José Nicolás Medina  Fuentes

Tribuna invitada

Por José Nicolás Medina Fuentes
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Reformismo criollo y deuda eunuca

Ante una depresión sostenida de más de 10 años, ante el genocidio por abandono de las millares de  personas muertas luego del huracán María -que de haber azotado en el 1989 o 1998 cuando pasaron Hugo y Georges, respectivamente, hubieran ocurrido tal vez par de fallecimientos,  y por tanto las muertes no son atribuibles a María y sí a la deuda odiosa y abandono imperial al territorio y sus habitantes-, ante el éxodo de cerca de 800,000 boricuas en 18 años, muchos se preguntan ¿por qué no acaba de irrumpir un movimiento de lucha de masas contestataria y masiva que detone y erupciones una tercera fuerza electoral  que cuestione y sustituya el coloniaje y desbanque el bipartidismo reformista servil?

Definamos primero reformismo en el contexto puertorriqueño. Es esa corriente histórica que se acomoda y disfraza en cada época de nuestra historia para engañar y negar la conquista de la independencia nacional. Es una manifestación de la debilidad de las clases propietarias de la nación que se han conformado con ser rabiza sirviente de los imperios español y norteamericano y nunca han retado el sistema colonial para superarlo con la descolonización y plena independencia. La conquista de la independencia nacional es revolucionaria-antónimo del reformismo criollo-en tanto y en cuanto intenta destruir el sistema o aparato de dominación colonial para que la nación puertorriqueña conquiste todos los poderes de la soberanía y en la plena independencia erija su propio estado independiente (que no quita que con los poderes plenarios que confiere la independencia se mantengan lazos y relaciones de amistad y economía mixta mutua con el noble pueblo norteamericano y otros pueblos).

El reformismo se disfraza con retóricas de los más variados disfraces y énfasis, se repliega a reformas sin atarlas a la lucha anticolonial y, a fin de cuentas, desea que permanezcan los vínculos de dominación de la metrópolis colonizadora. Recién se informó en una noticia que los acreedores no asegurados bajo el Titulo III presionan por una necesaria, pero no suficiente, auditoría del contrato de deuda. Por su parte, la Junta de Control está presta a culminar su propia auditoría para someter sus hallazgos a la jueza Laura Taylor Swain. Van emergiendo las tangencias entre los acreedores más débiles y determinadas posturas reformistas de grupos de presión que se hipnotizaron en un contrato eunuco bipartita de la deuda.

El reformismo ha levantado cabeza mientras más golpeado, perseguido, débil y fraccionado se ha encontrado el movimiento separatista. En Lares se conjugó una crisis en la metrópolis con la derrota del gobierno absolutista monárquico con la acumulación de fuerzas del liberalismo independentista en Cuba y Puerto Rico. El separatismo siempre combinó la lucha de reformas-abolición de las libretas de jornadas y la esclavitud, masificación de la educación, entre otras- con la promoción de la independencia. Delatado, derrotado militarmente e incapaz de lograr el triunfo, el movimiento lídereado por Betances fue asesinado, encarcelando y exiliado. Sectores del independentismo se plegaron al trabajo dentro del reformismo del Partido Autonomista de Baldorioty de Castro, hasta que los cuadros más preclaros como Sotelo Figueroa, Pachín y Wenceslao Marín y otros se exiliaron en los 1890 a Nueva York y optaron por ir junto a Martí a conquistar la independencia de la antilla hermana de Cuba.

Similares giros reformistas ocurrieron en las décadas de los 30, 40, 50, 70 y 80. En medio de la depresión de 1930 el nacionalismo era la fuerza política dominante. El imperialismo diseñó un plan de exterminio, masacres, encarcelamientos, aislamiento y achicamiento del nacionalismo mientras  promovía mantengos como la PRA y PRERA, extensión de la ciudadanía por naturalización estadounidense del 1917  a una por nacimiento (“uis solis”) en los 1940, reforma agraria, nuevas políticas económicas a cargo de Rexford Tugwell  y promoción del reformismo muñocista. En los 1970 y 1980, en medio de la recesión y auge del movimiento patriótico y social, el imperialismo diseñó y promovió escuadrones de la muerte, asesinatos políticos a lo largo de los años 1970, expulsiones de líderes estudiantiles y profesores jóvenes, trabajos de infiltración a los más altos niveles y exacerbación de las diferencias dentro del patriotismo,  a la par que instauraban masivos planes de becas Pell para acallar los estudiantes,  cupones de alimentos, planes de subsidios de vivienda para enfrentar los rescates de terrenos e invasión de ideologías diversionistas con anclaje de profesores cooptados mientras precarizaron las plazas docentes universitarias. Arropó la ideología neoliberal mientras se desplomó el socialismo real producto del estalinismo dictatorial y desviación del ideario socialista, lo cual dejó sin brújula a los cuadros contestatarios, tanto en la isla como en el globo. Comienza a levantar hoy, con cabeza propia, un movimiento posneoliberal guiado por un pensamiento crítico autóctono independiente, enraizado en los estudios y transformaciones de las realidades concretas.

