Brian Afanador

Punto de vista

Por Brian Afanador
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Raquetazos por Puerto Rico

Desde mis 9 años no he conocido otra cosa que una mesa de tenis. Mis siete días de la semana han girado sobre ese escenario deportivo, el que me ha permitido todo lo que soy y ha sentado la base de lo que seré. Al entrar a mi casa en Utuado y ver la sala llena de recortes de periódicos y recuerdos, me doy cuenta de que mi vida entera ha sido satélite de una malla.

Reconocerlo me genera orgullo. Pero también, algo de nostalgia. Escucho anécdotas de amigos y sus fines de semanas en Culebra, en un río, en una playa y sin duda es tentador tener la posibilidad de esos ratitos. Pero cuando el enfoque de la vida es otro, vale la pena cualquier sacrificio. En ese sentido, mi aspiración de estar competitivamente al más alto nivel mundial requiere alejarme de cualquier distracción. No hay duda de que al levantarme un sábado veo una toalla, unos cortos y quisiera llamar amigos para decirles: “vamos para la Poza del Obispo” (playa famosa en Arecibo) o para el Charco la Olla (río de nuestro Utuado) e irme de paseo una semana entera, sin mayor responsabilidad que disfrutar cada momento. Pero veo una raqueta y es suficiente para reconocer mi ruta correcta.

Ahí la vida me cambia por completo y la adrenalina de poder seguir aspirando a más en este deporte me proporciona la misma felicidad que me ofrecerían un chapuzón de agua salada o dulce. La diferencia es que el tenis de mesa me ofrece recompensa y me ofrece futuro. Ese es el enfoque de un atleta de alto rendimiento. Saber que la disciplina sustituye toda atención en otras acciones que no sean el deporte elegido. Ya habrá tiempo para otras cosas. Darlo todo por lo que se quiere exige grandes sacrificios, pero también enormes posibilidades, entre las que está saber que cuando mires atrás no habrá arrepentimiento por no haber hecho lo suficiente.

Mientras la vida me lo permita y mi habilidad dé espacio para seguir creciendo, seguiré llenando mis instantes de raquetazos por mi país, por Utuado, por mi familia y, sobre todo, por mí. Ilusiónate con alguna pasión y da el todo por ella, aunque tengamos que dejar de lado muchas veces el más tentador jangueo por lograr alcanzar un sueño. Apostemos a nosotros, pero siempre, echando el resto.


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