Cartas de Lectores

Tribuna Invitada

Por Cartas de Lectores
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Reacciones a columna de Wilda Rodríguez

Los siguientes escritos reaccionan a la columna de Wilda Rodríguez publicada el 8 de enero de 2018. El Nuevo Día reitera que de ninguna manera se solidariza con contenidos que puedan interpretarse como antisemitas o discriminatorios por motivo de raza, género o religión.

Por Rabbi Norman Patz, Lic. Diego Mendelbaum, Community Director, Templo Beth Shalom de Puerto Rico, Jewish Community Center of Puerto Rico, Shaare Zedeck Synagogue. Rabbi Mendel Zarchi de Chabad Puerto Rico también está de acuerdo con el espíritu y el contenido de esta carta: El artículo de Wilda Rodríguez y las “notas aclaratorias” subsiguientes -de ella y del periódico- ameritan respuesta. Es lamentable que esta corrosiva pieza de odio se le haya escapado al editor. El artículo al igual que las apologías hicieron mucho más que provocar “una reacción anímica de algunos”. Es libelo grupal, puro antisemitismo disfrazado como angustiado reclamo a nombre de Puerto Rico. En lugar de ayudar, nos lastima a todos.

Seamos claros: No existe tal entidad como “el judío”. Ese término es la vil acusación hecha a través de los siglos, principalmente por la famosa falsificación antisemítica creada por la policía secreta rusa del zar a principios del siglo 20. Titulado “Los protocolos de los sabios de Sión”, alegaba que los judíos controlaban el mundo. Tanto Hitler como Stalin los citaron para justificar sus políticas asesinas contra los judíos. Los protocolos son una artificial fantasía espantosa. Los judíos no actúan en bloque, ni tienen coordinador central. Nadie instruye a los judíos cómo votar. Y nadie les dice a los judíos cómo actuar. Los judíos son un grupo diverso de gente como cualquier otro, incluso, a menudo muy divididos.

Sí, hay judíos individuales en Wall Street, pero claramente no conspiran entre sí. Son rivales de negocios. La idea de que “el judío” controle el Congreso es risible. La mayoría republicana tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes apenas puede controlar el Congreso. Y muchos judíos son demócratas.

La premisa de que los judíos “controlan” algo excepto la nación soberana de Israel, de por sí una democracia muy turbulenta, es absurda.

¿Por qué persiste este antisemitismo? Acusar a un grupo de esgrimir un poder invisible parece explicar por qué todo anda tan mal y transfiere la culpa lejos de quienes son verdaderamente responsables por el desbarajuste y el fracaso en resolverlo.

¿Por qué este tipo de pieza ha aparecido en estos momentos en El Nuevo Día? El pueblo de Puerto Rico está sufriendo los daños físicos y emocionales causados por los huracanes Irma y María. Estamos consternados y desalentados ante la lentitud de la recuperación. El desastre económico que precedió a las tormentas solo ha empeorado desde entonces. La gente busca una explicación.

Pero no tiene sentido culpar a los judíos. Esa acusación es una burda distracción de la verdad. La “discusión pública” deseada por la Sra. Rodríguez en cuanto a esta idea no tiene relación alguna con la realidad. Culpen la severidad de los daños. Culpen a la crisis económica. Culpen a Washington. Pero no crean las mentiras ignorantes de antisemitas.

Creemos que la gente de Puerto Rico puede ver tras la “explicación” de la Sra. Rodríguez, pero no podemos dejarla pasar por alto. Debemos acatar las palabras del profeta Malaquías: “¿No somos todos hijos del mismo Padre? ¿Por qué lidiamos a traición los unos con los otros?”

Agradecemos que tantos puertorriqueños se hayan expresado en contra de las mentiras que pretenden dividirnos. El artículo de la Sra. Rodríguez y las notas aclaratorias deben ser rechazados de plano.

Por Alberto M. Varela: Recientemente, la experimentada periodista Wilda Rodríguez publicó en este diario una columna en la que hace referencia a un supuesto plan conspiratorio de los “judíos” para controlar los destinos económicos y de poder de los países. Incluye a Puerto Rico como una de sus víctimas.

Por vía de juego de palabras y explicaciones acrobáticas, las cuales ella considera suficientemente aclaratorias, la Sra. Rodríguez desea constatar que su intención no es ofender a ninguna religión. Lamentablemente, sus llamadas aclaraciones no convencen a aquellos de nosotros que conocemos la historia del pueblo judío, el sufrimiento y la persecución a los que ha sido sometido a través de la historia.

También conocemos de las sutiles expresiones de ciudadanos que abren el camino para que el odio prejuiciado se encienda nuevamente. La columna publicada es un ejemplo clásico de estos ocultamientos disfrazados de reclamos de libertad. Tenemos suficiente demagogia en el mundo para añadir más. Lo que queremos es reducirla, no aumentarla.

