Mercedes Martínez Padilla

Punto de vista

Por Mercedes Martínez Padilla
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Repudiable ataque a sindicato magisterial

La ética es ese conjunto de normas que dan valor y dirigen nuestro comportamiento. Es el cúmulo de principios morales y valores que nos definen como personas. Sirve, en cierto sentido, para trazar la línea de lo que es o no permitido. Nada justifica que trasgredamos la ética que nos define.

Por eso no deja de lastimarnos comportamientos que nos recuerdan que aún nos falta crecer como individuos y sociedad.

La Federación de Maestros ha denunciado que las cuentas y teléfonos de dirigentes y personal del sindicato fueron nuevamente “hackeados”. Se trató en esta ocasión de los números de esta servidora, así como de Edwin L. Morales Laboy, vicepresidente; Noelanie Fuentes, vicepresidenta de la Local de Río Grande y; Carlos Fortuño Candelas, encargado de Prensa y Medios.

Se trata de un ataque concertado contra nuestro sindicato.

Estas acciones constituyen delitos y han sido reportadas a la Policía y a las autoridades federales. De reunirse la prueba para procesar al responsable de estos hechos, buscaremos que se le aplique todo el peso de la ley.

Este tipo de intervenciones siempre ocurre cuando estamos desarrollando una denuncia intensa sobre los abusos del patrono contra el magisterio, los niños y la educación pública.

En este momento la FMPR está luchando junto a decenas de comunidades escolares contra los cierres, el desplazamiento de maestros y por la educación de nuestros niños y niñas.  Las acciones de la Secretaria de Educación, Julia Keleher, dejarán en la calle a miles de maestros y obligará a trasladarse a escuelas receptoras a unos 27,000 estudiantes.

El ataque cibernético persigue crear desasosiego, afectar el trabajo de la Federación de Maestros y desprestigiar a sus líderes, miembros y personal. Busca también obtener información de las conversaciones internas. Desde las cuentas intervenidas la persona pública fotos pornográficas y envía mensajes a los contactos con insultos y contenido desagradable. 

Todo lo anterior, además de mostrar la calidad moral de quien realiza estos actos, es un delito y como tal insistiremos que se trate.

Algo si debe entender el que efectúa el "hackeo": nuestro compromiso es inquebrantable y no podrán detener nuestra lucha en defensa de la educación pública. Hoy más que nunca el llamado es a redoblar esfuerzos, a oponemos al cierre de escuelas, a defender los derechos de los maestros que quieren declarar excedentes y a dar la pelea por nuestros niños y niñas.

Repetimos, nada justifica que trasgredamos la ética que nos define. Representamos la profesión más digna y hermosa. Formamos el futuro. Tenemos el mandato moral de dar “la buena batalla”

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