Stacey Álvarez Alvarado

Punto de vista

Por Stacey Álvarez Alvarado
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Redefinir la actividad física como medicina

El año nuevo trae consigo nuevas resoluciones y metas que frecuentemente se basan en promover un estilo de vida saludable. La práctica regular de actividad física es una de estas conductas que forman parte del plan de año nuevo. 

Sin embargo, aproximadamente 60% de los adultos que inician modificaciones de estas conductas deciden abandonarlas durante los primeros 3 a 6 meses. Incluso, 1 de cada 3 adultos no cumple con las recomendaciones mínimas establecidas por el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM).

En Puerto Rico, no podemos obviar retos adicionales para impulsar estos cambios e integrarlos exitosamente a nuestro estilo de vida. Entre ellos, aspectos relacionados a recursos económicos y/o apoyo social, falta de seguridad en áreas recreo-deportivas, factores ambientales y/o climatológicos, personal sin la debida preparación técnica y/o científica tratando de ofrecer información incorrecta y el agresivo impacto del sector farmacéutico en el manejo de enfermedades crónicas. 

Muchas de las enfermedades crónicas que abundan en Puerto Rico (por ejemplo, enfermedades del corazón que alcanzan alrededor del 49.8% de los adultos) característicamente establecen la inactividad física como factor de riesgo modificable. Incluso, proponen impulsar hábitos diarios en etapas tempranas del plan de manejo médico para mejorar la condición del paciente.   

Es valioso destacar cómo definimos la actividad física en el contexto de nuestras vidas y cultura. Redefinir la actividad física como un tipo de “medicina” y una vía para prevenir enfermedades crónicas es de enorme valor, y requiere la atención de todo profesional de la salud. En muchas ocasiones, solemos enfocarnos en los cambios de composición corporal como meta principal para participar de una actividad física. 

Actualmente, la literatura indica que el deseo de mejorar la composición corporal ayuda a adoptar o comenzar un plan de ejercicios. Sin embargo, no facilita la adherencia a este. Hay que hacer hincapié en desarrollar programas de salud que no solo eduquen al paciente sobre los beneficios de la actividad física, sino provean herramientas para hacerlo parte de su estilo de vida diario.

La adherencia a cualquier modificación de conducta o tratamiento suele ser desafiante. Las siguientes estrategias han resultado beneficiosas en el contexto de la actividad física: 1) desarrollar un plan de acción con intenciones de implementación (dónde, cuándo y cómo); 2) crear metas realistas que se puedan monitorear; 3) reforzar el progreso identificando qué pensamientos, situaciones, o circunstancias nos ponen en riesgo de desviarnos de nuestro plan inicial; 4) encontrar flexibilidad dentro de nuestro plan de acción y evitar el “abstinence violation effect”- “fallé un día, por ende, no debo continuar mi cambio de conducta”; y 5) hacer cambios pequeños que creen resultados significativos (como tomar las escaleras en vez del elevador, estacionarse a mayor distancia cuando toque ir de compras, caminar por nuestras playas semanalmente y monitorear el tiempo que permanecemos sentados diariamente).  

¿Pero, qué ocurre si has llevado una vida un tanto sedentaria? Nunca es tarde. La actividad física diaria ha demostrado grandes beneficios, sin importar la edad en que se inicie. 

Tenemos una responsabilidad personal, tanto física y mental con nuestra salud. ¿Qué harás hoy por una mejor calidad de vida y mayor productividad en tus días?


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