Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
💬 0

Racismo y anexionismo

Desde su nacimiento, cada ciudadano negro en Estados Unidos es un sujeto híbrido. Está amparado por derechos constitucionales, pero también entra al mundo bajo el color de una piel cuya humanidad es negada. El afroamericano habita un espacio fronterizo entre legalidad e inhumanidad. Es casi un espectro.

En un periodo de siete años (2005-2012), dos afroamericanos fueron asesinados semanalmente por algún policía blanco. Eso promedió al menos 400 asesinatos anuales. El dato revela su necrofilia cuando se agrega que el mismo sólo incluye los informes ofrecidos voluntariamente por 750 agencias de seguridad en un total de 17,000. En lógica que supura sangre, al incluir informes ahora no reportados, el número de víctimas negras, asesinadas anualmente, aumentaría dramáticamente. En la misma lógica y en un país que lo mide y contabiliza todo, el FBI ni siquiera tiene data sobre cuántos ciudadanos de minorías sucumben bajo la pólvora de la seguridad estatal.

Cada plomazo que cercena y “cadaveriza” la piel negra en el norte esparce acá esa hojarasca que es el anexionismo isleño. Después de más de un siglo de obtener la igualdad jurídica con las enmiendas decimotercera y decimocuarta en la Constitución federal, vivir en el Gulag sureño y luchar en el movimiento de derechos civiles en el pasado siglo, los 40 millones de afroamericanos han logrado 46 congresistas en la Cámara de Representantes. En el Senado, como bien corresponde a un club oligárquico, tienen dos senadores.

La sequía de representación afroamericana en el Congreso contrasta con su abundancia numérica en las cárceles estatales y federales. Según información revisada en septiembre del 2014, la población hispana (54 millones) tiene el uno por ciento de sus miembros en cárceles lo que implica 1,134 presidiarios por cada 100,000 hispanos. La población blanca tiene un 0.5% de su población (466 personas por cada 100,000 ciudadanos blancos). Los afroamericanos tienen el tres por ciento de los suyos entre cuatro paredes, lo cual equivale a 2,800 personas por cada 100,000 afroamericanos.

De los 40 millones de afroamericanos, once millones caen por debajo del umbral de pobreza. En el 2013, la riqueza promedio de los hogares de familias blancas fue trece veces mayor ($141,000) al de las familias negras ($11,000).

Para la mayoría de las comunidades negras, la representación congresional ha sido y es pura futilidad. Hablamos, pues, de un racismo que no habita la esfera de lo accidental sino de lo sistemático y de lo sistémico.

Las ramificaciones para las fantasías del sector anexionista deben estar claras. Pero el lector puede ignorar todo lo aquí dicho. Me acaban de informar que todos los habitantes de Puerto Rico son blancos.

Otras columnas de Roberto Alejandro

martes, 28 de agosto de 2018

John McCain: In Memoriam

El profesor Roberto Alejandro declara que la experiencia de guerrero llevó a McCain a la esfera pública, donde actuó con criterio independiente y sin reírle las gracias a la oscuridad de su partido

viernes, 24 de agosto de 2018

Donnie, el prestidigitador

El profesor Roberto Alejandro satiriza la situación en la Casa Blanca, después que importantes allegados al presidente han hecho alegación de culpabilidad por delitos graves y la imagen de Donald Trump parece entrar a fase crítica

💬Ver 0 comentarios