Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
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Réquiem por la escuela pública

El Departamento de Educación cerrará 179 escuelas públicas.

Gerardo inició su vida estudiantil en la escuela pública elemental Equis. Al principio se quedaba a mitad de camino entre su casa y la escuela. Mataba la mañana en el parque de los columpios y las chorreras. Luego regresaba a su casa. Sus padres le preguntaban por sus clases, sus maestros, sus compañeros, y Gerardo contestaba con evasivas. La carta enviada por misis Reymundí aclaró todo. Gerardo confesó que el mundo desconocido de la escuela lo asustaba.

A los tres meses se había integrado a la excitante aventura escolar. Aportaba buenos comentarios en la discusión diaria que se suscitaba en el salón de clases. El “corned beef” y los “spaguettis” que servían en el comedor se convirtieron en sus platos predilectos. Su buena estatura lo colocó en el bando ganador en la competencia de tirar de la cuerda, que era el evento cumbre del “field day”. Y para culminar este primer año de ensueño, fue escogido para personificar al Príncipe de Blancanieves junto a Edna, la nena más linda de la escuela.

La matrícula escolar ha caído 42% en las últimas tres décadas y se prevé una baja adicional de 22% en los próximos años. De otra parte, alrededor de 27,000 estudiantes de kínder a duodécimo grado serán reubicados a otros planteles el próximo año escolar.

Misis Vives, la directora de la escuela pública intermedia Ye, y míster Valbuena, el maestro de Estudios Sociales, pasaron trabajo para separar a Bracero y a un desconocido. Gerardo presenció la pelea con el corazón encogido. Alguien le explicó que Bracero era de Vista Alegre, y el intruso era de Los millones, dos barriadas que se odiaban a muerte.

Bracero entró al salón cuando ya había comenzado la clase. Una libreta enrollada, metida a presión en el bolsillo trasero del pantalón, era su única herramienta de trabajo. Misis Landrón lo sentó junto a Gerardo para que leyeran del mismo libro. Gerardo se atrevió a prestarle un lápiz al matón, para que pudiera contestar las preguntas del manual de ejercicios.

Gerardo conoció a Olga en las clases de guitarra que ofrecía míster Scharrón. Se hicieron novios. Un mediodía, mientras ambos saboreaban una piragua, un muchachón espigado se puso fresco con Olga. Gerardo le salió al paso y el mozalbete lo tiró al piso de un empujón. La piragua de frambuesa le manchó la camisa a Gerardo. Este se incorporó para responder a la agresión, y de alguna parte surgió la figura intimidante de Bracero. “¿Tú quieres que yo te parta la cara?”, gruñó el de Vista Alegre. El abusador se esfumó. Bracero saludó con un gesto amistoso a Gerardo que sonrió agradecido.

Entre las escuelas cerradas hay planteles con ofrecimientos de Educación Especial.

Luz del Carmen, la presidenta de la clase graduanda de la escuela pública superior Zeta, invitó a Good For Nothing a participar en una actividad artística destinada a recaudar fondos para la graduación. Gerardo se preguntaba cómo aquella “nerda” podía estar interesada en la música escandalosa de su banda de rock. Aceptó la invitación.

El público que asistió a la actividad quedó fascinado con la intervención de Gerardo y sus roqueros. Luz del Carmen agradeció emocionada la aportación musical de Good For Nothing. “Algún día serán famosos”, vaticinó la bonita presidenta.

Gerardo y Luz del Carmen fueron juntos al “Senior Prom”. Bailaron toda la noche. Se besaron cuantas veces quisieron. Regresaron del festejo con los padres de la muchacha. Gerardo, que se había dado unos tragos de más, quiso seguir besando a su novia, pero el padre de la joven encendió la luz interior del vehículo, y puso el ojo en el espejo retrovisor.

En total, 2,088 docentes iniciarán el próximo año escolar en otro plantel. No se descarta que algunos educadores tengan que ofrecer clases de una materia que no es su especialidad.

Había quorum suficiente como para poder tomar una decisión: seguir en la huelga o abrir los portones de la Universidad. Gerardo recordó que varios recintos ya se habían rendido. Marielis y él pensaban que ellos y sus compañeros de lucha se habían sacrificado demasiado, como para entregar las armas a cambio de nada.

Sus padres lo apoyaban, pero estaban muy preocupados porque lo veían demacrado, desaliñado, desgastado por las muchas noches perdidas, las tensiones, y el temor a ser arrestado. El apoyo mayor lo recibía de Marielis. Su novia se mostraba segura de lo que hacía, y le infundía ánimo cuando lo veía alicaído. “Levanten la mano aquellos que estén a favor de que la huelga continúe”, se oyó decir a alguien por los altos parlantes.

La noticia sobre el cierre de las escuelas aumenta la preocupación de que la migración de puertorriqueños pueda incrementarse. Casi 450,000 isleños salieron en la última década de Puerto Rico hacia Florida y otras partes del territorio continental de Estados Unidos para escapar de la crisis económica.

En los actos de graduación de la Universidad de Puerto Rico, Gerardo y Marielis, ataviados con toga y birrete, recibieron de manos del Presidente de la institución, una maleta negra con rueditas. Al bajar del proscenio, se sumaron a la larga fila de estudiantes vestidos con toga y birrete que arrastraban una maleta similar a la que Gerardo y Marielis acababan de recibir. Caminaban cabizbajos y en silencio. No había alegría en sus rostros. Una flota de guaguas los esperaba para llevarlos al aeropuerto.

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