Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
💬 0

Resistir está en nuestra naturaleza

En momentos difíciles es cuando más necesitamos educarnos para la fortaleza, resistencia y lucha. El conocimiento es poder, decía el filósofo Foucault. Y la responsabilidad del buen uso de ese conocimiento, decía el psicólogo humanista Rollo May, es la llave de la libertad responsable humana con la que abrimos caminos para escoger la forma en que existiremos buscando felicidad y auto-realización. 

Educarse es el camino correcto para enfrentar y detener la pandemia, con responsabilidad, ciencia y disciplina. 

Como solución experimental a la crisis de salud, se han impuesto medidas extraordinarias de control social en distanciamiento social, toques de queda y bloqueos de fronteras. La tarea de quedarse acuartelados, voluntariamente o no, es la gran responsabilidad social operacional que enfrentamos al momento. Sin excepciones, dilaciones ni dudas, cada uno de nosotros tiene que hacer un verdadero esfuerzo de quedarse en los hogares, regiones y países para detener el contagio vertiginoso del coronavirus. 

Pero sabemos que es fácil decirlo y no tanto cumplirlo. Esa es la complejidad humana. Tan pronto se prohíbe algo, la persona se dispone a llevar la contraria. No en vano, decía un famoso psicólogo sobreviviente del holocausto, el Dr. Viktor Frankl, que la mejor forma de hacer que alguien hiciera algo era prohibiéndoselo. Esa instrucción es tan consistentemente efectiva que Frankl decidió incorporarla como una estrategia formal de su sistema de psicoterapia. La nombró “intención paradójica”. 

Enfrentamos una situación de prohibiciones macro-sociales y transnacionales sin precedentes. Como es de esperarse, algunas personas toman riesgos de contagio desafiando la nueva normalidad regulativa del distanciamiento y encierro. Funcionarios gubernamentales han amenazado con aplicar la ley marcial para obligar al desobediente a cumplir con su responsabilidad ciudadana de encierro o distanciamiento. 

En todas partes del mundo hay gente retando prohibiciones y fallando, a conciencia, a su responsabilidad social. ¿Qué podemos hacer para no convertirnos en otra Italia? Hay que seguir repitiendo “ad-nauseaum” lo básico hasta que el mensaje se entienda y aplique. Está probado que el contacto aumenta las probabilidades de contagio. Si no logramos romper las cadenas de contagio poco vamos a poder hacer sin vacunas ni tratamiento garantizado. Esa es la lección que los italianos ahora comunican por las redes sociales, que no subestimemos el poder fatal de este virus ni ignoremos las recomendaciones de aislamiento.

El famoso psicoanalista Sigmund Freud decía que el ser humano temía tanto a la muerte que no solo la negaba sino que también la retaba inconscientemente. Esta reacción emocional a largo plazo, sin embargo, es inmadura y tiene su límite, o tope, pues la negación pospone pero no detiene el curso de las consecuencias. Tenemos que superar la infantilidad y trivialidad con las que algunas personas reaccionan al peligro, ayudándoles a entender una simple formula: todo lo que yo hago afecta a los demás y al revés. Esa relación es intrincada e innegable.

Somos seres multidimensionales en búsqueda del sentido de la vida. Esto debe ocurrir dentro de parámetros definidos de responsabilidad con nuestra libertad. Tenemos que actuar bien, ser moralmente correctos, si queremos respetar la vida. No debe haber dudas de que proteger la familia, vecinos y compatriotas es un deber moral imperioso y urgente. 

Dejémonos inspirar por los buenos ejemplos. Hemos sido testigos de comportamientos pro-sociales de magnificencia poética que respetan el distanciamiento preventivo proponiendo experiencias alternas de conexión humana. “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, dijo el escritor Eduardo Galeano. Hemos visto la magnífica resistencia humana manifestarse en simples, pero geniales y enternecedores, actos creativos dirigidos a compartir con el prójimo. 

Deseamos que cosas como esas sigan ocurriendo. Vecinos cantan desde balcones, regalan música para los oídos ansiosos del auditorio cautivo, hacen ingeniosos videos para aconsejar y entretener las mentes acongojadas, han colocado comida en las puertas de envejecientes para darles sorpresas y hasta bizcochos caseros de cumpleaños; en fin, han creado nuevas formas de conectarse con otros a pesar del distanciamiento impuesto. 

Es importante mantener la moral en alto. La actitud solidaria es esencial. La vida tiene sentido cuando demostramos y recibimos caridad, empatía y afecto; en otras palabras, cuando pertenecemos a un grupo social que nos cuida y apoya. Ayudar a los demás, además, nos brinda significado trascendental psicológico. La conexión con los otros fortalece nuestra esencia y aumenta nuestras posibilidades de éxito. El contacto físico es necesario para la vida pero, en su ausencia, también lo es el contacto emocional que nos ofrece recursos para sobrellevar la angustia, soledad y la incertidumbre del momento. Podemos funcionar como uno, todos unidos contra el enemigo si cooperamos. Recordemos después de la tormenta siempre viene la calma.


Otras columnas de Angie Vázquez

miércoles, 1 de abril de 2020

¿Por qué no es una emergencia el asesinato de mujeres en Puerto Rico?

Si se acepta una emergencia por ocho muertes por COVID-19, ¿por qué no se acepta la violencia contra la mujer como una emergencia que se sigue repitiendo sin que se articulen políticas y consecuencias férreas para detener los feminicidios?, cuestiona Angie Vázquez

domingo, 15 de marzo de 2020

Prepárese para el gran experimento social

Nunca antes el mundo, casi en su totalidad, había enfrentado un cierre tan masivo y simultáneo, que no solo impacta la salud global sino todas las esferas de la vida, dice Angie Vázquez

miércoles, 11 de marzo de 2020

El distanciamiento social ante el COVID-19

La ansiedad elevada por la soledad y el aislamiento puede ser una consecuencia tan indeseable y peligrosa como la pandemia misma, dice Angie Vázquez

lunes, 9 de marzo de 2020

La prevención del COVID 19 está en sus manos

Angie Vázquez advierte que la desinformación genera pánico; el mensaje de miedo genera inseguridad; el consumismo produce ansiedad y hostilidad; y la histeria nos hace vulnerables

💬Ver 0 comentarios