Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Receta contra futuros machistas

Hoy, Día Internacional de la Mujer, pienso en mis hijos varones. Aunque parezca contradictorio, pienso en ellos porque para lograr la equidad debo educarlos para romper con los patrones opresivos que generan las disparidades entre hombres y mujeres.

Debo enseñar a mis hijos que no son la cabeza del hogar. El hogar debe ser un espacio de colaboración, amor y respeto dirigido a fomentar el desarrollo pleno y bienestar de ambas partes.

Debo enseñar a mis hijos que ellos no ayudan en la crianza de sus hijos, porque es parte de su responsabilidad como padre. Para esto deben involucrarse en todos los aspectos de esta crianza, incluyendo aquellos que por generaciones la sociedad ha dicho son exclusivamente de mamá.

Debo enseñar a mis hijos a no aceptar el discurso del macho tradicional. Ese discurso que nos dice que somos más hombres, mientras más parejas sexuales tenemos. Esa manera de ver el hombre como un ser hipersexual y sin control; discurso que justifica la promiscuidad, la infidelidad y hasta el hostigamiento y la violación.

Debo enseñarles que la mujer no es de su propiedad. Que para que ambos sean felices deben fomentar su relación, su vínculo, al mismo tiempo que fomentan la individualidad de ambos.

Debo enseñar a mis hijos que no hay día internacional del hombre, porque los hombres no hemos vivido cientos de años de opresión, ni se nos ha coartado el derecho al voto, ni ganamos menos en el empleo por realizar el mismo trabajo, ni sufrimos de altas tasas de violencia en nuestros hogares y otros espacios, ni estamos mal representados en las altas estructuras de poder de nuestra sociedad.

La equidad se lucha en las calles, pero se enseña en el hogar, en las escuelas y en todos nuestros espacios comunes. Para lograrla necesitamos de una generación de hombres que rompan con las creencias tradicionales de la masculinidad hegemónica, dando paso a hombres más solidarios y saludables. 

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