Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Rafael Rodríguez Mercado: el rey desnudo

Unas horas después de haber sido despedido como secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, con evidente amargura, se desahogó ante el psicoanalista del Siglo XXI: el Dr. Facebook. Transcribió lo que él dice fue un mensaje de solidaridad que le envió el exgobernador Ricardo Rosselló, junto a una foto de ambos.

La relación de estos dos, sabemos, es larga. Cuando era rector de Ciencias Médicas de la UPR, Rodríguez dio a Rosselló su primer empleo, como profesor, pasándole por encima para eso a candidatos con más experiencia y credenciales académicas.

Era el cuatrienio de Luis Fortuño. Rosselló regresaba tras estudiar afuera, para hacer la campaña que después lo llevó a la gobernación. Necesitaba un sustento que no le quitara mucho tiempo de la política, que era su verdadera pasión. Rodríguez Mercado se lo dio. Cuando Rosselló hubo ascendido a La Fortaleza, le pagó haciéndolo secretario de Salud.

El resto de la historia es harto conocida. Ambos fracasaron. Rosselló salió de La Fortaleza por la puerta de atrás. Rodríguez Mercado vive la ignominia de haber sido despedido en el momento crítico de la más seria amenaza de salud pública que han enfrentado Puerto Rico, y el mundo, desde la pandemia de flu de 1918.

“No hay vergüenza en la trayectoria encaminada, solo orgullo”, dijo en Facebook Rodríguez Mercado que le dijo Rosselló. Después, la muestra de que ninguno entiende lo que les pasó. “Entre otros grandes logros”, dice Rodríguez Mercado que le dijo Rosselló, el ahora exsecretario enfrentó “dos huracanes devastadores, la desestabilización del gobierno en el verano, terremotos y una pandemia”.

Tras el paso del huracán María, miles murieron, entre otras razones porque Rodríguez Mercado no supo manejar el enorme desafío que le representó al sistema de salud de todo el país la falta de electricidad. También, fue una parte esencial del esquema para tratar de ocultar cuántos de verdad murieron. Tras el terremoto, quedó claro el Departamento de Salud no había compartido con hospitales qué plan estratégico, si alguno, había para el manejo de un desastre mayor.

Resulta curioso, además, que Rosselló le haya elogiado por cómo se comportó durante el verano, cosa que surgió, sabemos, en parte por el caso de corrupción ocurrido bajo las narices del exsecretario en la Administración de Seguros de Salud (ASES).

Tanto durante el huracán como tras el terremoto, a Rodríguez Mercado apenas se le vio en público. Durante ambos eventos, tenía cómo evadir su responsabilidad y había detrás de quién ocultarse: el Departamento de Seguridad Pública. Esta vez, ya no había follaje que lo cubriera.

Cuando a finales de diciembre, un virus surgido en China empezó a activar alarmas en todo el mundo, Rodríguez Mercado no tenía dónde esconderse. Quedó a la intemperie. Vimos que, como en el clásico cuento, el rey estaba desnudo.

Los desaciertos daban vértigo.

Primero, descartó que el coronavirus pudiera llegar hasta acá, porque no hay vuelos directos desde China.

El país perdió semanas preciosas, críticas, de preparación, porque Rodríguez Mercado no quería entender la amenaza. Puerto Rico vio lo que los periodistas llevamos tiempo sufriendo: Rodríguez Mercado es un pésimo comunicador, una de las funciones esenciales de un secretario de Salud.

Cuando llegó el primer caso sospechoso, la turista italiana, dijo en todas las esquinas en que se paró en Puerto Rico, con una seguridad que daba miedo, que la mujer no tenía un cuadro de coronavirus.

Cometió lo que algunos médicos consideran una falta ética al decir que la turista italiana lo que tenía era pulmonía bacteriana, “diagnosticó” a un paciente que él no había atendido. Al otro paciente, el hombre de 71 años, no quería hacerle la prueba de coronavirus hasta que el caso se difundió en la prensa de EE.U.U.

Mientras Rodríguez Mercado seguía negándose a reconocer que el coronavirus podía estar aquí, a pesar de su temerario vaticinio de que nunca llegaría, cometió una tremenda irresponsabilidad: con la comunidad médica en el mundo recomendando limitar al mínimo las reuniones públicas, el martes citó a cientos de profesionales de la salud a un salón cerrado en el Centro de Convenciones para empezar a adiestrarlos sobre la amenaza. Algún día quizás sabremos cuántos se infectaron ese día.

Las arrojadas e insensatas acciones de Rodríguez Mercado puede que terminen costando muchas vidas. Mientras él se dedicaba a minimizar la amenaza cada vez que hablaba en público, retrasando así la muy necesaria respuesta pública a la amenaza, el virus se metía a Puerto Rico y ha andado por ahí sin ser detectado quién sabe por cuánto tiempo.

Gracias a que él no quiso entender la amenaza, no tuvimos antes un sistema de vigilancia que, por ejemplo, impidiera que se bajaran en el Viejo San Juan más de 1,000 turistas que andaban de crucero con la turista italiana y que el domingo pasado inundaron la antigua ciudad, mientras algunos se fueron de gira para El Yunque. Todos los que estuvieron en contacto con esos turistas tienen hoy razones para estar preocupados.

Si en las próximas semanas el coronavirus se convierte en un problema mayor en Puerto Rico como lo es hoy, por ejemplo, en Italia, cuyos líderes, en principio, no querían, como nuestro secretario de Salud, entender que la cosa era seria, va a ser responsabilidad mayormente de las inconscientes actuaciones de Rafael Rodríguez Mercado.

Mucha gente se pregunta cómo alguien tan evidentemente incapaz para sus funciones ministeriales, y habiendo fracaso de manera tan estrepitosa durante el huracán, pudo sobrevivir por tres años en el puesto. ¿Por qué -se pregunta la gente- tuvimos que esperar a tener encima a la pandemia más grande del último siglo, cuando puede que sea un poco tarde para actuar, para salir de Rodríguez Mercado?

La respuesta está en uno de los más viejos y peores males de la política en Puerto Rico: a la gente no se le nombra por sus méritos, sino por otras razones. No se le piden resultados, sino lealtad política.

Rodríguez Mercado llegó a secretario de Salud solo porque Rosselló le debía el favor de haberle dado su primer empleo. Es, además, un fiel militante del Partido Nuevo Progresista (PNP) que también le abrió de par en par las puertas del Departamento de Salud a los cabilderos y contratistas que sostenían las campañas políticas de Rosselló, dos de los cuales esperan hoy juicio por corrupción.

La gobernadora Wanda Vázquez, mientras tanto, lo dejó en su puesto porque, según dicen, le tiene aprecio personal, amén de que sabe que, en estos tiempos, va a ser muy difícil encontrar quién se quiera hacer cargo del Departamento de Salud con una pandemia que está haciendo estragos en todo el mundo ya encima.

Por eso Rodríguez Mercado se fue sin vergüenza. Él, como tantos otros, no vino a darle ningún servicio al país. Vino a servirle al partido y a pagar favores. En eso, nadie puede negarlo, su desempeño fue impecable.

Por eso el “gracias por tu sacrificio, compromiso y amistad” que le dedicó Rosselló. Se merecían el uno al otro. Puerto Rico, sin embargo, no merecía a ninguno de los dos.

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