Héctor Luis Acevedo

Tribuna invitada

Por Héctor Luis Acevedo
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Requiem por Héctor Cardona

Para el puertorriqueño el deporte es mucho más que formación y recreación, es la frontera de su identidad propia y la afirmación de sus esencias de pueblo. Con estas palabras el presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico y el Alcalde de San Juan radicaron en Suiza la candidatura de Puerto Rico para las olimpiadas del 2004.

Conocí a Héctor Cardona de la mano amiga de don Germán Riekehoff Sampayo el legendario líder olímpico. Eran personalidades contrastantes, uno impulsivo, otro mesurado, uno tajante, el otro moderado en sus expresiones. Cardona supo crear su propio perfil de liderato y llenar los inmensos retos que se tienen cuando se sucede a un líder épico.

Por más de 30 años supo ser un amigo leal en las buenas y en las malas. Estuvimos juntos cuando en los juegos panamericanos en Río de Janeiro Puerto Rico le ganó en el último evento la medalla de oro en gimnasia a Estados Unidos y a Brasil. Éramos 25 boricuas y cinco mil brasileños en el estadio, pero formamos una algarabía tal que nos dejamos sentir.

Al salir en la guagua del Comité Olímpico junto a Cardona nos encontramos en la acera sentados a nuestros gimnastas, pues lo habían dejado a pie con sus medallas. Cardona riéndose le dijo “muchachos entren y acomódense como puedan” y así, casi saliéndonos por las ventanas regresamos triunfantes. Con la alegría nadie se quejó, sino que fue parte del triunfo y la leyenda.

En Atlanta en las Olimpiadas de 1996 tuve que regresar de urgencia a Puerto Rico y Héctor me dijo “deja a Luis conmigo que yo me encargo”. Dejar allí a hijo menor no era decisión fácil, pero hoy todos recordamos su gesto paternal como la marca de su humanidad. Y los cuentos de Luis y Cardona siempre son parte de nuestra conversación.

Estuvimos juntos cuando los ataques públicos y privados en esos años que no deseamos destacar. A pesar de los triunfos y las derrotas nunca dejó de ser quien era.

Nunca supe, ni pregunté sus preferencias políticas, pues sabía que su partido era el olimpismo y sus causas las de Puerto Rico.

Lo vi crecer en su posición y establecer relaciones internacionales verdaderas al punto de ocupar el puesto de presidente de los Juegos Centroamericanos y del Caribe por más de una década, el más alto al presente de un boricua en la diplomacia deportiva y cultural.

Cuando enfermó le llamé dos veces y me dijo que estaba en reuniones de los juegos de Barranquilla del año que viene. Le increpé sobre la necesidad de descansar, pero esa era su vida la cual rindió por nuestra gente hasta el final.

Le recuerdo por sus lealtades grandes sobre las pequeñas, por su hombría de bien, por ser un ser noble y que puso el nombre de Puerto Rico primero.

Cuando desfilen nuestros atletas en Colombia llevado nuestra bandera, él estará desfilando en las miradas lejanas de nuestros niños que saben que pueden aspirar a representar a su gente por derecho propio, porque Héctor Cardona junto a otros denuestros héroes, abrieron el camino y mantuvieron con sus vidas la bandera en alto.

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