalo

sábado, 15 de septiembre de 2018

La calma chica

El escritor Eduardo Lalo expone que el bipartidismo totalitario ha causado daños incontables, pero quizá uno de los más perniciosos que ha efectuado se centra en su renuencia a reflexionar y posicionarse sobre lo que es Estados Unidos

sábado, 1 de septiembre de 2018

Puerto Muerto

El escritor Eduardo Lalo indica que el PPD y PNP ofrecen como futuro un funeral eterno en que el pueblo será inmolado para acompañar en la tumba a líderes e ideales

sábado, 18 de agosto de 2018

Las maldiciones

El escritor Eduardo Lalo expresa que la enorme masa de votantes son las víctimas que a su vez han sido diseñadas para no darse cuenta de nada o casi nada

sábado, 4 de agosto de 2018

La neolengua

El escritor Eduardo Lalo expresa que el vínculo más poderoso de Puerto Rico con Estados Unidos es la neolengua. El haber aprendido a hablarla ha llevado a los puertorriqueños a la desgracia.

💬Ver 0 comentarios