Eva I. Gordián Rivera

Punto de vista

Por Eva I. Gordián Rivera
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¿Qué va a pasar el 30 de marzo?

Me hicieron la pregunta de qué pasará el 30 de marzo. ¿Volveremos a la normalidad? ¿Significa que se acaba el virus? ¿Que volvemos a irnos de compras? ¿Y los domingos de chinchorreo vuelven? 

La verdad es que no lo sabemos, pero el panorama no pinta muy agradable. Hemos visto cómo el COVID-19 se ha propagado de tal manera que llegó a ser pandemia. En Italia siguen aumentando los casos de muertes. El estar entre las edades menores de 50 años ya no representa un factor protectivo. Aunque la realidad es que nunca lo fue, siempre todos hemos estado en riesgo de contraer el virus, pero si la persona tiene una condición de salud que debilite su sistema inmunitario, tendrá síntomas secundarios con mayores complicaciones.  

Los profesionales de salud, incluyendo epidemiólogos, están haciendo todo lo que está a su alcance para continuar el monitoreo, identificación y manejo de casos. El hecho de que es un virus “nuevo” es lo que más provoca incertidumbre en la población, porque hace que se tenga más miedo a lo desconocido. Estar dos semanas en nuestros hogares representa que el virus tiene menos probabilidades de propagarse, es decir, nos separa de personas que pueden estar enfermas. La cuarentena permite separar y restringir el movimiento de las personas que fueron expuestas para saber si luego se enferman; no significa que el virus “se acabó”.  

Mi punto de vista es que esto va para largo. Como salubrista reconozco que se está haciendo todo el esfuerzo para aprender del virus, desarrollar una cura o tratamiento y cuidar de la población. Pero esto no es algo que se hace de la noche a la mañana. Gracias a la tecnología y científicos, entender el virus puede que se haga más rápido. Pero, debemos estar seguros de que quizás, aunque no podamos tener mañana la cura para este virus, contamos con los recursos necesarios para protegernos y tener un manejo de casos adecuado que nos permita controlar esta pandemia. 

La salud pública, además de ser nuestra profesión, es el compromiso que todos los puertorriqueños debemos tener y ser proactivos ante la medida de aislamiento, para evitar que esta cuarentena sea más restrictiva. Estar en cuarentena puede representar estrés, tristeza y nada más de pensar que este aislamiento dure más de lo acordado, causa ansiedad. Pero es un esfuerzo que se espera tenga un resultado positivo ante la crisis que representa esta pandemia de COVID-19. 

El deber de todos los puertorriqueños es hacer todo lo que tengan a su alcance para combatir la pandemia como el lavado de manos, distanciamiento y evitar contacto con personas enfermas. De la misma manera, estoy segura de que los profesionales en salud pública, tanto puertorriqueños como de otros países, continuarán la lucha contra las enfermedades infecciosas y crónicas para ayudar a la población a tener una mejor salud. 


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