Jessica Velázquez Rodríguez

Punto de vista

Por Jessica Velázquez Rodríguez
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Respuesta de justicia social ante la crisis de salud mental

La pobreza y el desempleo continúan siendo denominadores comunes en el deterioro del equilibrio mental y emocional. Muchos replican que el dinero no es sinónimo de felicidad, sin embargo, la carencia del mismo limita el acceso a los servicios de salud, a una preparación académica adecuada y en muchos casos afecta la calidad de vida.  

Las necesidades insatisfechas se convierten muchas veces en un trampolín que catapulta la criminalidad, ya que las crisis propias de cada etapa de la vida no pueden ser resultas y socavan el desarrollo de una personalidad equilibrada.

Los cambios y los adelantos tecnológicos, de alguna manera, han dejado desprovistas a las presentes generaciones de las experiencias necesarias para desarrollar cerebral y psicológicamente las destrezas para enfrentar las crisis. Esta situación deja manifiesta la urgencia de capacitarles y ofrecerles espacios en donde se trabajen las mismas y se fortalezca su resiliencia. La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecidos, alcanzando un estado de crecimiento personal continuo. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés y manejan mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos adversos y mayor capacidad para afrontar retos. Esta capacidad no puede ser desarrollada si no se trabaja de manera directa en la prevención y en la exposición vivencial positiva.

Muchos son los desafíos que enfrenta el gobierno en torno a este particular. Sin embargo, no es un asunto que solo se circunscribe a esta esfera, sino que, por el contrario, nos involucra a todos y hace visible el reto para la academia.

La convicción de que una política de diversidad cultural abre camino hacia la justicia social nos lleva a entender la importancia de insertarnos como pueblo en proyectos que trabajen las necesidades de varias poblaciones marginadas en el país.  La oportunidad de adentrarnos y poder facilitar procesos reflexivos que lleven a todos los grupos a desarrollar su propia ética y su propia moral pueden liberarles, de manera gradual, de los discursos opresores que les hacen pensar que es imposible alcanzar el éxito. Por el contrario, este tipo de prácticas puede crear conciencia de su entorno y constatar que la equidad social es un derecho y no un privilegio.

Resulta pues, imperiosa la necesidad de establecer equipos de trabajo que puedan desarrollar perfiles que faciliten la identificación de poblaciones vulnerables y trabajen de manera preventiva favoreciendo la psicología positiva en nuestro país. El principal objetivo debe orientarse hacia el desarrollo de destrezas para la crianza positiva, que a su vez facilite la capacidad para la solución de problemas. De esta manera, las familias y los sistemas paralelos se fortalecen, logrando así, de manera resiliente, enfrentar las diversas presiones sociales, lo que a su vez abona a una mejor calidad de vida.

En una visión retrospectiva evidenciamos el desarrollo y en el presente aceptamos el reto de conquistar en un futuro inmediato las posibilidades de continuar aportando a la justicia social de nuestro país. Por tanto, se debe enfatizar que la solución radica en las intervenciones preventivas que buscan desarrollar autonomía ciudadana y alejarnos de los diagnósticos que se dan en un vacío y de patologías que solo generan estigmas y fragmentan el poder de la solidaridad humana.


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