En Puerto Rico la comunidad judía siempre se ha distinguido por sus aportaciones desinteresadas en el bien común. Existen listas y estudios extensos que lo demuestran.  Si la Sra. Rodríguez tiene evidencia de tal conspiración judía, le corresponde presentar los datos abiertamente. Si no los tiene, debe excusarse, no solo con el pueblo judío sino con el pueblo puertorriqueño también pues no representa nuestro sentir colectivo.

A través de los tiempos y a niveles internacionales, de lo único que se puede acusar a la comunidad judía es de haber realizado contribuciones positivas fundamentales que han adelantado las más importantes causas científicas, sociales y educativas que han beneficiado a toda la humanidad, incluyendo a sus victimarios.

Todos los puertorriqueños, y todos los ciudadanos del mundo que defendemos la dignidad de todo ser humano debemos repudiar las expresiones de la periodista. La gerencia del periódico debe también intervenir vigorosamente y sin inhibiciones de ninguna clase en condenar las injustificadas palabras de su periodista.

La comunidad judía no es perfecta. Es tan humana como somos todos los seres humanos. Virtudes y defectos viven en todos los pueblos. Si la Sra. Rodríguez conoce de algunas debilidades específicas del pueblo judío, o de cualquier otra comunidad, su obligación es de compartirlas para corregirlas.

Sra. Rodríguez, tiene usted la oportunidad de corregir su error. Todos cometemos errores. El mayor error es no reconocer nuestros errores e insistir en ellos.  Tengo la esperanza de que usted se retractará de sus expresiones.    

Tiene usted la palabra.

Por Diana Berezdivin: Nos sorprendió mucho leer en El Nuevo Día el artículo de Wilda Rodríguez. Dice la periodista que su intención no es ofendernos a los judíos. Pues lo ha hecho. Ver asomarse el espectro del antisemitismo en las páginas de Endi nos asusta.

A través de la historia hemos sido y somos víctimas de la xenofobia, con resultados desastrosos. Ampararse en un artículo del cual no da ningún detalle, de Maariv en hebreo, que seguramente ella no entiende, de hace 20  años, no es base genuina para sus conclusiones. Es puro antisemitismo. Usándonos a los judíos una vez más de chivos expiatorios, esta vez por los problemas de Puerto Rico. Sí estamos ofendidos. Gracias.

Por Lina Goldberg: La columna escrita por Wilda Rodríguez en El Nuevo Día es un insulto a toda nuestra gente, incluidos los puertorriqueños, pues seres humanos buenos no insultan ni perpetúan un estereotipo de otro ser humano que ha causado horripilantes muertes, odio y ostracismo a todo un pueblo a través de los siglos. ¿Y para que? Para explicar y anotarse un punto político sobre Puerto Rico que no tiene nada que ver y que, además, no logra pues se pierde en el odio del antisemitismo. 

En esta época en la cual se oye tanto odio hacia el “otro”, hacia el extranjero, hacia aquel que no es igual que “nosotros” es vergonzoso que el periódico más prestigioso del país le haya dado luz a las ideas de una persona como Rodríguez que se olvidó de que los boricuas también sufrimos de estereotipos malignos.

Rodríguez solo demuestra que es intelectualmente vaga  y que se recuesta sobre falsas ideas milenarias. Usa la palabra “judío” cargada de todo ese simbolismo odioso para demostrar su punto sobre los americanos y la cuestión del estatus de Puerto Rico. Solo demuestra su  pobreza de espíritu.  Fracaso total. Siento que ha sido un día vergonzoso para El Nuevo Día. Respetuosamente.

Por Jonathan Gottfried: En El País del 17 de diciembre, Mario Vargas Llosa escribió que “el nacionalismo es ya sólo una ideología reaccionaria, antihistórica, racista, enemiga del progreso, la democracia y la libertad”. El  8 de enero en El Nuevo Día, Wilda Rodríguez,  expresidente de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico, nos mostró la sabiduría de las palabras de Vargas Llosa. Envuelta en la bandera boricua, Rodríguez criticó al “judío” que “[n]o le va la vida como a nosotros”. En ese “nosotros,” vemos el odio hacia al otro. A saber qué piensaRodríguez de los miles de judíos puertorros que nacieron aquí, criaron sus familias aquí, trabajan aquí y han sufrido los altibajos de la isla. Esos judíos boricuas no somos “nosotros”. A saber quiénes son.

