Gerardo A. Carlo-Altieri

Tribuna Invitada

Por Gerardo A. Carlo-Altieri
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¿Quién pagará el “lunch” en la AEE?

“No hay tal cosa como un almuerzo gratis”. (Milton Friedman, There’s no such thing as a free lunch, 1975).

El conocido gurú de la economía neoliberal, Milton Friedman, inmortalizó una frase atribuida al pintoresco alcalde de Nueva York de los treinta, Fiorello La Guardia, convirtiéndola en un teorema económico serio (“The free lunch myth”).

Friedman usó la frase como título para uno de sus libros, vocablo que podría aplicarse al acuerdo para negociar un “Restructuring Support Agreement” (RSA) firmado en julio 30 de 2018 entre la Junta de Supervisión (Junta) creada bajo la ley Promesa, y los bonistas “Ad Hoc” de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE).

El preacuerdo fue difundido por José Carrión III, presidente de la Junta y el gobernador Ricardo Rosselló, en un momento crítico donde los dos están perdiendo el respaldo del Congreso y la paciencia del público.

La Fortaleza apoya el acuerdo porque permite convertir a la AEE en una entidad centrada en los consumidores (“consumer centric”), con tarifas “viables” y que promueve desarrollo económico.

El acuerdo economizaría $3,000 millones en amortización de deuda a cambio de un recorte de 32% de principal a bonistas, por medio de una conversión de bonos a 5.25% con vencimiento de cuarenta años. Además, se propone un segundo bono (“growth bond”), atado a los resultados económicos.

Los críticos insisten que los clientes de la AEE pagaran más por su servicio eléctrico y que esto paralizará la economía. Además, los bonistas de la AEE, como se acostumbra en cualquier intercambio (“swap”) de deuda, pedirán que los bonos nuevos estén garantizados, que aplique la ley “amigable” del estado de Nueva York, un rendimiento superior al mercado y exención contributiva.

El gobernador pide la privatización de plantas de generación e implantación de políticas energéticas “transformativas” atrayendo inversiones privadas por medio de concesiones en los sistemas de transmisión y distribución. Pero el “rediseño” del pulpo energético consiste realmente en vender la llamada “flota de generación”.

La propuesta de RSA surge por iniciativa de la misma Junta que en 2017 rechazó el acuerdo negociado por Liza Donahue y el grupo “Ad Hoc”, y el gobernador Rosselló tiene razón al decir que el nuevo acuerdo establece una ruta útil para reajustar las deudas de otras agencias insolventes y del propio Commonwealth.

El acuerdo también concede credibilidad a una Junta bajo ataque mortal de acreedores y políticos, y cuya legalidad está pendiente de resolverse por el Tribunal de Promesa. Y, cualquier acuerdo consensual envía un mensaje de cordura a los mercados de crédito y al Congreso, cuyo liderato ha expresado su frustración por la cantidad de litigios creados por Promesa, la falta de negociación y por la politización de la AEE.

Por otro lado, el acuerdo provisional meramente obliga a negociar de“buena fe” y solo incluye a bonistas con el 32% de la deuda, ya que los poderosos suplidores de petróleo y las compañías aseguradoras no han aceptado el acuerdo.

El escollo principal para finalizar un RSA-AEE será el aumento tarifario o cargo de transacción de 2.6 hasta 4.7 c/kvh. Además, la venta de la AEE, meta común de Carrión, del congresista Rob Bishop y de Rosselló, promete incitar un grado de disturbio social nunca visto e inaceptable a los políticos del patio en años pre-eleccionarios.

No puede negarse que el Congreso podría enmendar la ley Promesa y sin duda, el desembolso de fondos federales para la reconstrucción de la AEE ($20,000 millones) está sustancialmente paralizado y en juego.

Finalmente, preocupa que la iniciativa para reestructurar las deudas de la AEE incluya la política energética fracasada del pasado basada en fuentes fósiles no renovables, costosas y dañinas al ambiente. Por ejemplo, el prestigioso Institute for Energy Economics and Financial Analysis , (Sanzillo y Kunkel) reporta, que el lobby petrolero ha convencido al Congreso de que debe mantener a la AEE dependiendo de gas natural importado y productos fósiles.

Milton Friedman, el eterno iconoclasta diría, ¿quién demonios pagará este “lunch”?

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