Hoy en día se repiten con  variantes ciertos modelos. En medio de la depresión y crisis causada por la deuda odiosa, arrecian las ideologías de la falsedad para confundir y dividir a los movimientos del cambio y emancipador. Se ha promovido activamente el éxodo con viajes baratos, campañas de reclutamiento laboral en los estados, mientras se saboteó las ayudas pos Maria de la diáspora que llegaban por correo, barcos o avión, se dilató la recuperación energética, despidieron miles de obreros energéticos y no se compraron materiales de repuesto. La metrópolis exacerbó  la deuda pública a niveles insospechados con la terminación manufacturera de las compañías 936, corazón de la actividad económica, finalización del mercado exclusivo común con firma de tratados de libre comercio, lo que generó desde el año 2000 un crecimiento de la tasa anual de la deuda de un 8% anual frente a un raquítico crecimiento de un 4% del Producto Nacional Bruto hasta equiparar ambos renglones a cerca de 70 billones, ante lo cual las casas acreditadoras devaluaron a nivel chatarra los bonos generales del territorio y sus instrumentalidades. La potencia colonial despachó todo con la conclusión congresional de que el desastre económico era asunto de administración local, de falta de transparencia, y esa falsedad la colocaron en la Sección 405(m) de Promesa, para justificar e imponer esa ley y la Junta de Control.

Hay que estar muy atentos a diseños de provocaciones, así como a las ideologías reformistas de la falsedad que congenien con los designios imperiales de control colonial. Es crucial calibrar correctamente la presente coyuntura sin idealizaciones y no dejarse provocar con actos violentos que justifiquen descabezamientos. Es época de primacía de las luchas cívicas pacíficas y de desobediencia civil. Así mismo debatir sin cuartel ideologías reformistas que sotengan las tesis justificativas de la crisis a favor de la metrópolis.

Es importante estar muy atentos al raudal de fondos federales que están llegando vía FEMA, agencias federales y pagos de aseguradoras. Mientras despiden empleados públicos se promueve su éxodo, y con los fondos federales y de aseguradoras que entran hay sectores como ferreterías, camioneros, servicios (constructores, plomeros, electricistas, herreros, técnicos de aires, entre otros, que han tenido que aumentar sus trabajadores ante el cúmulo de trabajo. Hagan la prueba y llamen a estos sectores y pregunten como les va. Ese conocimiento de la realidad concreta hay que tenerlo antes de proclamar que estamos en víspera de una insurrección, pero que la realidad desmiente cuando apenas se mueven grandes masas a manifestaciones que no sean vinculadas al cierre de escuelas o ausencia de conexión de luz o servicios de infraestructura. Periodo que durará pocos años en lo que esos fondos finalizan. Por eso, nada es más importante hoy en día que formar cuadros, protegerlos, educar y organizar. Es cuestión de saber reservar y potenciar energías, de concentrar esfuerzos en lo esencial conforme a un riguroso juicio ético histórico concreto y su relación con la totalidad.

Por otro lado, mientras se va comprendiendo la naturaleza odiosa colonial de la deuda pública, arrecian campañas que confunden, insistiendo en un énfasis en que la deuda es culpa del bipartidismo criollo, condimentando el argumento con el necesario -pero incompleto- requerimiento de imponer responsabilidad a los agentes a cargo de generar la venta de bonos. Se mira la deuda como eunuca. Una teoría eunuca de la deuda pública dentrodel colonialismo es aquella en la que solo existe territorio deudor y los acreedores y tan solo hay que auditar ese contrato de deuda entre dos partes. Se guillotina y deja fuera el tercer personaje principal responsable de la deuda: la metrópolis. En una deuda pública colonial es imposible mantener fuera la metrópolis porque esta es la parte soberana realmente deudora responsable. El ente colonial deudor es un simple “alter ego” o apéndice de la potencia colonial. Mientras esa realidad no se comprenda nos mantendrán maniatados, nos impondrán la solución haitiana de la deuda que al obligarla al pago Francia dejó a Haití sumida en la pobreza eterna. No se puede llamar la deuda pública de Puerto Rico de otra manera: deuda odiosa colonial. No se le puede llamar deuda hermosa o simple deuda pública.

Mientras esa deuda odiosa permanezca en los activos para ser pagada por los puertorriqueños, mientras no se borre de los estados financieros del territorio, ninguna fórmula de estatus será gobernable o viable ahora o en el futuro. La solución para la deuda pública puertorriqueña es la que impuso Estados Unidos a España como parte del Tratado de Paris: la deuda colonial cubana dijo entonces Estados Unidos es una deuda odiosa colonial y corresponderá a la potencial colonial española asumirla. Así se hizo. Por tanto, es doctrina vigente y obligatoria en su sistema de derecho anglosajón. Aunque ya también es norma obligatoria en el derecho internacional que acogió y ha expandido a otras variantes esa doctrina de deuda odiosa.

El nombre de deuda odiosa no es un capricho. Es el nombre de una doctrina legal. Y en el caso de Puerto Rico corresponde a la potencia colonial Estados Unidos asumirla, expropiarla y pagarla a los acreedores. No es asunto de poca monta. No insistan sectores en una campaña de desinformación incompleta. Vinculen la auditoría ciudadana necesaria de los contratos de deuda  a la denuncia y auditoría de cómo ha operado el sistema colonial para  que Estados  Unidos pague la deuda odiosa pública a los acreedores y a su vez investigue y encause a los culpables de corrupción.  Ello conviene a todos los sectores ideológicos para agrupar una amplia convergencia del pueblo. Montarse en campañas cómodas aceptables y que no señalan al imperialismo a la larga y a la postre los hará cómplices de la destrucción de los sectores más humildes y sus derechos humanos. Eso la historia se encargará de ajustar cuentas. Cuando se traicionan los mejores intereses de los pueblos humildes no hay absolución en la historia.




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