Orlando Parga

Tribuna Invitada

Por Orlando Parga
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Rosselló en un nuevo comienzo

No podía creerlo la primera vez que lo leí. Los partidos políticos enviando delegaciones a las asambleas del adversario, ¡A desearle éxito en sus labores! Que José Celso Barbosa fue padrino de Luis Muñoz Rivera en un duelo de honor; que el líder unionista amonestó a su hijo por gritar, “¡Muera Barbosa!” ¿No que fueron enemigos acérrimos? ¿No quemaron las “turbas republicanas” la imprenta del periódico de Muñoz?

Aprendía de historia mientras a mi alrededor se hacía. Mi padre encarcelado por ley de “La Mordaza”, tras lo dicho en un discurso político en Manatí; las clases suspendidas abruptamente cuando la revuelta nacionalista del 50; el vecino poeta independentista, arrestado, sacado a la fuerza de su casa en ropas menores por un destacamento de policías; el ambiente diario de violencia verbal acusándose populares, republicanos e independentistas unos a otros de crímenes abominables. Poco a poco fui aprendiendo que no todo era blanco y negro, que existían otros matices y espacios para encuentros de armonía civilizada entre adversarios políticos.

Suele sucedernos que, con el paso del tiempo, la nueva experiencia y el modernismo nos cueste el silencio de otros valores. Eso está pasando severamente en el mundo político puertorriqueño. El debate y discurso cada vez más áspero. La substancia dejada atrás sin que siquiera se reconozca tregua entre correligionarios. El gobernador Ricardo Rosselló apenas inaugurado el año pasado, ya al segundo año de mandato —¡tras el desastre de María y frente al embate interventor de la Junta!— obligado a caminar con mayor cuidado a la retaguardia, protegiéndose la espalda de correligionarios, que con la más legítima preocupación por la fiscalización desde la vanguardia del adversario.

Atrás quedó la violencia revolucionaria, pero la intolerancia amenaza revertirnos. ¡Ni la desgracia nos une! Polemizamos hasta por los muertos que dejó María, mientras se sabotea con descrédito exacerbado contra nuestra propia gobernanza institucional. A Washington van en caravana —“A Dios rogando y con el mazo dando”— con la mano extendida por la ayuda federal, al mismo tiempo que se desacredita la gestión gubernamental a la que corresponde administrarla. “Sin querer, queriéndo”, decía “El Chavo”, pero cuando se trata de los chavos del pueblo castigado por el huracán la politiquería se torna intolerable.

Ahora, atípicamente, un líder político residente en La Fortaleza admite errores y anuncia un nuevo comienzo. Dios quiera su gesto inspire, estimule y motive la clase política hacia el reencuentro de convivencia y colaboración patriótica que tanto nos urge.

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