Eduardo Lalo

Isla en su tinta

Por Eduardo Lalo
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¿Quién fue Ricardo Rosselló?

Apenas un par de semanas después de su renuncia, Ricardo Rosselló se ha disuelto como dos años y medio de polvos del Sahara en un aguacero. Su memoria ha corrido por los desagües y se ha consustanciado con el olvido. En la radio y en la calle, aun entre sus correligionarios, Ricardo Rosselló ha dejado de existir y se ha convertido en “Rossellito”.

Cabe preguntar qué acarrea esta transformación de un portento en un diminutivo. El primer gobernador electo que no llega al final de su mandato se deshizo en menos de 20 días.

¿Quién fue Ricardo Rosselló? El verbo en pasado alerta sobre otros finales.

El hijo del exgobernador Pedro Rosselló tuvo poco más que el peso mítico de su apellido. Los ocho años de la gobernación de su padre constituyeron la edad de oro del usufructo del poder por el bipartidismo totalitario. Durante ese periodo la búsqueda de la estadidad se limitó como siempre a la retórica y los gestos grandilocuentes, agresivos y simbólicos. Sobre su consecución no había control ni esperanzas. Por ello la labor se concentró en la creación de una estructura partidista y gubernamental que multiplicara el poderío político y económico.

En un país en que se precipitaba entonces la desaparición de las empresas 936, que habían posibilitado la estructura económica para que Puerto Rico fungiera como una vitrina de propaganda estadounidense durante la Guerra Fría, Pedro Rosselló estrenó la gobernanza por saqueo. No solamente fueron notables sus más de 40 funcionarios sentenciados por corrupción, sino que fue responsable de la realización de inmensos proyectos gubernamentales que se financiaron con la venta del patrimonio estatal y la obtención temeraria de créditos. De esta manera, San Juan dispone del tren más caro por kilómetro de la humanidad. Para él hubo que construir los pilotes dos veces y se aumentaron sus costos y años de construcción en varias ocasiones.

El dinero corría por los despachos de las empresas constructoras, bufetes de abogados y empresarios cercanos. Se multiplicaron los “Pedros Rossellós” por el país y muchos alcaldes reprodujeron en escalas menores el entramado de cuestionables proyectos faraónicos, clientismo, malversación de fondos y venta de influencias. El PNP celebraba a todo lujo sus convenciones en grandes hoteles y se ofrecían a empresarios y profesionales, a cambio de cuantiosas donaciones al partido, puestos en las mesas de los políticos y secretarios de agencias.

Los dos cuatrienios de Rosselló padre fueron un tiempo idílico para el tipo de político prepotente y fanfarrón que se piensa inmune por tener relaciones en las tres ramas de gobierno y las agencias federales. Políticos como Jorge Santini y Thomas Rivera Schatz se desarrollaron en este ambiente. Desde entonces “meterse a la política” equivalió a hacer fortuna haciendo la ley y diseñando la trampa y, desde los comités barriales hasta el directorio del partido, se pensó la gestión pública como piratería.

Ricardo Rosselló creció en esta euforia. Su inexperiencia no fue percibida como un defecto porque su apellido auguraba el retorno de los banquetes. Aun así, para la generación de políticos que acompañó en el poder a su padre, Ricardo Rosselló tenía mucho de advenedizo. Sabían que accedía al puesto más alto sin mérito ni esfuerzo, saltando etapas. El segundo Rosselló intentó como su padre convertirse en caudillo, pero no por los careos en que se doblan brazos, sino poniéndose en manos de publicistas. Pronto su falta de poder ante los viejos chacales del partido hizo que prefiriera refugiarse en un pequeño grupo de subalternos no electos y tan poco experimentados como él, salvo por unas pocas figuras del tiempo de su padre. Para los veteranos de mil batallas intestinas en el PNP, que habían obtenido sus puestos con tesón mercenario, ese cónclave de muchachos salidos de urbanizaciones con múltiples controles de acceso era un desaire. En tiempos de Junta y bancarrota, los manjares del banquete eran limitados y la gestión con visos de corrupción se estaba dando sin arte ni maña por unos novatos que se estaban dejando crecer las barbas.

La filtración del chat, el retrato íntimo de Rosselló y su círculo, probablemente fue el resultado de estas tensiones. El reparto del botín circulaba por muy pocas manos y los riesgos recaían desproporcionadamente en algunos. Estos deben haber sido los motivos de la traición. La añoranza por la edad de oro del primer Rosselló había resultado vacua.

¿Quién fue Ricardo Rosselló? Todos lo hemos visto, pero quisiera añadir una última elaboración. Ricardo Rosselló fue el resultado icónico y acaso inevitable de esta época de bipartidismo totalitario. Hijo de uno de sus protagonistas, probablemente concibió su llegada a la gobernación como un hecho natural e interpretó también como natural para qué ésta debía ocuparse. Sin carrera, sin apenas experiencia laboral, tuvo escoltas, chóferes, vehículos blindados, viajes a eventos deportivos internacionales. La gobernación era para disfrutar privilegios y, entre estos, estaba el mayor de todos: el de poder mentir, manipular, engañar, vejar, traicionar y salirse con la suya sin que pasara nada. Su visión del poder era juvenil e ingenua y, por eso, como se desprende de lo ocurrido luego del chat, nunca pensó que los puertorriqueños lo condenáramos en cuestión de días a la ignominia, el desprecio y la burla. Ricardo Rosselló, el portento del bipartidismo totalitario, acaso marca un final de época. El diminutivo con el que se le denomina ahora es dramáticamente elocuente y salpica a muchos otros políticos. No puede doblar brazos el que no puede sostener la mirada de sus víctimas.

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