Carlos M. Rodríguez

Punto de vista

Por Carlos M. Rodríguez
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Reinvención y resiliencia ante la reapertura

Luego de sobre 45 días del cierre de negocios impuesto por el gobierno, finalmente anunciaron que podemos comenzar paulatinamente a regresar a lo que algunos denominan la normalidad. Si bien podemos recibir el anuncio como buena nueva, la realidad es que las cosas no pueden ser idénticas a como eran antes de que comenzaran las medidas gubernamentales para controlar los efectos del COVID-19 en nuestra Isla. 

Esto, pues cada uno de nosotros continúa siendo responsable de evitar la propagación del virus a nivel individual. Además, la manera en que hacíamos negocios ha cambiado o se verá obligada a cambiar. Por ejemplo, los negocios tendremos que poner en vigor una serie de medidas para evitar la conglomeración de clientes y asegurar la seguridad de nuestros empleados. Además, en vista de todas las legislaciones federales y estatales aprobadas recientemente, los dueños de empresas debemos tener sumo cuidado en cuanto a cómo hacemos negocios, pues es posible que alguna de estas leyes relámpago hayan trastocado la manera en que tomábamos decisiones.

No cabe duda de que el poder volver a operar con más regularidad beneficia la economía de Puerto Rico, o por lo menos detiene el impacto negativo que causó el cierre casi total de la Isla. Del mismo modo, la apertura nos permite que las empresas locales podamos volver a generar nuestro sostenimiento. Esto, a su vez -se supone- debería dar tranquilidad a los empleados de nuestras empresas, pues tendrían más certidumbre en que sus trabajos (e ingresos) están seguros. Más aun, existe un tremendo beneficio a la salud mental de todos los que estaban sujetos al toque de queda, pues podremos volver (aunque de manera limitada) a interactuar con otras personas.

Por el contrario, el volver a la normalidad pudiese representar un arduo quehacer. En primer término, existe incertidumbre de si el virus está realmente contenido. Por ende, los negocios tenemos que tomar medidas para evitar la propagación del virus, lo cual encarecerá nuestro costo operacional. En segundo término, es evidente que las operaciones de muchos negocios no vuelvan a tener la misma demanda que en el pasado, lo cual ocasionará una merma en los ingresos proyectados aun mayor a la ya experimentada. Como si lo anterior no fuese suficiente, existe un marco normativo legal nuevo aplicable, lo que pudiese exponer a los negocios a violentarlo por el desconocimiento de este. 

Como toda decisión, al tomarse, existen ventajas y desventajas asociadas. En el caso de la reapertura de los negocios, es necesario asegurar que la economía local no sufra más de lo que ya ha sufrido por el COVID-19. No obstante, debemos ser cautelosos en esta acción. En fin, si bien podemos recibir el anuncio como buena nueva, debemos estar atentos, pues muchas cosas han cambiado o cambiarán. Para muchos de nosotros es de suma importancia reinventarnos para así superar esta crisis. 

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