Las ideas de Rodríguez no son originales. Ella denunció “la estructura secreta que rige a Estados Unidos …. El Congreso finalmente hará lo que quiera ‘el judío’.... Pienso que lo que nos dedica ‘el judío’ en su cargado itinerario sobre guerras y ganancias no es suficiente para llegar a conclusiones”.  Estas frases son una variación de  palabras en Mi Lucha de Adolf Hitler, que redactó que “cada Monarca posee su ‘Judío de la Corte’ como se denominan esos entes abominables que atormentan al pobre pueblo hasta la desesperación, proporcionando a sus príncipes desenfreno perenne”. En las palabras de Rodríguez vemos  las ideas de Los Protocolos de los Sabios de Sión (libro preferido de muchos fanáticos desde más de un siglo), que fantasearon con judíos/francmasones que inventan e inspiran “a los Gentiles [que no son judíos] toda esta política sin darles los medios de conocerla a fondo, sino para poder emprender en secreto lo que nuestra raza dispersa no podía intentar directa y abiertamente”.

Estoy agradecido con Rodríguez por su franqueza. Muestra el fenómeno del “ario puertorro”, un boricua imaginario de pura cepa. Para el ario puertorro, si “nosotros” podemos eliminarlos a “ellos”, la vida será, como por arte de magia, mejor en la isla. “No tenemos una solución a los problemas de energía, educación, crimen, etc. Pero si podemos expulsar a ustedes [anglosajones, judíos, dominicanos] de nuestra tierra santa, todo sería mejor”. Así la lógica del ario puertorro.

Esa lógica empobrece a los países porque, entre otros, prevalece un concepto de la raza, la sangre pura, sobre la moralidad y el razonamiento. Por ejemplo, el ario puertorro se siente más cercano a su familiar latino, como el dictador venezolano Nicolás Maduro, que a los yanquis. No importa que el gobierno de Maduro azote a su país al borde del colapso. Según la lógica torcida del ario puertorro, Maduro es más como “nosotros” que (en palabras de Rodríguez en respuesta de los críticos de su artículo) el “blanco anglosajón”.

Seamos claros. Los arios puertorros quieren erigir un gran muro hermoso entre Puerto Rico y los “no nosotros”. Pero si hay una sola cosa que nos enseñó María, es que no podemos sobrevivir encerrados y aislados. Uno puede ser orgulloso de su cultura y abierto al mundo.

Miles de extranjeros (incluido Israel) siguen ayudando a Puerto Rico después de María. Creen que “nosotros” no tenemos fronteras de cultura, idioma o fe. Esos actos incontables de gracia muestran la falacia de la intolerancia disfrazada de nacionalismo.

Por Jaime Alvelo: En la página 33 de su periódico  del 8 de enero de 2018, en la sección Tribuna Invitada, la periodista Wilda Rodríguez publica el artículo  “¿Qué quiere 'el judío' con la colonia?”. Menciona una publicación en hebreo de hace 20 años que atribuye el poder en Washington a los judíos. Especifica claramente que el Congreso hace lo que quiera el judío. Atribuye nuestra situación colonial  a los judíos. Sigue el artículo indicando que, como estamos en bancarrota, el judío lo que hará será soltarnos. Concluye que  somos impotentes y que si algo se hace para que no se deshagan de nosotros sería gracias a los esfuerzos de la diáspora boricua.

No soy judío pero este artículo lo que hace es fomentar el antisemitismo y nos lleva a la época de los nazis, cuando  los males del régimen alemán eran por causa de los judíos, llevándolos al exterminio de millones de familias (hombres, mujeres y niños).

Trabajé en la Universidad de Columbia en Nueva York bajo un prominente educador y trabajador social llamado David Fanshel. Fanshel era un ser brillante, trabajador y preocupado por el bienestar de miles de niños en hogares sustitutos. Publicó estudios en los que exponía la situación de estos  y las medidas necesarias para mejorar el sistema. 

Trabajé con Melanie Grishman, quien fue jefa del departamento de trabajo social del Hospital de Veteranos en San Juan. Un ser humano inteligente con una perspectiva amplia sobre nuestra misión con los veteranos en Puerto Rico. Fue luego ascendida a nivel nacional en la Administración de Veteranos, aportando a la calidad del cuido de veteranos a un nivel mayor.

Si van a darle paso a discrimen por étnia, deberían también hacerlo a otros grupos que han sido perseguidos y explotados por prejuicios que hoy día se combaten.

Creo que permitir un artículo de esa clase es perjudicial a su empresa y si fuera cierto lo que ella escribe, yo ustedes me preocuparía por su existencia como medio noticioso.

La periodista se debe retractar de esos comentarios y disculparse ante la población judía en Puerto Rico y los Estados Unidos. 

Posdata del lector luego que el medio y la columnista  publicaran sus  excusas: Se agradece la excusa publicada en El Nuevo Día en relación al artículo de Wilda Rodríguez. Hay “libertad de expresión”,  pero sin fomentar el odio al prójimo.

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