María de Lourdes Martínez

Desde la diáspora

Por María de Lourdes Martínez
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Resiliencia y solidaridad para Puerto Rico

Hace unos meses decidí irme de Puerto Rico con el fin de seguir estudiando y crecer profesionalmente para en un futuro regresar y devolverle a País todo lo que me ha dado. Entre todos los escenarios posibles que imaginé, jamás pude anticipar una circunstancia como la que hoy vive mi patria. Estoy a miles de millas de distancia, sin poder hablar con mis padres hace una semana. Mi realidad no es única, la viven millones de puertorriqueños alrededor del mundo. Como muchas otras familias, e imaginando mi angustia, la mía ha buscado todos los medios para dejarme saber a través de terceros, que están bien.   

Mientras siento el vacío de no poder escuchar o ver a los seres que amo, mi dolor se ahonda con las imágenes desoladoras de la devastación física y humana que ha sufrido Puerto Rico. Pero ese dolor se ha ido paleando poco a poco con todas las acciones inmediatas solidarias que orgánica e institucionalmente se han organizado desde estados y países para allegar recursos. Espero que la ayuda llegue a tiempo y a donde más se necesita.

Los esfuerzos mencionados encienden la mecha de la esperanza. Pero más alientan los reportes continuos de solidaridad comunitaria que ha emergido a raíz ante la desgracia. Y es que dentro de la angustia y la tristeza de tantos puertorriqueños que han perdido su techo, sus pertenencias o están ante un panorama de incertidumbre absoluta, ha resurgido una de las fortalezas de los puertorriqueños: la solidaridad. Siempre la llevamos, pero en pocas circunstancias se nos es evidente y a flor de piel. Desde la distancia, he visto muchas noticias de vecinos ayudándose, procurando el bien del prójimo, profesionales ofreciendo servicios de manera gratuita y personas tomando por iniciativa propia ayudar a las instituciones, así como al Gobierno, que no puede hacerlo todo y por sí solo. La solidaridad puertorriqueña hoy es noticia a través de los medios nacionales e internacionales. Es noticia gracias a los ciudadanos que comparten y dan gracias y porque somos afortunados de contar con fotoperiodistas y periodistas que, lejos de sus familias, no han descansado desde antes del Huracán. Percibir la solidaridad y conocer la labor titánica de tanta gente no es otra cosa que un bálsamo para quienes hemos sufrido la catástrofe desde lejos de nuestros seres queridos.

He leído en redes que hoy Puerto Rico se levanta. Luego de lo dicho y a una semana del paso del huracán María, no puedo afirmar sin inquietud o cuestionamiento que “Puerto Rico se levantará”, porque por lo percibido y lo sentido, es cierto que no hay fuerza natural capaz de mancillar el espíritu y la solidaridad de los puertorriqueños. Hemos sufrido, llorado y lamentado pero la resiliencia puertorriqueña es más fuerte, se percibe y se siente. Estamos de pie y seguiremos, desde el País y fuera de la Isla, con más ganas que antes.

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