John A. Regis

Tribuna Invitada

Por John A. Regis
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Reconociendo el ELA

Luego de las recientes decisiones del Tribunal Supremo, al igual que la imposición de la Junta de Control Fiscal, muchos líderes políticos anuncian y celebran la desaparición total del ELA. Nada puede estar más lejos de la verdad.

El ELA fue creado por la Ley 600 en 1950 básicamente autorizando al gobierno de Puerto Rico a redactar su propia Constitución y a poder administrar su gobierno bajo los poderes plenarios del Congreso. El 25 de julio de 1952, se inauguró y se puso en vigor la nueva Constitución, un magnífico modelo que ha servido como base para la redacción de varias constituciones en otros países. La estructura legal del ELA de hoy es exactamente la misma de 1952. NADA, absolutamente NADA ha cambiado. ¿Por qué entonces había la percepción de una soberanía propia y de un indestructible pacto bilateral?

Luego del establecimiento del ELA, líderes políticos comenzaron a fantasear y predicar una inexistente e insostenible soberanía. Nada en la Ley 600 justificaba una soberanía propia. En el 1959 se aprobó la Resolución Conjunta número dos proponiendo mayor soberanía al ELA. Esta resolución dio pie a que en el Congreso Federal se propusiera el proyecto HR-5426 conocido como el Proyecto Fernós-Murray donde se pretendían establecer unos “Artículos de Asociación Permanente”. El proyecto fue rechazado por el Congreso. Otra vez en el año 1963, se presentó el proyecto “Aspinal”, que le solicitaba al Congreso expresar la forma en que estaba dispuesto a acordar nuevas modificaciones al ELA. Este proyecto también fue rechazado.

En el Pronunciamiento de Aguas Buenas en 1970 el PPD respaldó “la autonomía en libre asociación con los Estados Unidos” y mantuvo una posición de comunidad con una autonomía absoluta mediante un convenio. En 1979 en la Tesis de Rafael Hernández Colón se enfatizó llevar todo a una mayor autonomía individual y colectiva, y desarrollar, expandir y ampliar la personalidad y la autonomía del ELA. En frecuentes discursos por numerosos líderes se menciona el ELA soberano. A veces se cuestiona si estos líderes entienden el término que comunican.

Todavía hay quienes establecen que porque Estados Unidos comunicó a las Naciones Unidas que Puerto Rico había entrado en un Ccommonwealth, y éste fue removido del listado de colonias, que eso era razón suficiente para establecer una autonomía. Este acto en nada cambia la Constitución de Estados Unidos o las leyes federales.

A través de los años se usaban términos como pacto bilateral, libre asociación, asociación permanente o soberanía propia a tal magnitud, que por la continua repetición los mismos líderes políticos, y mucho más sus fanáticos seguidores, llegaron a creer que esto era la realidad.

Nadie debió sorprenderse de los resultados de las decisiones del Supremo, de la autoridad del Congreso de establecer la Junta o de una soberanía totalmente inexistente. La Ley 600 y la Constitución de Estados Unidos son muy claras.

El ELA continúa en igual condición que en el 1952. Lo que sí ha cambiado es que se desenmascaró la percepción errónea de una soberanía que nunca existió.

Lo lamentable de esto, es que por 64 años bajo este engaño hemos perdido un valioso tiempo y considerable energía discutiendo sobre lo que no existe. Perdimos tiempo legislando para conformar o forzar todo a un estatus inexistente. Esta inútil politiquería y guerra de estatus nos ha afectado en todo sentido, desde el desarrollo económico, las finanzas del gobierno hasta en nuestra seguridad y calidad de vida.

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