Laura Vélez

Punto de vista

Por Laura Vélez
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¿Quién entrevista a los maestros?

He leído sobre los estudiantes y las dificultades que enfrentan en esta situación. He visto escritos sobre los padres y la sobrecarga que presenta tener los hijos en la casa y combinar el teletrabajo con la educación de los niños. Pero poco o nada he encontrado de las trabas y montañas que hemos escalado los maestros.  

Al principio, llegó la lluvia de videos y memes alabando la labor de los maestros cuando quedó al descubierto que enseñar contenido curricular no es tan fácil como evidentemente todos creían. Nos reímos mucho y no tardaron las burlas al currículo, a las pruebas estandarizadas y a los sistemas que aseguran que no exista el maltrato del maestro hacia el estudiante. Pero ya pasadas las semanas, se acabaron el romance y las risas y se asentó la realidad de nuestra “nueva normalidad”. 

Los maestros que se fueron un viernes con la idea de que en una o dos semanas regresarían a su salón a continuar el semestre, de sopetón se enteraron que esto va para largo y posiblemente (una certeza en la mayoría, sino todas las escuelas) vamos a terminar el semestre en la modalidad de educación a distancia. Miles de maestros se han visto obligados a aprender de un día para otro a manejar la tecnología sin ningún adiestramiento, salvo el que puedan haber conseguido gratis y con suerte en línea. Miles de maestros que no contaban con equipos en sus casas, porque recuerden que nos fuimos un viernes con la idea de regresar pronto al salón, han tenido que hacer de tripas corazón. Se han inventado espacios para poder grabar, material para poder fotografiar y enviar por correos electrónicos y han rediseñado por completo la forma en la que discuten un tema o material. 

Los maestros han pasado horas buscando recursos en cientos de espacios cibernéticos para intentar cumplir con las nuevas exigencias del sistema. Por un lado, la preocupación es cumplir con el currículo y asegurar que los niños adquieran las destrezas y contenidos que sabemos van a necesitar el año siguiente. Por otro lado, la preocupación es proveer aunque sea un poco de normalidad y rutina a los más pequeños y jóvenes en un tiempo donde nadie sabe qué trae consigo el mañana. 

Los maestros nos vemos movidos a mil direcciones tratando de complacer a los administrativos, padres y estudiantes sin sacrificar del todo el ser pensante y sintiente que somos. Eso último no es algo nuevo; todo lo contrario, es uno de los mayores retos constantes de nuestra profesión. ¿Qué marca la diferencia ahora? Que cada maestro piensa y siente los retos que suponen una pandemia. Igual tenemos miedo y ansiedad de lo que afecta al resto del planeta. Igual tenemos que velar por nuestras familias, nuestros hogares, nuestros hijos. Pero debemos hacerlo sin afectar nuestro rendimiento profesional, porque estamos siendo evaluados todos los días por administrativos, padres y estudiantes.  

Nosotros también tenemos que trabajar al 200% y ayudar a nuestros hijos con sus clases. Y si piensan que esto es fácil para nosotros, la realidad es que no necesariamente. Se suponía que este tiempo de cuarentena fuera uno de aumentar la solidaridad, de llenarnos de empatía y, sin embargo, lo que hemos recibido de variedad de sectores es críticas y malos tratos. Algunos han llegado tan lejos hasta sugerir que se nos quite el salario y se les otorgue a ellos. Hace apenas algunas semanas el chiste era que merecíamos ganarnos millones por la ardua labor que realizamos. ¡Qué pronto ha cambiado el discurso! 

Sin embargo, lo que supongo que esas personas no saben es que el salario de la mayoría de los maestros posiblemente es la mitad del suyo. Tampoco saben que estamos drenados igual que ellos. Mientras que usted en su casa tiene que velar y manejar el tiempo con sus hijos, que por mucho o por menos no llegan a cinco, los maestros en promedio debemos planificar, enviar, recibir y corregir para un mínimo entre 20 y 120 estudiantes. Y sí, nosotros elegimos esa profesión, pero no escogimos la pandemia ni mucho menos la cuarentena. Créanme cuando les digo que, si algo nos ha quedado claro, es que nada va a sustituir la magia que ocurre dentro de un salón de clases.  

Si se puede defender que los maestros somos profesionales y escogimos dicha profesión, lo que nos capacita y cualifica para hacerla, mantengamos ese mismo planteamiento al considerar el esfuerzo que realizamos. No minimicen el material que están enviando y piensen que lo hacemos por vagos. Confíen en el mismo profesionalismo que nos reconocen para validar que somos los responsables de educar a sus hijos y para eso ustedes pagan.  

Nunca ha sido fácil ser maestro. En el siglo 21 suponía ya algo para valientes, pero ser maestro en el 2020 es de superhéroes.  

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