Silverio Pérez

Punto de vista

Por Silverio Pérez
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¿Quién debe agradecerle a quién?

Las expresiones perversas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra Puerto Rico, desde la tragedia del huracán María hasta la más reciente amenaza de otro fenómeno atmosférico, demuestran, además de su desprecio a todo lo que sea hispano, un desconocimiento de nuestra historia. La responsabilidad no asumida por el gobierno de los Estados Unidos sobre los asuntos del territorio, el modelaje respecto a casos de corrupción y el aprovechamiento del poder sobre el territorio para beneficios multimillonarios de los intereses del capital estadounidense, son solo algunos puntos de la larga lista que Trump parece desconocer. Veamos.

Los primeros gobernantes que se distinguieron por serios conflictos de interés y actos de corrupción fueron precisamente estadounidenses, nombrados por presidentes de los Estados Unidos al territorio adquirido por un acto de guerra en 1898. Charles Herbert Allen, primer gobernador civil, pocos meses después de ser nombrado renunció sorpresivamente, pero no antes de conseguir infinidad de concesiones de terrenos, subsidios de contribuciones, derechos de uso de agua, facilidades de vías para trenes de carga, pre-compromisos de ventas y tarifas preferenciales para sus planes futuros. Entonces, se fue a Wall Street y fundó la American Sugar Company, que para 1907 ya era la más grande del mundo en su campo. Con estas movidas Allen se hizo multimillonario y llegó a conocerse como el Rey del Azúcar. 

El otro notorio precursor de la corrupción gubernamental lo fue Emmet Montgomery Reilly, a quien los boricuas bautizaron como Moncho Reyes, allá para el 1921. Moncho, tan pronto asumió el cargo, sustituyó funcionarios del gobierno por personas que le fueran afines a sus componendas. La corrupción que propició este individuo fue tal que tuvo que ser investigado por las autoridades locales y cuando estaba a punto de ser procesado el presidente Harding, que lo había nombrado, se lo llevó del país.

Desde 1917 los puertorriqueños han servido en guerras estadounidenses sin haber participado en las elecciones que escogieron a los que tomaron esas decisiones:  en la Primera Guerra Mundial, sobre 18,000; más de 60.000 en la Segunda, casi 70,000 en la Guerra de Corea; y cerca de 50.000 en la de Vietnam, eso sin contar los conflictos recientes. ¿Quién debe agradecerle a quién?  

Las leyes de cabotaje, aprobadas en 1920 como Ley de la Marina Mercante, que han encarecido por décadas los productos que el puertorriqueño consume, han aportado desde esa fecha miles de millones de dólares a las arcas de esas compañías estadounidenses que tienen un monopolio respecto a la transportación de productos a Puerto Rico. 

En el 2008, la economista Rosario Rivera, profesora universitaria, hizo un estudio de las aportaciones federales versus el rendimiento de capital de las empresas estadounidenses en la isla que arrojó números que proporcionalmente no han variado mucho en la década siguiente: $16,611.50 millones en fondos federales de los cuales $10,041.40 eran derechos adquiridos por Seguro Social, Medicare y Veteranos, un balance real de $6,570.10 millones. Pero el negocio del territorio arrojaba un balance positivo para el capital estadounidense de $42,489 millones, compuesto por $22,600 millones en importaciones, $1,500 millones en fletes obligados por las leyes de cabotaje, $35,000 millones de rendimiento de capital de las empresas estadounidenses establecidas en Puerto Rico menos los $16,611.50 millones brutos de dinero federal entrante. Esa relación no ha variado mucho. ¿Quién le debe agradecimiento a quién?

Pero también cabe preguntarnos ¿cuánto se nos debe por las tierras utilizadas para bases militares luego abandonadas en total estado de contaminación? ¿Cuánto por el daño de la decisión unilateral de eliminar los beneficios a las empresas 936? ¿Cuánto por usar a nuestras mujeres de conejillos de indias para la esterilización y el uso de la píldora contraceptiva, ampliamente documentado en investigaciones periodísticas? ¿Cuánto por hacer pruebas con el agente naranja en El Yunque, aceptado por el propio ejército de los Estados Unidos? 

Quiero pensar que ni la gobernadora Wanda Vázquez ni la comisionada residente en Washington, Jenniffer González tienen datos como éstos para contestarle al presidente Trump como se merece. Seguimos en espera de esa contundente contestación.


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