Sila María Calderón

Tribuna Invitada

Por Sila María Calderón
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¡Respeto sí, violencia no!

Escribo estas palabras como puertorriqueña y las escribo con determinación y a la vez, con dolor. No responden ellas a ninguna motivación política y mucho menos partidista. Yo no soy política. Soy servidora pública. Respeto y amo profundamente el servicio público y más que nada, quiero con todas mis fuerzas a Puerto Rico. Siempre me he sentido orgullosa de lo que soy: puertorriqueña. Me lo inculcaron desde niña. Por ello me expreso nuevamente.

La indignación de un pueblo no debe tener matiz político. Nuestra vergüenza colectiva es profunda, va directamente a la médula de nuestra naturaleza. No tiene que ver con política ni partidos, porque emana de la esencia misma de nuestra puertorriqueñidad. Tiene que ver con lo que somos como pueblo y como individuos: trabajadores, sinceros, amables, alegres, y sobre todo, respetuosos.

En otras palabras, nuestra indignación no está relacionada, para nada, con nuestras ideologías particulares. Es mucho más profunda. Tiene que ver con nuestra naturaleza como pueblo.

Más allá de este hecho, muchísimo menos se le debe otorgar un carácter violento a nuestro repudio colectivo de los recientes eventos públicos que han lacerado nuestra vida cotidiana. Ello es profundamente negativo y por lo menos, a mí, me causa mucho pesar.

Mezclar la violencia con nuestra indignación es ir contra nuestra propia naturaleza. Es emular a los que han violentado la confianza pública haciendo mal uso de fondos públicos, otorgando contratos millonarios a través de “conexiones” mal habidas, burlándose de muchos e insultando a otros, y hasta posiblemente violando leyes en secreto a través de “chats” ocultos. En fin, hacer uso de la violencia es imitar a los que, de diferentes maneras, han violado y lo más probable, seguirían violando, nuestra vida como pueblo.

¡No, señor! Nosotros no somos violentos. Y aquellos que pretenden infiltrar la violencia en nuestras manifestaciones merecen nuestro repudio total. Yo los rechazo con todas mis fuerzas. Tenemos la responsabilidad, todos, de detener esta violencia que pretende ultrajar nuestro espíritu como pueblo encapuchándose, tirando objetos peligrosos, dañando la propiedad pública, y encima, vociferando palabras soeces. Las mismas que se intercambiaban en el ya maldito “chat” y que tanto se han repudiado. Esto, para la mayoría de nosotros, es sencillamente inaceptable.

El Viejo San Juan es una joya. Es patrimonio, no solo de nuestro pueblo, sino de la humanidad ¿Cómo entonces lacerarlo desecrando sus paredes con grafiti, arrancando sus antiguos adoquines y vociferando insultos de la más baja calaña?

Nuestras manifestaciones han de ser como somos nosotros: pacíficas. Solo así podremos respetarnos a nosotros mismos y ganarnos el respeto del mundo.

Nuestra indignación ante los sucesos de las últimas semanas debe llevarles un mensaje a las autoridades gubernamentales y a otros países que sea claro, contundente y serio. La violencia no puede ser, de ninguna forma, parte de esa queja democráticamente articulada. La violencia, en sus diferentes manifestaciones, tiene que rechazarse con todas nuestras fuerzas.

Hago un llamado para que cada uno de nosotros lleve a cabo un examen de conciencia y se convierta en un portaestandarte de protesta limpia y digna. No permitamos la violencia en las manifestaciones públicas, ni riamos las gracias a ella, ni muchísimo menos, seamos participe en las mismas. Continuemos llevando el mensaje colectivo en una manera respetuosa. No autoricemos, con nuestro silencio, que una minoría que no nos representa, lacere nuestra indignación. Esta es la que nos nace del alma, que es honrada y está más que justificada.

¡Puerto Rico, adelante! Busquemos gobierno limpio hasta que lo alcancemos. Esforcémonos en continuar la lucha pacífica por erradicar de nuestro ambiente a aquellos que no nos conocen, que no nos entienden, que no nos respetan. Continuemos nuestra protesta en libertad, con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón. Nadie, absolutamente nadie, puede ultrajar nuestra esencia como puertorriqueños. Ni los que ostentan el poder, ni mucho menos los que se infiltran en nuestras demostraciones con objetivos ulteriores.

No permitamos que la vergüenza de la violencia sea parte de nuestro sentir colectivo ni de nuestra expresión como pueblo.

¡No lo permitamos!Puerto Rico, Dios te bendice y te protege. ¡Adelante!

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