Bárbara I. Abadía-Rexach
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Rezagos de María

Para la mayoría de la gente que ha logrado salir de Puerto Rico a Estados Unidos por unos días, después del paso del huracán María, las visitas a las oficinas de correo para enviar a la isla artículos que se han escaseado y las compras en línea se han hecho obligatorias.

También se ha convertido en una rutina el rastreo de los paquetes y la verificación de los correos electrónicos para confirmar la fecha de entrega. Por más que cruce los dedos, es muy posible que lea que el paquete está en camino, pero retrasado, que cambió la fecha en que lo recibiría o que no puede ser enviado a su destino.

Por lo tanto, es posible que regrese al país y aun no haya recibido lo que con tanto afán empaquetó para el disfrute de quienes se quedaron a oscuras en casa. Ese retraso en los servicios de envío –que pone al relieve que las fallas del sistema sobrepasan el asunto de la distancia geográfica- se suma a la incertidumbre de que, si llegasen a la isla, los paquetes no sean saqueados.

Al otro lado del charco, seguramente, trató de ponerse al día con las noticias que no pudo ver ni leer después del huracán y vio las imágenes que tanto desconcierto les causaron a las familias boricuas en la diáspora. Después de tantos días sin comunicación ni acceso a los medios ni redes sociales, faltaban horas para lograr enterarse de lo que vivieron otros conciudadanos puertorriqueños.

Aun retrasadas, esas noticias lograron elevar los niveles de estrés y afianzar la frustración de saberse parte de una isla que ha sido violentada y que depende de fuerzas mayores para levantarse.

Aunque la salida suponía un alivio, es imposible borrar de la mente aquellas doce horas consecutivas de lluvia y viento con un ruido ensordecedor, las imágenes indelebles de la devastación, las filas kilométricas para la gasolina, los supermercados, los bancos y las ATM y la falta de agua y luz. Sin embargo, volver a lavar ropa a mano, al calor insoportable y las picaduras de mosquitos, después de todo, no pesa tanto si se vuelve al retraso que va acompañado de la solidaridad insular.

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