Andrés Fortuño Ramírez

Punto de vista

Por Andrés Fortuño Ramírez
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Regresar a Puerto Rico

Desde que me mudé a la Florida me han hecho la pregunta más de mil veces. ¿Volverías a vivir en la isla? Mi respuesta siempre es la misma: “Claro que sí, Puerto Rico siempre será mi casa”. El problema comienza con la suma y resta de lo que hace falta para vivir bien en el terruño. Como es normal, todo empieza por las finanzas.

Lo primero es el empleo. No solo que aparezca uno relacionado a tu profesión, pero que la remuneración sea buena para vivir dignamente. No tiene que pagar una millonada, pero sí lo suficiente para mantener la misma calidad de vida que tenías antes de regresar. A juzgar por la situación que atraviesa el país, estas oportunidades andan escasas.

También es inevitable comparar gastos. El primero en la lista es la electricidad. Ya de entrada uno sabe que el gustito del aire acondicionado por toda la casa estará limitado a las habitaciones y a la hora de dormir. Al ver las exorbitantes facturas de amigos y familiares en la isla, uno empieza a sudar desde lejos.

El costo y disponibilidad de muchos productos y servicios es otro factor determinante. He comparado precios de conocidas megacadenas y en la isla todo cuesta casi el doble. También pienso en los sistemas arcaicos en las agencias de gobierno, los apagones repentinos, las visitas al mecánico por boquetes y escombros en las carreteras. Nada, que en la suma y resta te enteras de que el añorado regreso no es tan fácil como tú quisieras.

Igual todos los años regreso de vacaciones. Me reúno con la familia, encuentro viejos amigos en la panadería de la esquina. Voy al Viejo San Juan, a la Placita de Santurce, paseo en bote por La Parguera, como pulpo en Boquerón, y entre tanto ajetreo se me enredan las cuentas. De pronto me encuentro sonreído mirando hacia el horizonte y vuelvo a escuchar la trillada pregunta. Esta vez, yo mismo me contesto: “Claro que volvería, Puerto Rico siempre será mi casa”.


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