Raymond Dalmau

Tribuna Invitada

Por Raymond Dalmau
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Reto de estatura en el básquet

La participación de Puerto Rico en el baloncesto internacional se remonta a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1935. Desde entonces, y salvo el boicot de Moscú en 1980, nuestra presencia en el escenario mundial ha sido constante y notable. Eso sí, el Equipo Nacional ha tenido sus alzas y sus bajas, a veces rápidas y abruptas, y otras veces no tanto. En la década de los 60 el equipo llegó a ser tan bueno que, en las Olimpiadas de 1964, en Japón, arribó en cuarta posición. Éramos el cuarto mejor equipo del mundo.

Entonces, yo era un chamaquito que en esos mismos días cumplía 16 años, que, según cuento en mi libro próximo a publicar, jugaba baloncesto en la Benjamin Franklin High School y guerrilleaba en las canchas públicas de Nueva York. Ni siquiera sabía que Puerto Rico tuviese un equipo de baloncesto jugando internacionalmente. Fue año y medio después, reclutado por los Piratas de Quebradillas, que fui invitado a participar (1967) con la Selección Nacional para el Campeonato Mundial de Baloncesto en Montevideo. Fue así como, a mis 18 años, comenzó mi carrera de baloncelista con el Equipo Nacional de Puerto Rico, que duró por 16 años, hasta 1982. Y de 1989 al 1992 fui su coach.

Durante los años de mi participación, pude ver cómo la Selección Nacional se fue fortaleciendo, primero con los niuyoricans que vinimos a finales de los 60 y en los 70, y después con el talento local como José “Piculín” Ortiz, Ramón Rivas, Ramón Ramos y otros. Puerto Rico pasó a ser un equipo dominante en la región de Centroamericana y del Caribe, a pesar del fortalecimiento simultáneo de otros equipos como los de Cuba, Panamá y México. Para los Juegos Panamericanos la historia era un poco distinta, pues en estos competían, por América del Sur, el equipo de Brasil, que siempre lucía poderoso, y por América del Norte, el de Estados Unidos, que lo era. El predominio de los norteamericanos en esos torneos y en los mundiales era evidente e incuestionable. Y aunque hubo una época en que Estados Unidos dio muestras de excesiva confianza y fue superado en algunos juegos (incluso por nosotros: Argentina, 1990), prontamente ajustó su composición y trajo equipos de ensueño que los colocó nuevamente en el podio más alto del baloncesto internacional.

Aun así, diría que a pesar de la buena demostración dada en los recientes Juegos Centroamericanos y las “ventanas” que se han celebrado últimamente, la época gloriosa de nuestro equipo nacional está en una de sus bajas a nivel mundial. Puerto Rico, aun con los buenos jugadores que tiene, ha perdido un poco de lustre. Muchas cosas han pasado que contribuyen a que otros equipos luzcan con mayor potencial. Los equipos con jugadores de distintos países han mejorado extraordinariamente. Y aun cuando nos presentamos a las competencias internacionales con muy buen talento, nos confrontamos con una dificultad que parece por lo pronto insuperable: la estatura. Puerto Rico no ha podido presentar un equipo con una estatura competitiva y encima de eso los equipos, principalmente los europeos, continúan con su estrategia de “nativizar” gigantones de más de siete pies —habilidosos y de mucho músculo—, provenientes principalmente del continente africano. Y ni decir que los de la cuenca del Báltico son así de altos por naturaleza, sin necesidad de tales “nativizaciones”.

En competencias tan desiguales, dependemos mucho de que esos contrarios internacionales tengan una noche mala y nosotros una buena. Si no se da esa combinación tan favorable, nuestras aspiraciones al triunfo no serían realistas. Quizás sea hora de repensar el equipo nacional y aprovecharnos de la regla de “nativización” de descendientes no puertorriqueños y, además, continuar buscando minuciosamente talento “boricua” en colegios y universidades que nos den más estatura y mayor destreza de juego frente a los gigantones, sin menospreciar el programa de baloncesto de categorías menores de Puerto Rico, que considero que es muy bueno.

Aunque hemos conseguido posiciones muy honrosas a nivel internacional, seguimos siendo 100 x 35, y es con esta realidad que tenemos que bregar.

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