Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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¿Qué va a hacer para que nuestro planeta no muera?

El término cambio climático nació en el Siglo XIX para identificar cambios negativos en las condiciones del planeta Tierra. Es un concepto importante dentro de otro más amplio conocido como “salud ambiental”. Hombres y mujeres de ciencia estudian las formas positivas de sostenimiento de vida y, lo contrario, la pérdida de elementos esenciales que han creado serios problemas como el “efecto invernadero” y, su más grave consecuencia, el calentamiento global.

La humanidad debe tomar en serio estos asuntos; en ello se nos va la vida, literalmente. No es un problema regional sino mundial, no es invento ni cuento de miedo sino una realidad contundente. Más allá del absurdo debate sobre si existe o no el cambio climático, prevalece la discusión sobre quién, o qué, es responsable. Unos arguyen que son cambios naturales cíclicos del planeta contra los cuales no podemos hacer nada. La gran mayoría, entre ellos 91 reconocidos científicos de 40 países (del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU), afirman que el ser humano ha dañando seriamente su único hábitat viable con emisiones nocivas de desechos industriales y militares.

Los cambios son cada vez más peligrosos: deshielo de las zonas polares y glaciares, aumento en el nivel del mar, pérdida de costas por severas erosiones, veranos más largos, elevación de temperaturas promedio, huracanes de mayor intensidad, inviernos más fríos, sequías prolongadas, afinamiento de la capa de ozono, aumento del dióxido de carbono y clorofluorocarbonos en la atmósfera, entre otros.

Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) describen eventos catastróficos recientes como “desastres no naturales”; esto es que, si bien tienen forma física, su causa no responde a procesos normales de la naturaleza sino al calentamiento global provocado por los seres humanos. Si no prestamos atención a la evidencia científica y no se toman medidas mundiales de extrema urgencia y rigurosidad, el clima global llegará a un punto crítico de no retorno en el cual las condiciones de vida serán precarias o imposibles. Ni siquiera tenemos un siglo para arreglar el problema. Algunos cambios ya acontecen y otros empeorarán para el 2030.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirma consecuencias negativas en aumento de enfermedades o productos de déficits como las hambrunas o la falta de agua potable. Naciones concientes y preocupadas han organizado esfuerzos internacionales para controlar, mitigar o eliminar las fuentes tóxicas. Empero, implementar los protocolos regulatorios y restrictivos ha sido tarea difícil. Entre los mayores obstáculos que enfrentan los acuerdos y protocolos internacionales es la actitud de poca cooperación de algunos países y la soberbia de otros en la total negación.

La sorpresa más antipática ha sido el total desprecio que el presidente de Estados Unidos ha enunciado elogiando la emisión de gases por quema de carbón, reclamando el retorno de esa industria y sarcásticamente aludiendo que “un poco de calentamiento global sería bueno para Estados Unidos”. Si usted piensa que esto es chiste, o que no tiene que ver con usted, debe abrir los ojos. Esta emergencia nos dio en la cara y nos pisa el rabo hace rato. 

Dada la gravedad de la crisis, todos debemos cambiar patrones de conducta. Las macro-soluciones son responsabilidad gubernamental pero la salvación del planeta también depende de acciones individuales. “Piense en global pero actúe en local” es un buen lema para todos. Use menos el auto y enseres eléctricos, recicle, reforeste, evite productos tóxicos para el ambiente. Son cosas que podemos hacer. Confirme que sus candidatos políticos tengan propuestas sobre el asunto. No auspicie enajenados que no reconozcan la urgencia de salud ambiental.

La sabia relación de los indios con la naturaleza ya advertía el problema: “solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero”. La pregunta directa a la conciencia de todos es: ¿Qué comenzará usted a hacer hoy para que nuestro planeta no muera? 




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