Jorge Colberg Toro

Tribuna Invitada

Por Jorge Colberg Toro
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Rebelión popular

En las próximas horas, los organismos principales del Partido Popular Democrático (PPD) iniciarán un confuso proceso de recriminaciones que, si no se maneja adecuadamente, en vez de unir a la colectividad, agravará aún más las diferencias entre su liderato.

Convocar a la Conferencia Legislativa y la Junta de Gobierno para el mismo día, sin que exista un proceso disciplinario formal, convertirá esas reuniones en una de dos: un absurdo paredón de fusilamiento dirigido por un grupo de indisciplinados, o un evento mediático falaz de empastelamiento unitario. Cualquiera de ellos, violenta los procedimientos más básicos que impone el Reglamento del PPD.

El Partido Popular merece respeto.

Nuestro partido es una institución cuya base política está compuesta por miles de hombres y mujeres que ven en la colectividad el instrumento de servicio al país y al futuro de sus hijos. A lo largo de su historia, el PPD ha logrado grandes triunfos y también ha tenido múltiples tropiezos. 

Al igual que los seres humanos, el PPD ha aprendido de sus errores, se ha levantado de sus caídas y, con el pasar de los años, ha visto pasar líderes que han dejado huellas trascendentales y otros - los menos - que han dejado desilusión.

Mi primera experiencia con el Partido Popular fue a los 14 años. Comencé pasquinando de madrugada con harina, agua y una escoba; recogí dinero en las luces en pleno sol de verano, fui funcionario de colegio, coordinador electoral de unidad, miembro de la Junta de Gobierno, legislador por tres términos y secretario general del PPD en dos ocasiones. Es decir, conozco este partido como a mi familia.

Las denuncias sobre vínculos con empresas de cabildeo en Washington DC sin duda merecen respuestas. Sin embargo, este tema, y la forma en que líderes del PPD han reaccionado, reflejan un síntoma mucho más serio que ha carcomido las estructuras del PPD desde hace mucho tiempo.

La falta de solidaridad, la indisciplina, la intervención de intereses ajenos y, sin duda, la ausencia de un proyecto autonómico creíble y motivador, son algunas de las causas del debilitamiento institucional. 

Por años, el PPD se ha visto inmerso en una lucha de poder repleta de personalismos. Voy más lejos, las diferencias ideológicas - que tanto llaman la atención - son en realidad mínimas a la hora de comparar con las controversias personales.  

El pasado cuatrienio fue un espejo de esa tragedia.

A pesar de todo, El PPD sabe sobreponerse a la adversidad. Por eso, al examinar las alternativas que tiene la colectividad para salir del marasmo en que se encuentra, hay una sola que va a la esencia misma del Partido que fundo Luis Muñoz Marín: devolverle el poder al pueblo popular.

Por esa razón, la Junta Gobierno debe ordenar que se adelante la reorganización y selección de una nueva Junta de Gobierno y un nuevo Presidente mediante una votación directa del pueblo popular. El proceso debe ser dirigido por un presidente pro-tempore.

Es hora que el pueblo popular tome control de su partido, pase juicio sobre su liderato e imponga orden y disciplina. Una votación democrática por la presidencia y la Junta, pondrá a todos a cerrar filas y a trabajar. Las candidaturas se atenderán en el momento que corresponde, en el 2020.

Los líderes que quieran ganar la confianza de su base, más vale que empiecen a remar para el mismo lado y, si la Junta de Gobierno no actúa a la altura de lo esperado, el pueblo popular tomará la palabra y comenzará la rebelión popular que no se detendrá hasta limpiar la casa.

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