Francisco Javier Rodríguez Suárez
💬 0

Recuperando la ciudad

Año tras año, los puertorriqueños cerramos la época Navideña con la celebración de las Fiestas de la Calle San Sebastián, nuestra versión más cercana a un carnaval urbano, donde personas de todos los trasfondos convergen a lo largo de los adoquines del Viejo San Juan para subir, bajar, disfrutar la música, ver artesanías, comer un buen bacalaíto, subir fotos a social media y que no nos lo cuenten ni nos quiten lo bailao.

El sábado fui por primera vez con toda mi familia, incluyendo a mis dos hijos, en una peregrinación que incluyó Uber, guagua y una buena caminata. Cabe mencionar que la organización estuvo impecable, funcionando como un reloj suizo que conectaba el final del Tren Urbano con el Capitolio, pasando por Santurce y Puerta de Tierra, ofreciendo en el proceso un tour visual del corazón urbano de una capital a punto de cumplir cinco siglos de historia.

Durante el resto del año mucha gente disfruta de la ciudad en conciertos, eventos deportivos, marchas o festivales gastronómicos, en la Loíza, la Placita, la Ventana al Mar, Santurce es Ley o Bahía Urbana, donde gran parte de los participantes deja momentáneamente el confort de la vivienda de urbanización para tirarse a las calles, plazas y aceras que componen el espacio público. 

El Siglo XX puertorriqueño equiparó su idea de progreso atada a una casa de concreto producto del sueño americano y con fácil traducción a la casita de la cual nos cantaba Rafael Hernández. Las vemos en la publicidad de fantasía suburbana promovida por la industria privada, la cual contrasta drásticamente con los imaginarios bucólicos de playa, bosque y ciudad colonial que le enmarcamos al posible visitante.

Afortunadamente, la nueva generación de puertorriqueños parece valorar la diversidad y las posibilidades que ofrece la urbe, la minimización del automóvil, aceras activadas por negocios donde caminar no es un ejercicio bisemanal en el gimnasio, el encuentro en la esquina, el paseo por el parque y el café donde saben cómo te llamas y que prefieres. Lo veo en mis estudiantes universitarios y en la actitud de la gente en cada uno de los eventos antes mencionados.

Estoy consciente de que aun cuando el mundo es cada vez más urbano, para muchos no es fácil abdicar a la comodidad de la marquesina y la seguridad del guardia privado, especialmente con el espectro de la criminalidad que nos divide y polariza en zonas supuestamente “buenas” y “malas” como si la vida fuera una película de indios y vaqueros en el Wild West.

Aunque en el pasado se ha discutido la recuperación de la ciudad tras eventos exitosos como la Gran Regata de 1992, me confieso cautelosamente optimista. A pesar de varios precedentes faltos de continuidad, sigo creyendo fielmente en las virtudes de la vida urbana y entiendo que el éxito de estos eventos nos acercará cada vez más al teatro de la ciudad como escenario para la obra de nuestro diario vivir.

Otras columnas de Francisco Javier Rodríguez Suárez

💬Ver 0 comentarios