Félix Jiménez

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Por Félix Jiménez
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Quizás entenderás

“Entiende tu casa y entenderás el mundo”, decían nuestros antepasados, los tíos y los abuelos que comprendían o creían comprender que todo estaba a la mano, cerca, en el entorno – los mecanismos, las estrategias, las emociones, las maneras de actuar y resolver cualquier imprevisto, cualquier problema, cualquier diferendo. En ese siglo XX que algunos recuerdan con nostalgia, cerca de tu casa estaba el mundo – aunque fuera igual de ancho y ajeno - y ahí lo recibías.

Entender el mundo a través de la casa era entender sus seres y sus gestos, sus cotidianidades, y de ahí partir con esa confianza que habías construido y, pues, comerte el mundo en pedacitos, o al menos intentarlo.

Era tan tierna y tan simple esa máxima y tan incomprensible cuando se comparaba esa casa que contenía, decían ellos, todos los secretos necesarios para definir y desafiar todo lo que viniera después, con la realidad. Pero, claro, la casa que erigían como el centro de todo no contenía ese todo. No contenía ni el colegio, ni la universidad, ni el primer trabajo, ni el primer amor, ni el primer carro. No contenía tampoco la mítica casa hermosa del siglo XX esos elementos que ahora parecen esenciales – el móvil con su cámara, las redes sociales, la música desempapelada y desnudada de sus portadas y aquello llamado Internet y aquello llamado dolor.

Dolor porque en la casa de todos ahora – las redes sociales – aprendemos a decirlo todo, inmediatamente, ya sea pensado o no, y la palabra que más se queda muchas veces en la memoria es “dolor” y sus derivados.

Nos ha dolido - o hemos leído que a alguien le ha dolido o lo hemos escrito en esas redes - una multiplicidad de cosas. Nos han dolido, se ha escrito en diferentes momentos, Haití, Cataluña, Brasil, Palestina, Cuba, Venezuela, los niños retenidos en la frontera con México, los emigrantes. Según las redes, nos duele el dolor.

Y no incluía en esos tiempos pasados esa casa que enseñaba a soñar y a planear y a combatir ese dolor y esa vergüenza de algunos que dicen sentir ese dolor sin realmente sentirlo.


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