Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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Reeducarnos para gobernar o esperar un milagro

Entre mentiras y engaños nos metimos en un callejón sin salida. Nuestra relación con Estados Unidos, llámela como desee, no cambiará dentro de las próximas dos a tres décadas. Entendámoslo. 

Falsean, entonces, quienes anuncian ver en el horizonte al Estado 51, o la independencia total o parcial, o un retorno al Estado Libre Asociado como se creía que era.  Sí, son falsos horizontes fabricados para la credulidad electorera. En fin, somos prisioneros de lo que somos. Y para largo.

Lo primero que debemos internalizar es que Estados Unidos calibra sus actuaciones a base del crudo interés nacional. Lo hace a diario en el escenario mundial y lo formaliza con la fuerza del poder. Invadieron a Panamá para apresar a Manuel Antonio Noriega. Liquidaron las cabezas políticas de Iraq y Libia. Mataron a Osama Bin Laden en suelo Afgano. Abandonan tratados, insultan naciones aliadas y tiran la lengua a la Organización de las Naciones Unidas y, especialmente, a la Organización de Estados Americanos. Sin consecuencias.

¿Y nosotros, qué? Ese interés nacional inutilizó, por la fuerza del poder, nuestra Constitución, decretó un gobierno nominal e impuso un proconsulado, titulado Junta. Fuimos, somos y seremos, lo que al interés nacional de Estados Unidos importe. Hoy es cobrar lo que se le debe a Wall Street.

Lo segundo que debemos internalizar es la realidad de las fórmulas de estatus: la estadidad y cualquier modalidad de autonomismo, son potestad única y absoluta de la mayoría congresional del total de 536 miembros, cada cual representando los intereses de su electorado de los cuales 21 estados se afectan con menos miembros allí y menos fondos federales en la distribución, si admiten a Puerto Rico; y la independencia depende de nosotros exclusivamente, pues nuestra ciudadanía estadounidense impide que se imponga.

 Sin embargo, la independencia ha desaparecido como fuerza política electoral  y el autonomismo, teóricamente pactado (¿inviolable?), es papel toalla del “ugly American”. Para lo primero, Pedro Albizu Campos mismo lanzó su insurrección consciente de que era un último acto de rebeldía más que de liberación. En cuanto a lo segundo, ¿quedó aclarado el “engaño monumental”?    

Por nuestras gríngolas, ajustadas por incompetencia y corrupción, no reconocemos que la única salida es el tan difuso consenso. “Sueño imposible”, pues aunque el país gana, los partidos pierden —dejan de ser. Solo resta, entonces, que cesemos de llorar, nos reeduquemos en gobernar y adoptemos el descartado espíritu de “Manos a la Obra”; en lo que surge alguien u ocurre algo…tal vez un milagro.

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