Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Reinventando a Puerto Rico desde la quiebra

Gustavo Vélez

Es un hecho que el gobierno de Puerto Rico ha quebrado. El 1 de mayo de 2017 hicimos historia al convertirnos en el primer gobierno estatal dentro de los Estados Unidos en radicar una quiebra bajo un experimento legal y económico llamado Promesa. El marco jurídico provisto por ese estatuto federal permitió que el gobierno enviara a Título III el 70% de su deuda pública, incluyendo la deuda constitucional, COFINA, y la deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

Luego de radicar la quiebra, jamás sospechamos que cuatro meses más tarde nos pasaría por encima el peor huracán que haya pasado por la isla. Detrás de la tragedia, las muertes, el dolor y sufrimiento humano que aún hoy persiste en sectores de la isla, el devastador “María” abrió acceso a miles de millones de dólares para reconstruir al país. No obstante, me parece que aún no se reconoce la dimensión histórica y decisiva que los eventos anteriormente descritos representan para nosotros y las futuras generaciones.

He revisado la historia del siglo XX, y no he encontrado una coyuntura tan crucial y retante como la que hoy vive Puerto Rico. Posiblemente, el período de 1933 al 1948 es el que mayor similitud guarda con el presente que vivimos. En ese período, eventos globales como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial precipitaron cambios estructurales a nivel político y económico que nos abrieron la puerta al período de expansión y bonanza que concluyó en el 1996.

Contrario a la época anteriormente descrita, hoy el rediseño o reinvención de nuestro futuro económico no está bajo nuestro control. En las décadas del 1930 y 1940, no es que todo el proceso estuvo controlado localmente, pero sí hubo un alto grado de participación de fuerzas políticas y económicas locales.

Hoy, lamentablemente por la falta de consensos y la incapacidad de buscar soluciones desde adentro, la quiebra gubernamental ha puesto en las manos de la jueza federal Laura Taylor Swain y una Junta de Supervisión Fiscal (JSF) la reinvención de Puerto Rico. Esa realidad, además de trágica y dolorosa, limita el espacio de participación de los diversos sectores del país.

El no haber actuado a tiempo, como planteamos diversas voces desde que comenzó la depresión económica criolla, nos llevó a la quiebra y luego la imposición de una sindicatura federal. La inacción, producto del partidismo excesivo y la falta de concertación, nos ha colocado en un punto de indefensión ante los dolorosos procesos de ajuste fiscal y económico.

Serán la jueza Taylor Swain y la JSF, guiados por Promesa –que para todos los efectos prácticos es una ley de quiebras– los que tomen las decisiones fundamentales sobre nuestro futuro fiscal y económico. Por no haber actuado a tiempo, hoy todos nos hemos convertido en meros espectadores dentro de un proceso largo, complejo y doloroso.

Gobierno y gasto público reducido: El Puerto Rico que saldrá luego de la quiebra será uno muy diferente al que vivíamos antes del colapso fiscal y la insolvencia. Uno de los grandes cambios se verá en el mismo gobierno. Podemos comenzar a olvidarnos del gobierno grande y que gastaba sin límites. Veremos la reducción del gobierno, del gasto y de servicios públicos.

El fin de las corporaciones públicas: Las corporaciones públicas como la AEE, la Autoridad de Puertos, la Autoridad de Carreteras, entre otras que fueron punta de lanza del despegue económico de la isla, hoy están insolventes y serán privatizadas. Será la gestión privada la que se haga cargo de la infraestructura del país.

La deuda será solo para la inversión: Cuando Puerto Rico regrese a los mercados de capital, la nueva deuda será para financiar infraestructura bajo modelos de alianzas público-privadas. El uso de deuda para financiar gastos recurrentes quedará en el olvido.

El fin del estado benefactor: Una de las reformas institucionales promovidas por la actual administración, que es promover que la población hábil para trabajar se incorpore al mundo laboral, pone fin al estado benefactor como lo conocíamos. No habrá los recursos para financiar todos los programas de beneficencia social como los conocíamos antes.

Un sector empresarial grande y líder: Por décadas, el sector empresarial ha reclamado mayor espacio en la gestión económica. Ahora le llegó el momento de poner en acción todas las propuestas que históricamente han hecho, y más importante aún, invertir sin timidez en el futuro económico de Puerto Rico. La creación de riqueza debe gestarse desde un sector privado líder, visionario e independiente del gobierno.

La historia nos demuestra que Puerto Rico no es la primera economía ni la última que pasará por un proceso de quiebra. No obstante, la coyuntura requiere un gran sentido de responsabilidad y disciplina por parte de todos nosotros, para implementar las reformas radicales que encarrilen un proceso de recuperación que nos devuelva a la ruta de la estabilidad y el progreso económico.

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