Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Reforma contributiva: vocación al fracaso

Hoy se convirtió en ley, en un ambiente festivo y con aires campaña electoral, la mal llamada reforma contributiva. En los jardines de La Fortaleza, el gobernador estampó su firma en una legislación que todos los expertos en materia contributiva y económica han catalogado como defectuosa. 

Lejos de hacer algo verdaderamente creativo y que pueda cambiar el rumbo caótico que lleva la economía local, la supuesta reforma en nada acelera las reformas estructurales que demanda Puerto Rico. 

De entrada, resumo las principales deficiencias que claramente tiene la legislación firmada, para que el ciudadano vea que esta reforma, en nada alivia su carga contributiva. 

No provee alivios contributivos significativos a los individuos ni a las corporaciones. Solo provee un crédito de 5% a todos los contribuyentes y las tasas contributivas se quedan igual;

No equipara la tasa corporativa de Puerto Rico, al nivel de Estados Unidos que fue reducida a 21% en 2017. La legislación aprobada la reduce de 39% a 37.5%;

No elimina el impuesto sobre los inventarios, promesa de todos los políticos luego del huracán María, para evitar otra crisis de abastos, como la que ya vivimos;

No establece con claridad los objetivos fiscales ni de desarrollo económico;

No provee garantías de que los recaudos fiscales a futuro, serán garantizados;

No establece cual será el beneficio para reactivar la economía dentro del Plan de Reformas que actualmente se implementan;

No atiende el desfase que ha creado la reforma tributaria federal de 2017, que ha colocado las tipos contributivos federales por debajo que Puerto Rico. 

En resumen, los alivios contributivos otorgados no representan ni el 1% del Producto Bruto real, lo cual es marginal, si se toma en cuenta, que en la última década los diversos impuestos habilitados han impactado a los individuos y las corporaciones por $15,000 millones. 

Doce años después de haberse iniciado la peor depresión que ha vivido la isla en tiempos modernos, es evidente que persiste la misma vocación a hacer las cosas mal, y de forma improvisada. A pesar de que Puerto Rico quebró, la clase política sigue apegada incondicionalmente a su vocación de fracaso. 

Estas mismas prácticas fiscales y económicas, fueron las que crearon las condiciones, para la insolvencia y a la quiebra. Aún con la presencia de una Junta de Supervisión Fiscal (JSF), no hay la voluntad para articular un verdadero programa de reformas. 

A pesar de las advertencias hechas por la JSF, de que la reforma aprobada no cumple con el Plan Fiscal, el gobierno optó por aprobar algo en pleno desafío al ente rector financiero y al llamado de grupos profesionales de que se hiciera algo verdaderamente efectivo. 

Algunas vocescomo la mía y la de otros profesionales, planteamos públicamente que se creara un grupo de trabajo, para trabajar algo bien hecho, sin prisa y con un alto nivel de inclusión que permitiera nutrir la pieza legislativa de mayor peritaje. 

Que se usara un modelo de colaboración similar, como el que adoptaron los senadores Eduardo Bhatia y Larry Seilhamer, para redactar la legislación que guiará la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica. Estos legisladores, no solo trabajaron por encima de líneas partidistas sino que incorporaron grupos profesionales como el Colegio de Ingenieros y la Asociación de Industriales, para redactar una buena pieza legislativa. 

De hecho, esta legislación está durmiendo el sueño de los justos en la Cámara de Representantes, a pesar de la importancia que tiene la reforma energética. 

Dos años y medio luego de haber sido aprobada Promesa y el azote del mortal huracán María, la mayoría de nuestros líderes políticos dejan ver claramente que no hay una verdadera capacidad para diseñar ni ejecutar las reformas estructurales que necesita el país para superar su prolongada crisis. 

Gracias a esta vocación al fracaso, los miles de millones de dólares que enviará el gobierno federal para reconstruir a la isla, se van a acabar y la economía volverá a caer en contracción, pues se acabará la bonanza artificial de corto plazo. 

Luego de doce años, la fatiga mental y emocional, parece apoderarse de muchos, que por tiempo apostaron a que en algún momento, la clase dirigente iba a iluminarse e iba comenzar a hacer bueno gobierno. 

Muchos como yo depositamos la esperanza en la Promesa y una JSF que cada día parece convertirse en cómplice silente, de los desmanes del gobierno de turno. 

Así las cosas, hay un país en incertidumbre, viviendo día a día, que percibe que por mezquindad política o mediocridad, nada se hace bien, a pesar del momento histórico en el que vivimos. 

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