Edgardo Manuel Román Espada

Punto de vista

Por Edgardo Manuel Román Espada
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Resiliencia: Acto Tres

Resiliencia no es sinónimo de resignación. Se trata de una actitud, una capacidad para enfrentar situaciones graves. En tiempos post María, aprendimos el significado de ser resilientes. Los sismos recientes nos lo recordaron. Ahora, un organismo microscópico habla fuerte y claro. La amenaza de otro desastre está de visita en casa.

La resiliencia es el instrumento efectivo de uno de los dos vectores de la atención a los problemas: el pueblo. El otro vector le corresponde al gobierno.

Del primero, es notable esa capacidad que hemos demostrado de enfrentar las adversidades con el poderoso instrumento de la solidaridad. El pueblo responde desde su realidad, para muchos desde una situación de precariedad; para los menos, desde la comodidad de poder contar con recursos suficientes para atender sus necesidades fundamentales. En todo caso, el potencial contagio del virus COVID-19 es mucho más democrático e inclusivo que nuestra economía.

El segundo vector de respuesta, el del gobierno, ha mostrado un importante giro, a partir de la declaración de estado de emergencia. Desde entonces, se han decretado unas siete órdenes ejecutivas, se anunció un plan de alivios económicos y se ha brindado orientación a los patronos y empleados asalariados. Los efectos de estas medidas en una economía deprimida están por verse.

Las medidas de control de puertos y aeropuertos son centrales, y confiamos en que sean efectivas. La adopción de una política salubrista recomendada por una comisión no partidista de expertos es, sin duda, uno de los atributos del giro del gobierno en la atención de la amenaza de contagio del coronavirus. Los partidos, candidatos, y demás entidades han mantenido una postura propia para el momento. El debate político ha cedido ante la urgencia de hacer efectiva la política pública de distanciamiento social.

Enfrentamos retos gigantescos. Urge ampliar el número de pruebas diagnósticas accesibles y con resultados más inmediatos. La necesidad de mayor cantidad de camas de hospital, equipos de atención de urgencias, ventiladores en el caso en que el virus se propague masivamente, la crisis económica que nos acompaña hace años, las obligaciones desproporcionadas de pago de la deuda, el empobrecimiento e inequidad creciente, el envejecimiento de la población necesitarán de nuevos entendimientos, enfoques y políticas económicas fundamentadas en el poderoso instrumento de una resiliencia solidaria. El pueblo enseña la ruta. Si el Estado se vuelca a la gente, a sus colegios profesionales, sindicatos, asociaciones y la academia, podrá replicar lo aprendido como producto de la pandemia: escuchar a expertos que hablan no desde la confianza partidista, sino desde el conocimiento y el compromiso.

El Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, a 180 años de su fundación, tiende su mano solidaria dispuesta al trabajo por una resiliencia que propendaal cambio que el País clama.

Resiliencia: Acto Tres: ¡subamos el telón!

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