María Enchautegui

Punto de vista

Por María Enchautegui
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Regreso a la escuela y pobreza

Otro año escolar comienza junto con el peregrinaje de cerca de 300 mil niños, en su mayoría pobres, a las escuelas públicas, las que impactan al 90 por ciento de los niños y niñas pobres de Puerto Rico.

La pobreza afecta el desarrollo emocional, cognitivo y académico de los niños. Los niños y niñas pobres se involucran menos en actividades extracurriculares enriquecedoras; hacer asignaciones, preparar proyectos y buscar material didáctico de referencia se les hace más difícil. Solo el 30% de los hogares bajo el nivel de pobreza tienen una computadora (en comparación con el 60% de los hogares que no son pobres) y son menos probables de tener conexión al internet.

El gobierno de Puerto Rico no parece comprometerse de una vez y por todas con los niños y niñas pobres. El presupuesto de programas de alto impacto en los niños se redujo en 15% entre 2014 y 2019, en comparación con una baja en el presupuesto de 9% en las partidas que no son de alto impacto para la niñez.

De todos los fondos públicos para la niñez, el 47% se allega a través del Departamento de Educación (DE). No obstante, el presupuesto de la agencia se redujo un 26% en los últimos cinco años. Aun hoy, cuando hay menos niños y niñas, las inversiones por estudiante son inadecuadas. El gobierno no asigna una partida fija a la educación; su presupuesto se modifica de acuerdo a la disponibilidad de fondos federales, dificultando la planificación a largo plazo. Tampoco tenemos suficiente rendimiento de cuentas en cuanto a cómo se gastan los fondos y cuáles son los resultados, de manera que redunden en un mayor bienestar para los niños y niñas.

El DE recibió $589 millones bajo el programa RESTART de recuperación tras el huracán María. Pero a marzo de 2019 solo había gastado el 4% de esos fondos, según un informe del Inspector General de Educación federal. En 2011, bajo el programa ARRA de estímulo económico por la recesión, el DE recibió poco más de $1,000 millones. Pero, de acuerdo a testimonios en vistas públicas de marzo de 2013, con esos fondos se pagaron gastos recurrentes como energía eléctrica, agua potable y nómina. Los fondos para mejorar el aprovechamiento de las escuelas rezagadas apenas llegaron a 29 escuelas, en vez de a las 63 que se habían identificado, según el mismo testimonio.

Además de hacer las inversiones necesarias en la niñez, rendir cuentas sobre su efectividad y destinar fondos a programas que tengan resultados, hay otras políticas públicas que pueden poner a los niños y niñas pobres en camino a un mejor futuro. El porcentaje de niños y niñas que asisten a programas pre-escolares ha aumentado en los últimos años y la matrícula en esas edades se encuentra en 60%. Dado los retos que presenta la pobreza, este porcentaje debería aumentar pues la educación temprana es crítica en el desarrollo de la niñez.

Apoyar la transición de las madres al mundo del trabajo es crucial, así como hacer los programas de ayudas del gobierno más amigables para las familias trabajadoras. Las escuelas con centros de servicios integrados con base en modelos de dos generaciones están dando frutos en distritos escolares en los Estados Unidos con poblaciones con altos niveles de pobreza.

Hagamos del regreso a la escuela, no un evento rutinario, sino una oportunidad para comprometernos con erradicar la pobreza de la niñez y eliminar sus consecuencias nefastas.

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