Edgardo Rodríguez Juliá

Puertorro Blues

Por Edgardo Rodríguez Juliá
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¿Réquiem por un país?

U n artículo titulado “El bloqueo consentido”, escrito por la distinguida socióloga Marcia Rivera, me obliga a reconocer que me he quedado sin país, que lo que siempre supuse el arco de mi vida fue una falsedad. La amiga Marcia Rivera intenta convencernos de que Puerto Rico ha vivido más de cien años de opresión política.

El artículo comienza celebrando el posible cese del bloqueo de Cuba por los Estados Unidos y lo compara con el “bloqueo que se impuso a Puerto Rico desde 1898”. Según la escritora, las consecuencias de nuestro “bloqueo” han sido “devastadoras”. Decir que ese bloqueo es comparable al de Cuba no es justo ni con los cubanos ni con Puerto Rico.

Es necesario que se levante el bloqueo a Cuba. Reconozcamos, sin embargo, que Cuba ha podido comerciar con buena parte del mundo y su economía sigue siendo precaria. Cuando la Dra. Rivera señala que nuestro “bloqueo” “circundó la capacidad de desarrollar habilidades y talentos”, pienso en el verdadero bloqueo de los cubanos por razones ideológicas: “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”. Estas palabras de Fidel Castro a los intelectuales las ha olvidado la amiga, lo mismo que el juicio estalinista a Heberto Padilla, la persecución de los homosexuales que llevó al exilio a Reinaldo Arenas. Además, ¿qué hay del exilio interno de Lezama Lima y el real de mis buenos amigos Jesús Díaz y Antonio Benítez Rojo?

En otro párrafo nos cuenta que nuestro bloqueo “nos incomunicó con el resto del mundo, encerrándonos en la jaula territorial, de la cual nadie sale sin permiso”. A raíz de su graduación de la Universidad de Puerto Rico, nuestra socióloga estableció, junto a otros jóvenes universitarios, el Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña, CEREP, extraordinaria organización de la cual surgió buena parte de la nueva historiografía y sociología puertorriqueña. Parte del financiamiento de CEREP provenía de fundaciones norteamericanas. ¿Es eso un bloqueo de nuestros “mejores talentos y habilidades?”

En otra jeremiada se lamenta de que el bloqueo a partir de 1898 nos ha impuesto “su comida residual, sus automóviles, sus diseños de casas y los onerosos patrones de consumo que hoy nos asfixian”. Planificamos mal un tren urbano con fondos federales y el yanqui es el culpable de que no sirva, sin reconocer que la transportación pública, a nivel mundial, está fatalmente mediatizada por el automóvil. Llegar a la clase media y desear un auto parece ser lo mismo. El síndrome de los centros urbanos desolados y la creación de la vida suburbana se ha dado en todo el orbe, excepto en ciudades o barrios museos como París, Roma, Barcelona, Georgetown en Washington, el Viejo San Juan, sitios cada vez más prohibitivos para una clase media que casi universalmente vive en las llamadas “ciudades dormitorios”.

Nos habla del “bloqueo a la libertad de pensamiento y expresión". No puedo reconocer ese país que ha sufrido la amiga. Sí existió la infame Ley de la Mordaza, pero el poeta Francisco Matos Paoli, quien cruelmente fue condenado a cárcel por esa ley, a los pocos años de pasar por dicha ordalía fue designado Poeta Residente de la Universidad de Puerto Rico. Mi generación de escritores se ha desarrollado —con excepción de un secretario de Educación penepé— sin grandes tropiezos con la censura gubernamental o periodística.

Nuestra generación literaria no ha sido “invisible”. Ana Lydia Vega y Rosario Ferré son leídas y estudiadas en Latinoamérica y en ese Imperio de la Maldad que es los Estados Unidos. Luis Rafael Sánchez y yo podemos testimoniar la curiosidad crítica que han suscitado nuestras obras en el Cono Sur. Nuestros escritores posiblemente sean mejor conocidos que sus colegas salvadoreños o dominicanos. El Premio Rómulo Gallegos a Eduardo Lalo es un hito importante en esa trayectoria. La doctora Rivera, que ha tenido destacados puestos en organizaciones mundiales y latinoamericanas, es el mejor testimonio, para orgullo nuestro, de que no estamos tan cautivos.

Nuestra generación de intelectuales se formó en la Universidad de Puerto Rico, pero también en La Sorbona, Harvard y el London School of Economics. Algunos de esa generación han enseñado en dichas instituciones, como Arcadio Díaz Quiñones en Princeton. Otros, como Luce López Baralt y Arturo Echavarría, prefirieron dedicarse a la docencia de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, sin menoscabo de sus magníficas carreras como autoridades mundiales en sus respectivas disciplinas.

Cuando hablamos de nuestros males, también debemos reconocer nuestros bienes. Es un buen consejo para nuestros nietos.

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