Roberto González Nieves

Punto de Vista

Por Roberto González Nieves
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Reflexionar, agradecer y orar ante la llegada del 2020

A escasas horas de que culmine el 2019, nos encontramos celebrando la última eucaristía del año.

El pensamiento nos lleva a reflexionar a que el tiempo sigue transcurriendo por lo que estamos llamados a darle significancia plena y a no desperdiciar nuestras vidas, nuestras energías, nuestras voces, nuestros dones en cosas que nada abundan a las causas de Dios y al bien común.

Por eso, faltando tan poco tiempo para que el año 2019, llegue a su fin, sería oportuno para aprovechar este tiempo para las siguientes tres cosas: reflexionar, agradecer y orar.

Primero: reflexionar. Antes de concluir un año es oportuno detenernos a reflexionar si utilizamos el tiempo para servir. Podemos preguntarnos si, como buenos cristianos y cristianas hemos practicado obras de caridad y de misericordia; si fuimos buenos samaritanos. Debemos reflexionar sobre los momentos en que no dimos un buen testimonio de vida cristiana y vida familiar.

Reflexionar cuantas veces no fuimos capaces de perdonar, de amar, de ser instrumentos de paz, de justicia, de unión; reflexionar cuando fuimos duro con los demás, cuando nos prestamos al chisme y a la difamación, cuando no miramos con ojos de ternura,  cuando nuestra voz no fue palabra de Dios o contraria al evangelio. Pedir perdón por el tiempo malgastado o desperdiciado; por el tiempo en que no supimos ser buenos hijos, hijas, madres y padres, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, madrinos y padrinos, amigos, empleados, ciudadanos, religiosos.

Reflexionar cuando fuimos agentes de la cultura del discrimen, del racimo, del machismo, del descarte, del desencuentro. Y ésta no ha de ser una reflexión para sentirnos mal sino para enmendar errores del pasado, estilos de vidas contrarios al evangelio y proceder al milagro de la conversión del corazón. La mejor manera de despedir un año es con el fuerte deseo de despedirnos de todo aquello que nos aleja a de Dios y del prójimo.

Segundo: Agradecer. Siempre debe brotar un agradecimiento a Dios por el año transcurrido, por todos los años de vida. Agradecer que ese tiempo ha sido un don de Dios, un talento el que debemos aprovechar sanamente y multiplicarlo en obras y bienes espirituales. Reconocer que cada día, que cada bien, que la familia, que los amigos y amigas es un don del Creador.  Y, como Job, dando gracias a Dios por lo bueno y por lo malo, porque como dice el apóstol de los gentiles: todo obra para gloria de Dios.

En una misa al despedirse el año decía el Papa Francisco: “Al terminar otra vez un año, nos detenemos frente al pesebre, para dar gracias por todos los signos de la generosidad divina en nuestra vida y en nuestra historia, que se ha manifestado de mil maneras en el testimonio de tantos rostros que anónimamente han sabido arriesgar. Acción de gracias que no quiere ser nostalgia estéril o recuerdo vacío del pasado idealizado y desencarnado, sino memoria viva que ayude a despertar la creatividad personal y comunitaria porque sabemos que Dios está con nosotros. Dios está con nosotros.

Y esa, queridos hermanos y hermanas, debe ser siempre nuestra actitud. Agradecer a Dios por su generosidad, por su misericordia, por haber estado con nosotros de mil maneras, de mil formas, y en todas las circunstancias. Demos gracias a Dios por haber venido a este mundo, por acercarse y hacerse Emanuel, es decir, Dios con nosotros y quedarse entre nosotros.

Tercero: Orar. Nos invita San Pablo a orar en todo momento. A tiempo y destiempo. Saquemos los últimos minutos del año y los primeros del próximo año, para orar a Dios; para decirle que no importa lo que hicimos el año pasado, el tiempo de ahora es de Dios; pedirle por el don de comprender lo valioso del tiempo; orar para que nos permita siempre valorar el tiempo; no solo el tiempo nuestro; sino el tiempo en familia, en la Iglesia, en el trabajo; de recreación.

Orar para que el tiempo que resta en nuestras vidas aumentemos nuestra fe, crezcamos en sabiduría, en paz y en amor. También que vivamos como católicos cada tiempo litúrgico y que lo veamos como tiempos diversos que nos acercan a Dios y nos preparan en el caminar de la vida.

Despidamos este año, con alegría sana, con abrazos, con oraciones, con bendiciones para todos, con moderación en las celebraciones y en las calles, pero no con disparos al aire que amenazan a la vida humana.

¡Celebremos la vida y demos gracias a Dios!

¡Que el Señor les bendiga y les proteja siempre!

¡Feliz Año Nuevo!

Homilía del Arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves durante la misa de despedida de 2019, oficiada en la Catedral de San Juan

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